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Mentir en pareja

José María Jiménez Ruiz
~
25 de Septiembre del 2018 13:34 hrs
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Liga Corta




La gravedad de la mentira radica en el hecho de que mina la fe que habíamos mantenido en el otro. Lo expresó muy bien Nietzsche al afirmar: “Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”.

La presencia de algún pequeño embuste es inevitable en una vida compartida a lo largo de muchos años. A veces puede alguien considerar que una información no va a ser correctamente entendida.

Matrimonios que mantienen relaciones funcionales y satisfactorias se hurtan pequeñas informaciones con respecto a cuestiones como gastos personales, relación con parientes políticos o esporádicos encuentros con la propia familia de origen.

Aun dando por bueno el ideal de alcanzar acuerdos también en lo referente a esas parcelas de su vida en común, cuando la experiencia les ha mostrado que tal ideal no es posible, tratan de huir del conflicto evitando aquello que pudiera llevarles al enfrentamiento. No creo que esto pueda ser considerado como una falta grave contra la verdad. Lo interpreto, más bien, como una forma inteligente de aceptar las limitaciones que son inevitables incluso en los modelos de convivencia más ejemplares.

No faltan ocasiones en que uno es consciente de haber incurrido en un error que despierta en él amargos sentimientos de confusión y autocensura. Pero considera innecesario revelárselo a la pareja, no con ánimo doloso de mantenerlo al margen de la propia vida, sino con el propósito honesto y la determinación sincera de evitarle sufrimientos o ahorrarle dolores para los que no dispone de analgésico adecuado.

Un principio básico en el que suelen coincidir los terapeutas es en lo inconveniente de abrir heridas cuando no se dispone del bálsamo que pueda contribuir a sanarlas. Importa que las parejas lo sepan y que aprendan a valorar qué es lo que cada uno puede o no puede asimilar.

Algunos sufrimientos innecesarios e inútiles podrán ser evitados. Pues no convendría olvidar que el silencio sobre conductas de las que no nos sentimos nada satisfechos, puede convertirse en un formidable tributo de respeto hacia la persona que amamos. Naturalmente, siempre que se mantenga el compromiso de aprender de los errores cometidos y el firme propósito de no repetirlos.

La mentira sistemática en cuestiones centrales de la vida de una pareja es un cáncer silencioso que, acampado en el corazón de una relación, produce efectos letales. Siembra los campos de la convivencia de peligrosísimas minas con temporizador incorporado que más pronto o más tarde harán volar por los aires el frágil edificio de la vida en común.