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¡Mañana, dijo Martina!

Jaime Santoyo Castro
~
17 de Septiembre del 2018 09:57 hrs
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Liga Corta




En el Zacatecas de los sesentas un personaje típico conocido como “Martina” rondaba por las calles pidiendo dinero y cuando se acercaba a pedir, ella misma se anticipaba a la negativa diciendo: "¿Mañana?".

De esa constante frase de auto respuesta de Martina surgió un dicho popular para expresar la decisión de no comprometerse o de no cumplir, que rezaba: "¡Mañana, dijo Martina!".

La gente, le endilgó la frase a muchos de los políticos, cuyas promesas no se cumplían y las promesas de campaña se hicieron parte del comportamiento de los aspirantes a un cargo de elección popular, que simplemente repiten la expresión de: “"¡Mañana, dijo Martina!". Un mañana que  nunca llega.

Si esa conducta engañosa se integró tan profundamente al quehacer político, ¿cómo es que se sigue practicando? ¿Por qué la gente sigue creyendo en las promesas, a pesar de que casi tiene la seguridad de que no se van a cumplir?

Porque no se ha establecido una sanción penal para el que engaña, a pesar de que la promesa incumplida, para el que esto escribe, es equiparable al delito de fraude, y si no, veamos:

Los códigos penales en la República definen el fraude así:

Comete el delito de fraude el que engañando a uno o aprovechándose del error en que éste se halla se hace ilícitamente de alguna cosa o alcanza un lucro indebido.

Los elementos constitutivos del delito de fraude son:

a) El engaño, empleada por el sujeto activo, que hace incurrir en una creencia falsa -error-, al sujeto pasivo;

b) El aprovechamiento del error, consistente en que el autor, conociendo el falso concepto en que se encuentra la víctima, se abstiene de hacérselo saber para realizar su finalidad desposesoria;

c) Hacerse ilícitamente de alguna cosa, es decir, de bienes muebles corporales, de naturaleza física;

d) Alcanzar un lucro indebido, esto es, cualquier ilícito benéfico, utilidad o ganancia económicas y

e) Conexión causal; el engaño o el error aprovechado, debe ser el motivo eficiente y determinante de las cosas o de la obtención de los lucros

En campañas políticas es frecuente escuchar un discurso y ver un actuar diferente al ejercer el encargo, lo que implica que los candidatos engañan al electorado para obtener el poder, conducta que es similar a la del fraude genérico ya descrito, y ello quebranta la confianza de la sociedad y daña a la democracia, por lo que debería ser sancionado. 

Quien dice una cosa para ganar el voto, está obligado a cumplir con sus promesas, porque de otra manera se entiende que engañó a la población para obtener un beneficio personal, que es la asunción al poder.