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Títeres al poder

Juan Carlos Ramos León
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20 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




 Creo que México no se merece eso.
Imagen / Creo que México no se merece eso.

Uno de los efectos negativos del tsunami del pasado primero de julio es que ascendieron a cargos de elección popular de muy relevante importancia para nuestro sistema de gobierno personas que, estoy seguro, cuando se los informaron, su respuesta fue “¿y ahora qué?”

De los quinientos diputados que integrarán la 64 Legislatura federal, el 46% no cuenta con un título profesional. Y de esos, aproximadamente de 230 habría que preguntarnos cuál es su escolaridad promedio. Creo que la desagradable sorpresa sería todavía peor. Y claro que un título profesional no es garantía de profesionalismo o efectividad legislativa, pero a mi me deja una señal bien clara: en México te conviene más interrumpir los estudios para hacer carrera política y lanzarte por una diputación que esforzarte por conseguir un título profesional. Así de simple.

Ya alguna vez tuve la oportunidad de compartir en este espacio mi sentir con respecto a determinados requisitos que, a mi parecer, deberían de cubrir todos aquellos que se postulan para un cargo público, especialmente aquellos de elección popular, con el fin de que nos aseguráramos de que estamos representados por los mejores mexicanos porque, francamente, yo no me siento en lo más mínimo representado por quienes debería de estarlo, y no es una expresión elitista, sencillamente mi trabajo me ha costado.

Somos muchos los que tenemos miedo de lo que pueda pasar porque se le entregó en charola de plata el poder absoluto del país a un solo partido para que haga y deshaga a su antojo con todos, hasta con los que no votamos por él.

Está claro: si el que resultó electo no es capaz, alguien le amarrará unos hilos y lo moverá a placer desde arriba, como se mueve a un títere, y creo que México no se merece eso.

Pero tal vez lo peor es que eso ocurre porque quienes no nos lo merecemos no solo lo consentimos, sino que lo propiciamos. O ¿no les indigna a ustedes el largo besamanos que se sucede después de las elecciones, en el aquellos que se suponen los poderosos pasan a hincar la rodilla derecha ante sus supremos monarcas los títeres con charola?