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Un modelo de inspector

Huberto Meléndez Martínez
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11 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Dedicado a los profesores Pedro González Escamilla y Cándido Vázquez Cortéz.

La manera de atender a sus alumnos, la preparación de sus clases y el fomento de buenos hábitos fincados en el orden, la disciplina, la responsabilidad y su actuar formal, daban cuenta de su personalidad.

Difícilmente podría suponerse su inicio docente con numerosas limitaciones, desaciertos y titubeos al hacerse cargo de la escuela tridocente, ubicada en El Rodeo, un municipio agreste del norte del Estado de Zacatecas.

Recuerda que los primeros dos años concentró la atención al grupo, porque una de sus colegas aceptó dirigir la escuela, lo cual agradeció en silencio, sabiendo que él no podría cumplir con esa tarea importante.

Se sorprendió cuando al siguiente ciclo el inspector de la zona le adjudicó ese puesto, por ser el docente de mayor experiencia en esa comunidad (si puede considerarse experiencia al conocimiento adquirido en dos años de servicio).

Aún hoy recuerda cuando entregó el primer oficio que redactó. El supervisor lo tomó en sus manos, lo leyó detenidamente y, con toda amabilidad le dijo “Bien, sólo que hay qué hacer algunas pequeñas correcciones”, luego, tomando un lápiz bicolor, utilizando el color rojo señaló en la misma hoja, unas veinte correcciones entre ortografía e incidencias en la redacción. Después expresó lacónico: “Ahí hay una máquina de escribir y papel suficiente, usa las que necesites pero quiero que lo vuelvas  a hacer”. 

Ese recuerdo todavía lo sonroja. “Qué vergüenza, no es posible que yo diga que soy maestro si ni siquiera sé redactar un oficio y tengo muy mala ortografía. De hoy en adelante trataré de poner más cuidado, aprender reglas ortográficas, pero… ¿Cómo y dónde aprender a redactar?”

Fue una experiencia alentadora, significativa, recibir la asesoría de ese supervisor, fomentando en los profesores las cualidades necesarias para ejercer la función. Conocimiento y don de mando, búsqueda de argumentos y convicción a toda prueba de la misión de los educadores, liderazgo y pensamiento abierto para encontrar solución a las diversas situaciones que se presentan en las escuelas. Cuidadoso al hablar y convincente por sus actos.

De su ejemplo pulcro, aprendió a organizar su salón de clases y los archivos de la escuela en la casa del maestro a manera de oficina. Aprendió de la diligencia en el trato a sus compañeros, pues mientras él se relacionaba con dos colegas más, el profesor Pedro atendía a veintinueve instituciones que constituían la zona escolar, y debía visitarlas teniendo que cubrir distancias contadas por cientos de kilómetros en accesos de terracería y brecha.

Cuando optó por la jubilación, hizo un balance de su vida profesional en el que se erige a aquel insigne mentor, oriundo del sureste de la República, como el mejor de los inspectores conocidos en su trayectoria laboral. En él descubrió la relevancia de la función del supervisor con liderazgo académico, como eslabón fundamental en la relación del profesorado, para la prestación del servicio educativo en diversos contextos socioeconómicos y culturales.

* huberto311@hotmail.com
Director de Educación Básica Federalizada