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El Recreo

Disyuntivas de todo movimiento transformador

J. Luis Medina Lizalde
~
10 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




El sainete en el Senado derivado de la solicitud de licencia de Manuel Velasco para separarse del congreso y volver al cargo de Gobernador de Chiapas es el primer encontronazo entre lo viejo y lo nuevo después de la histórica victoria electoral de López Obrador. No se reduce a un tema de procedimiento aunque el caso revista transgresiones ominosas  (votar algo que ya se había votado). 

El escándalo retornará al primer plano cuando Velasco solicite su reincorporación al Senado una vez que concluya “su mandato”.

El movimiento transformador López Obradorista  no se salva de portar en su seno el virus con  dañino potencial para hacer fracasar el cambio anhelado o de atenuar su  ímpetu regenerador. Así pasó en el movimiento de Independencia de México cuando Hidalgo cometió el gravísimo error militar de no tomar la Ciudad de México  por el incontrolable salvajismo de la porción insurgente que saqueaba, violaba y le daba muerte cruel a cualquier desdichado con apariencia de español, era tan incipiente el movimiento transformador que lo viejo era abrumadoramente superior a lo nuevo, algo semejante le pasó a Luis Moya, al que muchos le atribuyen su muerte no a una bala perdida sino a cobarde represalia por el fusilamiento de un cabecilla violador que agravió a la población de Sombrerete en el momento de la toma por los primeros revolucionarios zacatecanos. 

No solo en la etapa de inicio de un movimiento transformador brota la porción que se sirve del movimiento en vez de comprometerse auténticamente con sus nobles fines, pasó entre los liberales juaristas que le sacaron jugo a la desamortización de los bienes del clero para convertirse en prósperos hacendados, no todos tuvieron la talla del Nigromante. Mientras que algunos jefes revolucionarios regaron su sangre para repartir la tierra a los empobrecidos campesinos, otros emergieron como poderosos latifundistas, igual o más crueles que  los hacendados del Porfiriato, no todos tuvieron la talla de Lázaro Cárdenas.

Hoy mismo la América Latina da testimonio vivo de movimientos transformadores traicionados desde la cúpula. Sobresale el caso de Daniel Ortega, torturado en las mazmorras de Somoza y llevado al poder con la sangre derramada de idealistas para que se convirtiera en lo mismo que combatió, el pacífico aliento transformador de Lula traicionado por Michel Temer, tenebroso y corrupto autor de la trama golpista que ahora traba al gigante del sur.

Alerta ciudadana y permanente 

López Obrador no es de componendas en lo oscurito, sus relaciones nunca son de complicidad, convoca a todos al cambio a sabiendas de que algunos se sumarán para sacar provecho y después jugarán en contra abiertamente, en 2006 se negó a pactar con Elba Ester Gordillo porque sabía que hacerlo era comprometer el cambio verdadero, la historia le brindó la oportunidad de recibir su apoyo cuando ella había perdido la capacidad de comprometer el ímpetu transformado.

El movimiento masivo y plural que le dio el más contundente mandato que haya recibido presidente alguno no es ingenuo, es vigilante, permanece expectante del actuar de Napoleón Gómez Urrutia, exonerado por tribunales  judiciales pero sentenciado como culpable por los tribunales mediáticos, Manuel Bartlett, nunca juzgado por tribunales judiciales pero también condenado por los jueces mediáticos, como los mexicanos han  aprendido a desconfiar de la justicia y los medios de comunicación por igual,  predomina la actitud expectante en espera de confirmar o descartar lo predicho.

Velasco,  a partir de su positivo papel  como Presidente de la Conago,  actúa como si eso le diera licencia para “caciquear” su estado desde la periferia de la Cuarta Transformación. Es una modalidad de resistencia al cambio desde adentro, no hay sorpresa, así son las grandes transformaciones, habrá otros. 

Líderes sí, caciques no

La estrategia para que no se impongan los representantes del viejo régimen pasa por una audaz y riesgosa reforma constitucional eliminando el fuero para todos los cargos, riesgosa porque expone a López Obrador a maquinaciones judiciales como en Brasil  al despojarse de la protección constitucional.

 En contrapartida, los ambiciosos vulgares infiltrados en las filas del cambio  y ostentan  fuero también estarán expuestos no a una maquinación judicial sino a la aplicación puntual de la ley cuando sus acciones lo ameriten.

Desde luego, para que la eliminación del fuero se traduzca en controles sociales sobre la clase gobernante debe asumirse  férrea e informada vigilancia ciudadana  sobre el ministerio público y la función juzgadora.

La democracia empieza a construirse. Hay prensa al servicio de caciques  que ya no tiene el monopolio de la difusión de hechos y opiniones, los que imponen su voluntad antidemocráticamente  no prevalecerán.

 Les convendría civilizarse y respetar el derecho de los demás, el cambio es real.  
México necesita líderes, no caciques.

Cada quien elije en qué lado se coloca.