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Crisis municipal

José Luis Guardado Tiscareño
~
27 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Hace un par de semanas se dio la renovación de las 58 administraciones municipales en nuestro estado, así como del pleno del poder legislativo local, quienes han iniciado sus actividades para los siguientes 3 años. En el marco de esta renovación de los poderes se dieron una serie de señalamientos de acusación entre diferentes funcionarios, tanto entrantes como salientes, lo cual anticipaba un conflicto administrativo, laboral, financiero y político que a los pocos días se ha ido agudizando en buena parte de los ayuntamientos. 

Este conflicto, que en algunos municipios se ha expresado en mayor complejidad que en otros, pero que parece ser un común denominador para todas las nuevas administraciones, tiene que ver con la forma en que se ha visto y utilizado el servicio público en su expresión más focalizada y que ocurre a nivel de las presidencias municipales. 

La división municipal y su administración suelen ser vistas como un factor fundamental del federalismo en México, en donde la libertad de gobernarnos desde lo local permita una atención pronta y eficiente a las necesidades más básicas e importantes para la ciudadanía; sin embargo, en los hechos las administraciones municipales se han caracterizado por todo lo contrario, la ineficiencia, inexperiencia y la visión reduccionista y temporal de un trabajo en el sector público ha motivado su fracaso y las ha llevado a enfrentar una crisis estructural que con el paso de los años y las diferentes administraciones se ha vuelto cada vez más complejo. 

Temas tan básicos pero tan relevantes como la seguridad pública y la prevención del delito, el ordenamiento urbano, el suministro de agua potable, el alumbrado público y la recolección de basura recae directamente en la administración municipal; lamentablemente estás tareas suelen convertirse en verdaderos retos y problemas cuando la administración interna se burocratiza en exceso, cuando los compromisos personales del presidente municipal o políticos del partido gobernante sobrepasa la necesidad de eficientar la administración y cuidar las finanzas públicas en beneficio de la población. 

En lugar de ello, muchos de los presidentes municipales y sus equipos ven en el cargo la posibilidad de poder avanzar a niveles mayores o simplemente de poder transitar de un puesto a otro dentro del servicio público, donde el nepotismo y el compadrazgo se vuelve la principal característica, lo que ocasiona que al final de cada administración las finanzas públicas y la viabilidad administrativa se vea amenazada por la posibilidad de despedir a los viejos amigos y familiares a cambio de poder contratar a los nuevos compromisos. Una historia que se repite incesantemente por lo menos cada 3 años.  

Lo anterior nos lleva a tener un gobierno municipal de reducida capacidad y alcance, preocupado más por mantener una serie de privilegios económicos y políticos que por lograr cumplir con su verdadero trabajo y garantizar servicios dignos para toda la población y en lugar de convertirse en agencia de colocación o de en generadores de empleos temporales. 

Hoy los nuevos gobiernos municipales no solo tienen la obligación de echar andar una administración saqueada y vulnerable, sino que tienen que asumir un compromiso social de no repetir los mismos vicios y excesos que sus antecesores, y así poder concentrarse en garantizar y mejorar los servicios públicos por el bienestar de nuestras ciudades y sus pobladores. 
*joshguardado@gmail.com