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Chicago suburbs
Ricardo González
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12 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Una noche de verano, en la tierra del dólar fue, todo Chicago vio, déjenme explicarles qué, cuando el señor Al Capone, de la ciudad se adueñó… sonaba por todo lo alto de la cocina de un restaurante mexicano de los llamados suburbios, que no son otra cosa que pueblo que fueron integrados a la mancha urbana.

En la cocina esta Pablito, Normita, Chuyito, y Ramón, la música siempre es alta para que a pesar de su trabajo la puedan escuchar, las cumbias, las rancheras, las norteñas y uno que otro narco corrido son las canciones que les alegran el día a estos mexicanos fuera de su país.

Pablito cada 12 de diciembre va a un santuario dedicado a la virgen de Guadalupe y ataviado con su traje de danzante: taparrabos, pechera, penacho, huaraches y maraca. Baila en el gélido clima del condado de Cook al cual pertenece Chicago.

Normita ha traído desde su casa unos aguachiles para compartir con los compañeros, dicen que están hechos como los hacen en Sinaloa la tierra de su viejo.

Después de saludar un poco a los cocineros me retiro para dejarlos en sus labores, mientras me dan una mesa me piden pasar a la barra para que espere más cómodo. Detrás de la barra está Rocío, no puede ni quiere esconder su veracruzano origen, cálida como la gente de costa e igual de mal hablada, me sirve una margarita de la casa.

Llega Megan una de las meseras para acompañarme a mi mesa, en la terraza llena de flores, pido sentarme en la más alejada del ajetreo de la gente. Comienzo a leer el menú y mi paladar viaja en segundos por muchos rincones de nuestro país.

Oaxaca, Jalisco, Zacatecas, Veracruz todos en una misma hoja, decido pedir un plato que trae varios antojitos, el sabor es casi como el de casa, una tamal, un taco, una tostada y una enchilada sacian mi apetito.

De fondo suena música de Antonio Aguilar, Pedro Infante, Vicente Fernández y Lola Beltrán, pero de manera menos escandalosa que la música que alegraba la cocina. 

El dueño emigró hace más de 30 años, en base de esfuerzo y trabajo constante pudo arrancar su propio negocio, que ahora es un lugar consolidado y con una gran cantidad de clientes frecuentes.

Pero dejemos el lugar para otro día y regresemos un poco a la cocina, para los cocineros su México esta tan presente como el platillo que acaban de entregar.

Están a la expectativa de las noticias y los sucesos del “otro lado”, su corazoncito nunca ha dejado su tierra, es como Dulcinea al Quijote, siempre en su mente, y más al ser ilegales.