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El Recreo
El desastre heredado y los ambiciosos vulgares
J. Luis Medina Lizalde
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12 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




La última vez que tuvimos líder de presidente de la República fue durante el sexenio del general Lázaro Cárdenas.

 Nuestros padres y abuelos participaron emocionados en la movilización patriótica para respaldar la expropiación petrolera en contra de la minoría conformada por una élite de la sociedad identificada con la visión de los capitalistas extranjeros que auguraban un gran fracaso. Gente de las diversas clases sociales acudió al llamado a cooperar para indemnizar a las soberbias compañías petroleras, las crónicas reportan a los campesinos cargando puercos y gallinas para entregarlos al gobierno y a mujeres encopetadas empeñando sus vistosas joyas para entregar dinero en efectivo con el mismo propósito.

Cuarenta y cuatro años después, López Portillo quiso repetir la hazaña convocando a los mexicanos a aportar para la nacionalización bancaria que fue de brevísima duración, sin embargo el pueblo no le respondió.

Hoy, a medió mes de celebradas las elecciones presidenciales, López Obrador ha mostrado un liderazgo que a muchos asombra.  Después de la vinculación exitosa con los diversos sectores y aún sin adquirir la condición de presidente electo, muestra una impresionante musculatura política ante el mundo al concertar el encuentro histórico con el alto círculo del gobierno de Trump en sus modestas oficinas de la colonia Roma en la Ciudad de México 

Andrés Manuel recibe al país, toda proporción guardada, como lo recibió Porfirio Díaz al triunfo de la rebelión de Tuxtepec, con la delincuencia desbordada y con las instituciones republicanas con presupuestos raquíticos, sostenida por una burocracia altamente corrompida y  con la incipiente conversión de los políticos liberales en hacendados opresores de un pueblo sin alfabeto, tierra, ni empleo, siendo la inseguridad el más dramático de los desafíos a la gobernabilidad.

La bellísima novela de Manuel Payno “Los bandidos de Río Frío” describe con realismo la descomposición social que el dictador habría de enfrentar al llegar al poder, se afianzó en el cargo recurriendo al asesinato político con los insumisos y al “maiceo” con los demás y   en el  caso específico de la inseguridad de caminos y calles, de hogares y centros de reunión, puso en práctica la política de “pa’ los toros del Jaral los caballos de allá mesmo,” incorporando a las fuerzas del orden a curtidos asesinos y salteadores de caminos para combatir a los de su especie  aprovechando el conocimiento de sus identidades y “echaderos”, con la inequívoca advertencia de que,  de pasarse de listos, habrían de enfrentar al pelotón de fusilamiento.

La ciudadanía crítica y activa, la garantía

López Obrador encuentra un país igualmente destrozado y en plena descomposición social, como lo muestra el dato de más de 35 mil cadáveres en las gavetas de los centros forenses sin medios para identificarlos y miles de familiares de desaparecidos en angustiosa búsqueda, con el país convertido en inevitable antesala de hambrientos en fuga  buscando burlar la implacable barrera fronteriza de los Estados Unidos.   

López Obrador no pacificará al país fusilando insumisos ni maiceando, busca convencer en vez de vencer. Sabe que lo que le hizo ganar en todos los niveles sociales es la bandera de la honestidad y que lo mismo vale el sentimiento de un rico que de un pobre, de un hombre que de una mujer, de joven que de un viejo.

En la idea que nos hizo seguirlo, la erradicación de la corrupción es la estrategia de redención que nos dará recursos para la justicia social y con la austeridad nos libramos de los “ambiciosos vulgares” que estelarizan la política.

Una vez que se conocen los nombramientos en cascada, vemos como la próxima administración federal estará conformada por individuos con enorme autoridad moral al lado de los que, el propio López Obrador describe como “ambiciosos vulgares”; no tengo la menor duda que López Obrador conoce a unos y a otros, tal como Cárdenas en el inicio de su sexenio, tuvo que incluir a los inevitables mientras se toman los hilos del poder, eso siempre sucede, pero  ¿qué garantía  tenemos de que los ambiciosos vulgares que lo acompañan en sus inicios no se hagan del control y frustren la revolución pacífica como sucede con la Nicaragua Sandinista?  La receta universal contra esa degeneración posible e indeseable es la ciudadanía informada, organizada y activa para apoyar y exigir.

Sin fuero, sueldos altos, ni privilegios

López Obrador tiene  armas “secretas”  que  figuran en su propuesta de agenda legislativa que les formuló ayer a los legisladores federales electos: reducción de los altos sueldos y eliminación de privilegios, eliminación del fuero en todos los niveles y reformar la ley para clasificar como delito grave la corrupción de servidores públicos.

Los ambiciosos vulgares no la tendrán fácil.
Nos encontramos el lunes en el Recreo.