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Afortunada situación

Huberto Meléndez Martínez
~
04 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Dedicado al Mtro. Federico Betancourt Cortez, reconocido docente zacatecano.

Recibiendo el aire fresco de la tarde, el muchacho meditaba sobre los escenarios posibles que podrían aparecer en su vida, mientras regresaban a casa. Habían viajado de madrugada a la capital del Estado a presentar examen de admisión para acceder a una beca en una Escuela Normal Rural.

Un optimismo sin sustento le invadía, pues llegó sin disponer de la correspondiente ficha. Recordó a su mamá negándole el permiso de ir, porque el padre estaba en El otro lado y tenía dificultad para asumir esa responsabilidad adicional al resto de la familia. El proyecto familiar estaba definido. Reunirse con el papá y sus demás hermanos en El Norte.

Desde la infancia soñaba con ser profesor. Se quedaría en este país y aportaría algo para mejorar la vida de las personas de su región.

Pero los hechos recientes le destruían sus castillos en el aire, pues cuando arribó a la sede de las pruebas de oposición, sólo permitían acceso a quienes habían tramitado su ficha con la anticipación establecida en la convocatoria y no había más. Esa afirmación le hizo sentirse derrotado, pero entre la multitud se escuchó una voz: “¿Falta una ficha?, ¡acá sobra una!” Qué expresión tan alentadora, la conserva en su memoria porque parecía un milagro en medio de tanto infortunio. Una luz de esperanza se asomó a su existencia.

Había dedicado dos años a las labores del campo después del sexto grado, añorando cursar la secundaria. Parecía imposible, pues a duras penas asistió los tres últimos ciclos, caminando a mañana y tarde casi dos horas desde El Capulín, su comunidad de origen a la cabecera municipal.
Aún recuerda las agresiones de los estudiantes citadinos hacia los estudiantes del medio rural que, en el recreo pasaban corriendo y de un manotazo le tumbaban de la boca su modesto alimento.

Qué fortuna haber conocido a Gloria Sánchez Bañuelos, maestra de Orientación Vocacional quien motivaba a sus alumnos a incursionar en otros confines. A ella debe la fortaleza de insistirle a su mamá que lo dejara viajar con sus compañeros a ese examen. “No hay dinero” expresaba categórica su madre. Desesperado, colgándose del delantal, abrazando sus piernas diciendo “déjeme ir, déjeme ir”.

De la bolsa de la misma prenda, conmovida por su intuición maternal extrajo cien pesos y se los entregó. Era lo único con que podía ayudar. Corrió como desesperado y apenas logró treparse a la camioneta que empezaba su marcha, repleta de estudiantes.

“Te toca el folio número mil trescientos diez y seis”, informó el aplicador. Después de todo lo vivido no iba a desanimarse, sabiendo que aceptarían a ciento setenta y cinco aspirantes.

Sintió que tocaba la gloria cuando vio su nombre en el número sesenta de la lista.

Hoy dedica sus esfuerzos a impulsar a los docentes por una buena preparación y a los alumnos por vencer los obstáculos del agreste camino de la superación.

*Director de Educación Básica Federalizada
huberto311@hotmail.com