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Andanzas

He llorado gotitas de sangre

Ricardo González
~
20 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Sólo le respetaban porque era ampliamente conocido.
Imagen / Sólo le respetaban porque era ampliamente conocido.

Por un amor, he llorado gotitas de sangre del corazón/ Me has dejado con el alma herida, sin compasión. Se oye en una semimoderna rockola.

Un mural en escuadra presenta un hombre tumbado que ha sido poseído por los espíritus del alcohol, sus pensamientos multicolor escapan por todos lados.

Un par de puertas de cantina delimitan un mingitorio masculino, un pene que se yergue al abrir la puerta anuncia el baño para señoras.

Al voltear al techo, las vigas que sostienen la vieja estructura casi no se notan por la cantidad de cuadros que en ellas reposan.

Dragones, recortes de revista, letras de corridos, fotografías, grabados, máscaras de luchador, adornan esas mentadas vigas.

En la pared derecha hay dos cuadros que representan la belleza femenina de las caderas de una mujer de algunos cuarenta años con unas carnes suficientes.

Una ventana adornada con un vitral que reza: Las Quince Letras. Cantina. 1906.

Un cuadro de vinil trasparente que por encima tiene un tubo de esos que los usan las chicas en los ya conocidos lugares de esparcimiento, dentro del vinil el una sensual mujer de espaldas preparándose para quitarse las bragas.

Siguiendo la mirada por la misma pared: un torero, San Malverde, Eli Guerra, la santa muerte y un par de recortes de periódico de la reinauguración.

A mí derecha está la barra atiborrada de botellas con polvo de años y años de emborrachar a los clientes. Fotos del abuelo, del padre de los actuales propietarios.

Mezcales, tequilas, rones, brandys, cervezas, vodka, whisky y un fernet, adornan la barra. 

Al pasar la barra se encuentran el bastón, el sombrero, los huaraches y una fotografía de la mítica Juana Gallo. Sambuto el Pecador, un santo de un muy buen doble sentido.

En la mesa del fondo un cuarteto de profesores jubilados  se preparan para en cuanto la rockola pare de sonar comenzar a tocar y entonar las melodías de sus tiempos.

Les gustan las de Carlos Puebla: en eso llegó Fidel,  la reforma agraria va y hasta siempre comandante. Cantan con una burlesca socarronería la del Santo.

Nos vinieron a vender un santo, sin marco, sin cristal y sin vidriera. Era de copal, era de copal, era de copal el santo, hijo de un cabrón, hijo de un cabrón. Esas melódicas frases les salían con un gesto de alegría.

En la barra el ingeniero x –para evitar sentimientos- se encontraba ya como siempre bastante bebido y agarraba al pobre incauto que no le conocía para contarle una y otra vez sus mismas penas. No dejaba tomar a gusto, sólo le respetaban porque era ampliamente conocido.

Lectores-as sólo les digo: salud.