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Democracia con efectos denigrantes

Jaime Santoyo Castro
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02 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Por fin llegaron a su fin las campañas y dieron paso a la jornada electiva; momento oportuno para hacer recuento de un aspecto que estimo importante reflexionar, porque da la impresión de que hemos puesto demasiado empeño  en auto denigrarnos, auto calificándonos como si estuviéramos en el peor de los espacios territoriales, lo que es inaceptable.

Con pena y preocupación hemos sido testigos de las estrategias, los discursos, las afirmativas de muchos de los actores políticos que denostan al país, a nuestro sistema, a los partidos y a los candidatos. Pareciera que no existiera ningún acto de gobierno o político bueno.

Ciertamente no todos los candidatos son ideales, pero la mayoría fueron aceptables. También es verdad que afrontamos graves problemas de corrupción, de inseguridad y de pobreza, aderezada con rezagos en educación y falta de oportunidades para los jóvenes y mujeres; pero estas circunstancias no son únicas de nuestro país ni de nuestro entorno; y aún si lo fueran, no podemos exculparnos los ciudadanos acusando de todo a los políticos, a los partidos, a los candidatos y al gobierno, porque además de ser una actitud severamente irresponsable, es como escupir para arriba. La sociedad es lo que los ciudadanos permitimos.

No se vale que por la ambición de poder, nos acusemos de todo unos a otros mediáticamente sin probanzas, porque no son acusaciones contra personas; esos son golpes a la de por sí débil credibilidad de nuestro país e instituciones y sólo le damos la razón a los feroces enemigos de nuestra nación como el gorila de Trump y sus secuaces. 

Esas “estrategias” no le ayudan a nadie y lo peor es que con frecuencia algunos actores políticos contratan extranjeros o foráneos especialistas en guerra sucia, y se les venera pagándoles millonadas o haciéndoles favores, y hasta son calificados como “operadores”. Pagamos para que nos dividan. ¡Vaya tontería! 

Esos “operadores”; no son reconocidos o son repudiados en sus lugares de origen por sus mañas, porque los conocen y no merecen respeto. Donde los contratan hacen daño,  terminan, cobran y se van, dejando división y resentimientos tras de sí. Perjudican a nuestro sistema y a la democracia en general, que nos convoca a emitir el voto razonado, a favor de México.