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Historias de Lobos

Mi delito... sentirme humillada

Ivonne Nava García
~
12 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




En Calera de Víctor Rosales, en el festejo de una boda se suscitó una discusión entre una pareja de jóvenes esposos.

Este hecho concluyó con un hombre herido de gravedad, el cual poco tiempo después perdió la vida; una mujer privada de su libertad acusada de homicidio y una familia -aparentemente integrada pero inmersa en conflictos de violencia- destruida.

Ella

Es una mujer joven, de 23 años -cuando ocurrieron los hechos tenía 20 años- de estatura baja, apenas alcanzará el metro con 50 centímetros; de complexión delgada, su piel morena, de cabello oscuro.

Es de estrato social bajo, con educación secundaria terminada, proviene de una familia de 12 hermanos; su padre es agricultor y su madre se dedica al hogar y a las labores del campo.

Recuerda que un 31 de marzo conoció a su esposo, no se acuerda de la fecha de su boda, aunque al mes de “haberse ido” con él quedó embarazada de su primer hijo, para engendrar un año después a su pequeña hija.

Madrina de boda

“Ese día se casaba la sobrina de mi esposo. La misa era a las dos de la tarde y yo estaba para madrina de película. Mi mamá me prestó 100 pesos para comprar el cassette para grabar la boda.
“Él vio que saqué ese dinero de la pañalera y me lo quitó. Se fue a comprar refrescos. Después de comer ahí con su mamá, yo le dije: me quitaste el dinero y ahora qué voy a hacer, y le dije también que ya se me habían acabado los pañales.

“De rato se fue y regresó con el cassette y me dijo: ‘ahí está tu mugrero’ y me aventó el cassette. Yo le dije que si traía dinero me diera aunque fuera 50 pesos para comprar pañales a mis hijos y me aventó los 50 pesos.

“A la boda me fui porque tenía que grabar el vals y mi hermana ya andaba allá. Yo llegué sola con mi niña chiquita porque al otro (niño) lo mandé con una amiga.

“De rato empezó el vals y le dije a mi esposo que no se fuera a ir, que nos iban a nombrar porque ya nos habían visto. Él me dijo que pensaba que yo no iba a ir. En eso llegó mi hijo llore y llore porque quería un globo.

“Para esto mi esposo ya andaba más tomado. Desde que llegué, ya andaba tomado. Mi hijo seguía llorando y yo no sabía qué hacer porque mi esposo ya se había ido y nos iban a hablar para el vals.

“En eso llega mi esposo con bolsas de camiseta llenas de cervezas y yo le pregunté si prefería ir por cervezas que cuidar a su hijo; me respondió que para eso estaba yo.

“De rato llegó la hermana de mi esposo y me dijo que le mandara 20 pesos y yo le pregunté por qué me pedía más dinero, que era para los pañales de mis hijos. Me dijo que me hubiera casado con un rico. 

“Nos llamaron para el vals y cuando acabamos de bailar, él se fue para un lado y yo para el otro; en eso empezó la víbora de la mar y yo le dije que si me dejaba y él me dijo que iba a parecer vieja de la calle.

“Luego me dijo ‘sí, ve, era broma’. Cuando regresé de la víbora fui a dormir a mis hijos pero no se durmieron…”

Provocaciones

 “...Cuando regresé vi que mi esposo fue a sacar a bailar a una muchacha, ella no quiso bailar y de inmediato volteó a donde estaba yo y me apuntó. Ella estaba abrazada de otra y se hacían señas y se burlaban, después yo me la quedé viendo como enojada y él se fue por otra y tampoco quiso, y luego por otra, y la vi clarito que se burlaba volteando para donde yo estaba, y él la agarró de la mano y se fue a bailar, en ese momento me dio más coraje, agarré a la niña y se la di a mi hermana, que me había prestado ropa para la boda. 

Me dijo que para qué, que qué iba a hacer yo. Yo no le contesté nada y me fui directo a la cocina a buscar algo con que defenderme, porque si iba directamente, él me iba a golpear como siempre lo hacía.

Entonces ya en la cocina vi el cuchillo arriba de la estufa, estaba sobre los papeles en donde habían partido el pastel, y pensé ‘con éste’. Lo agarré, me salí y metí el cuchillo con el mango para abajo en la manga de la blusa, llegué a donde estaba él y lo agarré del cuello de la camisa y le dije que si tenía muchas ganas de bailar. 

Lo agarré con la mano izquierda del cuello, en ese momento le daba risa y me dijo ‘cálmate’, y me insultó, y voltió (sic) para abajo y me vio el cuchillo, en eso la muchacha con la que estaba bailando corrió y él me decía ‘pícame’ y se ponía mi mano en el abdomen, pero con la cacha del cuchillo, porque el filo lo traía para arriba. 

Cuando se fue esa muchacha yo le volví a decir a él que si tenía muchas ganas de bailar y él me dijo que ‘sí, cómo ves’, en ese momento solté el cuchillo, y lo detuve con la otra mano, él lo agarró del filo y yo no intentaba quitárselo porque tenía miedo de cortarlo.

Me seguía diciendo que lo picara, y yo no me animaba, entonces él me sacó de ahí agarrada de atrás del cuello y me llevó para atrás de una camioneta que estaba atravesada ahí. Él ya traía el cuchillo, yo tenía miedo de que lo encajara por la espalda.

Me aventó contra la camioneta; estábamos como a 10 metros de la gente, y me golpeó del lado derecho, que era en donde yo traía el cuchillo,  él me dijo que si lo iba a matar, que si yo tenía muchos pantalones, yo le dije que no, que si no me quería pues que me dejara y la dejáramos por la paz, él me dijo que no, que yo lo que quería es andar de cualquiera.

Él se seguía burlando y ponía mi mano con el cuchillo en su abdomen y en eso me dio una bofetada con la mano derecha, yo me hice para atrás, y él me dio otra bofetada, y al levantar la mano para taparme la cara, sentí la cacha del cuchillo en mi estómago; me aventó la mano para atrás, fue cuestión de segundos, en eso se atravesó un sobrino de él y yo lo quité y le vi una rasgada en la camisa a mi esposo y se seguía riendo. 

Se volvió a poner el sobrino y en eso que lo quité ya vi a mi esposo de cuclillas con la mano en el estómago y vi la camisa manchada de sangre, fue cuando yo me asusté y empecé a llorar... No supe a qué horas lo piqué, porque yo nunca hice fuerza para picarlo. 

Yo estaba esperando que mis hermanas salieran para irnos, yo nunca me imaginé que fuera grave, o que se fuera a morir, ni vi si el cuchillo tenía sangre, yo sólo lo dejé ahí en un esquinero para que lo vieran. Se lo llevaron al doctor, pero ahí no lo pudieron atender; luego lo llevaron a otro hospital a Fresnillo, de ahí él se murió, lo operaron, pero no aguantó...”

El impulso para el crimen

La violencia de género limita el sano desarrollo, disminuye la autoestima de la víctima, pone incluso en peligro la vida, su salud y su integridad, causando alteraciones emocionales, dificultades en las relaciones interpersonales y traumas sexuales; se infiere de manera sistemática, puede conformarse por un solo acto, o bien, puede consistir en una serie de agresiones que, sumados, producen un daño, aunque cada una de ellas, aislada, no forzosamente lo produzca.

Esta joven mujer es, penalmente, una homicida; como tal, fue juzgada y sentenciada. 

Ella vivió en carne propia la violencia conyugal, durante todo su matrimonio, su autoestima se encontraba totalmente devastada, ella sentía que no valía como mujer y estaba convencida de eso.

Al momento de ocurrir los hechos, se vencieron muchos mecanismos psicológicos defensivos y surgieron los instintos primarios de conservación, al verse humillada en público y al sentir las burlas de otras mujeres, y aunando todo el estrés emocional que había vivido en su relación. 

Surgió en ella un “estado de emoción violenta”, que le dio el “valor” para enfrentar a esa persona que durante un largo tiempo la había violentado física, psicológica, económica y sexualmente, quizá su afán no era privarlo de la vida, pero sí demostrarle que ella valía y hacerle notar su presencia, aunque las cosas se salieron de control y las consecuencias resultaron fatales. Llevándola a perder su libertad.