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Bertha Patricia y Punto Final

Pablo Torres Corpus
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15 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Pude comprobar que el amor fraternal no es una coincidencia, sino una decisión.
Imagen / Pude comprobar que el amor fraternal no es una coincidencia, sino una decisión.

Cuando estaba en segundo de kinder llegó una maestra “nueva”: Bertha, creo que hacía sus prácticas porque no tenía grupo asignado, nos daba clases de educación física y nos contaba cuentos.

La nueva maestra me trataba muy bien, me seleccionaba para los ejemplos de ejercicios o me dejaba escoger que personaje sería en los cuentos que montábamos para las celebraciones.

También me regalaba jugos Jumex de esos de (lata durísima) y Tropicana; a veces en recreo me compraba sobres de “choco Paquín”.

No recuerdo con precisión cómo, pero un día supe que era mi “media” hermana. La relación mejoró, muchas veces la vi platicar con mi mamá a la salida del kínder o primaria.

Al irme del kínder la veía saliendo de la escuela Benito Juárez, en ese tiempo me regalaba estampitas de Rambo o “hielitos” de fresa.

Alrededor de 1991 dejé de verla, pasaron 6 o 7 años y nos reencontramos en “El Alacrán”, durante los 15 años que estuve trabajando formalmente allí, fue mi compañera en el 99% de los sábados que me quedaba hasta la madrugada a doblar e intercalar periódicos.

Cuando salía a reportear o hacer nota roja me persignaba. Muchas veces me hizo de comer y cenar, muchas veces compartimos “lo que había”. 

Cuando murió mi mamá me recibió con un fuerte abrazo y largo llanto, no sólo sentí empatía, era evidente un sentimiento genuino. Cuando compré mi primer coche lo celebró como si fuera propio. Sentía cariño y protección en esa céntrica pero muy lejana casa.

Me fui de “El Alacrán” y la dejé de ver con frecuencia. Coincidimos varias veces, siempre amable y prudente, supe de su enfermedad y cómo luchó hasta el último aliento.

El lunes 13 de agosto falleció, muchas cosas se sienten, pero sólo puedo decir GRACIAS, gracias por lo que me cuidaste y me diste; aunque varias veces fue bajo circunstancias adversas para ti, nunca se modificó el generoso trato.

Entendiste que nadie es culpable ni responsable del pasado y actos de otras personas y así me lo hiciste sentir. Por ti comprendí que el egoísmo y celos son para enanos mentales.

Por todo eso, pude comprobar que el amor fraternal no es una coincidencia, sino una decisión.

Punto Final

Descasa, te vamos a extrañar.

Gracias Bertha Patricia Torres Ávila.