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Historia documental de Zacatecas

Privilegios de un alférez mayor

María Auxilio Maldonado
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18 de Septiembre del 2018 09:46 hrs
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Liga Corta




Un alférez real tenía la única tarea de pasear el estandarte real del monarca español.
Cortesía / Un alférez real tenía la única tarea de pasear el estandarte real del monarca español.

En enero de 1742, don Miguel de Moraña y Mendoza hizo postura para el oficio de alférez real del Ayuntamiento de Zacatecas.

La única función de este oficial consistía en pasear el estandarte real (que representaba al monarca español) en los días de fiesta y en las ceremonias oficiales.

Don Miguel solicitó para sí los mismos privilegios que se le concedieron al alférez real de la ciudad de Puebla (el siguiente documento es un extracto de la copia de la solicitud del alférez poblano).

A juicio de los demás integrantes del cabildo de Zacatecas, el postor solicitó muchos más privilegios de los que le correspondían, tanto así que estuvieron dispuestos a erogar recursos de su propio caudal para que no se le concedieran tantas primacías.

Por el interés y extensión del documento se divide en dos colaboraciones:

Primera parte:

“…entrando en dicho cabildo y sentándose en su primer lugar, como va referido, con espada ceñida, vestido a la española y traje de corte; y con su espadín, yendo vestido a lo militar con su bastón en la mano, en el de la insignia de plata u oro, estampadas por un lado las armas de nuestro rey y señor natural, y por otro las de su prosapia y casa, con el cual anda cotidianamente en dicho cabildo, en toda esta ciudad y su jurisdicción; asimismo, entra en dicho cabildo tocado y se sienta en su asiento de la misma forma, como también lo hace en los demás actos públicos a que asiste dicha ciudad por las calles públicas, llevando siempre el lado derecho al alcalde mayor el dicho alférez real, quien da y reparte las insignias que deben traer los alférez de las compañías de milicia y batallón que hay en esta ciudad, no consintiendo echen de plata, sino de acero, lisas y sin estampa alguna; en todas las elecciones de alcaldes ordinarios, es quien propone los sujetos que lo pueden ser, señalando cuatro, para que en ellos se vote y en ellos precisamente, y no en otros se celebra la elección a dos que sacan más votos.

Lo mismo se ejecuta en los demás nombramientos anuales como son portero, macero, procurador mayor, procurador de pobres, de la cárcel, del número y supernumerarios de la audiencia, abogados para los negocios de esta dicha ciudad en ella, y en la de México, y sus procuradores obrero mayor, patrón de fiestas, mayordomo de propios, alcalde de la alhóndiga, guardas y los demás; en dicho cabildo no puede votar otro antes que el dicho alférez mayor y real, que es quien solo en los entierros de los señores católicos reyes y príncipes, y señoras católicas reinas y sus exequias lleva, las insignias reales acompañado de todo el cabildo llevando así en estos actos, como en los de alzar pendones por nuestros reyes y señores naturales, y príncipes señores nuestros de Las Asturias el estandarte real, con lugar más preferente del alcalde mayor, pues en ellos va el alcalde ordinario que se halla en turno del diputado a el lado izquierdo de dicho alférez mayor, que va en medio y a su lado derecho el alcalde mayor, cogiéndolos en medio a todos, dos reyes de armas, llevando por delante a todo el regimiento y caballeros republicanos de bajo de mazas, y por delante de ellas a todos los ministros de justicia, siendo dicho alférez real el que sube acompañado de dichos dos reyes de armas, al suntuoso tablado que se pone para estos actos en la plaza pública, y quien profiere siempre el aclamar y jurar por nuestros reyes y señores a los católicos monarcas, legítimos sucesores de la real corona de Castilla y León, y a los señores príncipes de Las Asturias, y el día siguiente en la misa que en acción de gracias se celebra en semejantes actos en dicha santa iglesia catedral, a donde va en la misma forma, desde las casas de cabildo, siendo recibido en la puerta mayor, del muy Ilustre Señor Obispo y Deán y Cabildo y después del evangelio, sube dicho alférez real al púlpito, en donde vuelve a hacer la misma aclamación y después se baja a sentar en un sitial que se le pone con tapete y almohada a los pies, prefiriendo al del alcalde mayor…”.