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La esperanza pudo más que el miedo

Jaime Santoyo Castro
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09 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




El velo se corrió el pasado domingo; Andrés Manuel López Obrador y su Partido Morena se alzaron con una apabullante victoria obtenida en las urnas en todo el territorio nacional. Más de 30 millones de ciudadanos le otorgaron a AMLO la confianza para dirigir los destinos de México de 2018 a 2024.

El proceso electoral se marcó por dos posturas: Por un lado la siembra del miedo y por otro la siembra de esperanza.
La siembra del miedo estuvo a cargo de opositores políticos, ciudadanos, periodistas y articulistas, aseverando que Andrés Manuel representaba una vuelta al pasado, evocando a Luis Echeverría; que México se iba a convertir en Venezuela y que iba a expropiar terrenos, industrias, negocios, etcétera y que los cárteles lo financiaban, que era ignorante, que iba a mandar al diablo las instituciones.

Muchas de estas aseveraciones infundadas, pero algunas otras motivadas por actuaciones imborrables que inspiraban desconfianza, como aquel bloqueo de pozos en Tabasco, las expresiones de mandar al diablo las instituciones,  la imposición de “Juanito” de Iztapalapa, su relación con Abarca y el bloqueo del Paseo de la Reforma, entre otros, que daban cuenta de un proceder intolerante y caprichoso, lo que alentó a sus oponentes a advertir al electorado para que no le confiaran el voto.

Sin embargo, y aprendiendo de sus errores, en esta ocasión Andrés Manuel se mostró cauteloso, prudente, sensible, más pragmático y conciliador. Se mostró tan incluyente, que integró a su equipo a quienes antes fustigó, como Alfonso Romo y Napoleón Gómez Urrutia; supo interpretar las exigencias de la sociedad, derivadas del descrédito, de la enorme corrupción, de la desilusión de los jóvenes, de la desesperación social por la inseguridad, de la falta de oportunidades, del desempleo, de la impunidad, de la falta de idea de algunos gobernantes y su improvisación, y se dedicó a sembrar esperanzas, proponiendo un gobierno de reconciliación, sin corrupción, prometió bajar impuestos, y el precio de las gasolinas, disminuir privilegios a la clase gobernante, eliminar las pensiones de los ex presidentes, quitar el fuero,  construir refinerías, duplicar las pensiones, poner en primer lugar a los pobres. 

La gente decidió y decidió bien. Prefirió el cultivo de la esperanza que une, al cultivo del odio que divide. Ojalá y cumpla, por el bien de México.