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Salir del estado de confort

Huberto Meléndez Martínez
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18 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Al Profr. Pedro González. Escamilla, en gratitud por sus enseñanzas.

“Necesito hablar contigo, si gustas nos vemos en la oficina al término del seminario”, expresó el supervisor escolar a un docente con quien había cruzado conocimiento y relación laboral años atrás.

El maestro asintió y en el transcurso de las horas, estuvo meditando sobre el posible asunto que requiriera una conversación aparte, y que a juicio de la autoridad no podía abordarse en ese momento.

Inicialmente creyó que podía referirse a alguna recomendación o señalamiento relativo a su participación como conductor en una de las sesiones de trabajo realizadas durante esa semana de actualización. Habían estado reunidos todos los docentes de las dos zonas escolares de educación primaria vecinas.

El maestro Pedro, supervisor anfitrión, lo había convencido de abordar el tema de la enseñanza de las operaciones con fracciones. Tal vez le había faltado habilidad para hacerse entender con el pleno de asistentes o probablemente haría observaciones para mejorar las actividades planteadas.

Buscó otros temas, pero en vano hurgó en su cabeza sin lograr concretar algo relevante para un encuentro ex profeso.

Llegó a imaginar que aplicaba con él aquella vieja estrategia de citar con anticipación, precisamente para hacerle reflexionar sobre su forma de desempeñarse en la escuela, motivándole a un ejercicio de autocrítica.

Entre la expectativa, la inquietud y la impaciencia, se presentó en la oficina con demasiada anticipación, buscando concluir su angustia.

Insistió en persuadirle para cambiarse de centro de trabajo, dejar la educación primaria aceptando una vacante en el nivel de secundaria, ofrecimiento reiterado en los últimos cuatro meses, pero el mentor había considerado tema cerrado, por la negativa emitida en esas ocasiones.

Las razones para negarse eran convertidas en argumentos para moverse. Mientras que decía estar a gusto, sentirse realizado con lo que hacía, encontrar agrado en el resultado de su trabajo, estar contento con la respuesta a su estilo de trabajo por parte de alumnos, compañeros, tutores y autoridades ejidales, el inspector pretendía hacer notar la importancia de elevar las miras, de entrar en una nueva dinámica profesional en el que habría retos importantes y renovadas posibilidades de realización en el ámbito educativo.

Pero el cambio incluía sacrificios, como generar distancia geográfica con la familia, dejar una situación laboral segura por una incierta, entrar en un medio que exigiría mayor preparación y esfuerzo. Cierto, esos elementos proporcionarían experiencia y evolución.

Aceptó intuyendo la buena intención del funcionario. Confió en el ofrecimiento de un futuro prometedor y efectivamente, fue la génesis de un aprendizaje que estaría presentando recurrencia en los años sucesivos.

No se sabe si esa necesidad de cambio es requerida en las sociedades en desarrollo o sólo sea recomendable para evitar el estancamiento.

Cuando todo aparenta estar bien en el trabajo, es momento de emprender el vuelo, es decir, es el tiempo propicio para salir al encuentro de otros desafíos. Es señal para incursionar en nuevas oportunidades que producirán experiencia, crecimiento y desarrollo profesional.

* Director de Educación Básica Federalizada