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El Recreo

Seamos responsablemente libres

J. Luis Medina Lizalde
~
27 de Agosto del 2018 10:31 hrs
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Liga Corta




Dejo constancia de que la Auditoría Superior del Estado ha enviado a la 62 Legislatura un texto “fe de erratas”, dónde corrige el contenido del predictamen de la cuenta pública del Gobierno del Estado 2016 que falsamente me involucró, imputándome  recibir remuneración  como empleado del ejecutivo sin que corresponda a la verdad.

Debo advertir que “el error” fue admitido al siguiente día de que un diario local publicara la falsa información como su nota principal; extrañamente, tuvieron que pasar ocho días para que tal información fuera conocida por el Presidente la Comisión de Vigilancia,  Arturo López De Lara, que ignorando que ya estaba  en la cámara el oficio aludido, el negaba, estoy convencido que de buena fe, que tal notificación ya se había efectuado.

Con tal rectificación lo personal queda superado y lo abordaré, sin retirar la denuncia, desde la óptica del interés general, no sin antes añadir que por más buena voluntad que le pongo, no me convenzo todavía de que se trata de un error y no algo urdido.

Los daños generados por la fuga de información preliminar de la Auditoría Superior del Estado antes que tenga lugar el proceso de solventación de observaciones se aprecian por una historia reciente: acudí, como muchos, a la funeraria donde de velaban los restos de Jorge Luis García Vera, el exdiputado y al momento de su trágico accidente Presidente Municipal de Villanueva, Zacatecas dónde supe de la negativa de la familia del fallecido a que este recibiera un homenaje de cuerpo presente en la Legislatura.

Sus allegados hicieron patente  entre otras cosas, el dolor que ocasionó la información vertida sobre presuntas irregularidades en la administración municipal que  se difundieron mucho antes de ser notificado y citado para  responder las observaciones.

Ignoro el contenido del expediente, solo pongo de relieve la extrema irresponsabilidad que significan las fugas de información y publicación de la misma sin la obligada contextualización, agraviando  a personas y familias aunque después resulte, como es frecuente, que las cosas no eran como las presentaron.

 

Nociva infiltración

Los zacatecanos tenemos 20 años de feroces peleas entre grupos sexenales en donde las filtraciones de información del órgano fiscalizador han sido la munición con la que se pretende debilitar adversarios políticos y al mismo tiempo, dejando impune todas las corruptelas.

Los traficantes de influencias son una plaga que carcome la vida pública, en el caso nuestro, han hecho estragos al colocar recomendados  trienio tras trienio, sexenio tras sexenio, lo mismo en la Auditoría que en la Legislatura, imprimiéndole a ambas instancias una terrible debilidad de sus controles, pues los traficantes de influencias, de ser de su interés, disponen de ojos y oídos en una y otra parte y pueden dar rienda suelta al golpeteo político degradante que padecemos desde hace buen tiempo.

El tráfico de influencias saturó las nóminas e impuso la parálisis, su contención requiere de una severa autocrítica de los usos y costumbres de una clase política sin rigor ético. Mala cosecha la de la alternancia local.

Cada nuevo sexenio inicia con “revelaciones” de corruptelas de los que se acaban de ir, pasa un tiempo y todo se echa al olvido y el ciudadano común, sin disponer de información corroborada, termina convencido de que “se tapan unos a otros” porque “todos son iguales”.

Conozco la frustración de ex servidores públicos refugiados en la academia o recluidos en la vida privada profundamente resentidos por el linchamiento mediático que padecieron a partir de una fuga de información, no los consuela el desenlace que los dejó libres de cualquier responsabilidad, resienten de por vida  como grave humillación social haber sido señalados escandalosamente antes de ser exonerados casi en sigilo, no alzan la voz, se dejaron amedrentar muchos de ellos.

 

Ni amedrentados ni amedrentadores

Los amedrentados no ejercen como ciudadanos de pleno derecho, un constructor que no denuncia “el diezmo” lo perpetúa, como  el presidente municipal que accede al “moche” del “baja recursos”.

Un periodista amedrentado por el poder político se anula como tal … y como ciudadano.

Tampoco es ciudadano pleno el que se deja amedrentar por quienes suponen que la libertad de expresión les da derecho a decir cualquier cosa de cualquiera nomás porque “se les hincha”.

Nuestro Presidente electo convoca a todos a liberarnos de la corrupción. En los tiempos por venir,  como nunca,  habrá necesidad de distinguir entre los que gritan “allá va el ladrón” para escabullirse de  los que de verdad se disponen a aportar su granito de arena en la lucha contra la impunidad.

Para eso es menester no ser amedrantados ni amedrentadores, sea uno político, periodista o simple ciudadano, autoridad u opositor.

Para todo conflicto, rebasado el entendimiento, está la ley

Nos encontramos el jueves en El Recreo