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El poder por el poder

Redacción
~
29 de Septiembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía /
La sucesión de poderes en este territorio minero, desde sus orígenes, se ha manifestado de diversas hasta inesperadas maneras. Todo ha quedado firmemente asentado de acuerdo a las distintas épocas de su existencia. 
 
Predominan desde los antiguos rituales, luego los protocolos, sin olvidar las modas, hasta las geniales o disparatadas ocurrencias. De alguna manera o de otra la conclusión era y sigue siendo: el Poder por el poder.
 
La trama principal de lo que suponemos era algo parecido a una especie de obra teatral, parodia o tragicomedia, que se desarrollaba en el palco escénico del recinto escogido para ello, donde brillaba el oropel y la bisutería, era presenciada por burlones envigados, atolondrados sujetos maquillados  portando brillantes encajes, sin faltar la sumisa y creciente servidumbre, hasta el andrajoso que se coló burlando la castrense vigilancia. 
 
En conjunto eran los espectadores, supuestamente el pueblo. Este por tradición, callado y escéptico se mantenía alejado del suntuoso ceremonial.
 
 Testimonios de lo que ha ocurrido en estas liberales tierras, con relación a lo anterior expuesto,  basta tan solo un ejemplo de tantos. 
 
 La evidencia se asienta en el Libro de Cabildo con fecha del primero de enero de 1936. Es la reproducción textual de la sesión de concejales para llevar a cabo la ceremonia relativa a la transmisión de poderes municipales.
 
 Concluía el ejercicio correspondiente al año de 1935 y el ayuntamiento respectivo convocó a Junta de Cabildo extraordinaria de acuerdo a la norma, fundamento o mandato. 
 
A las cero horas de ese día en el Salón denominado Casa del Campesino Gral. Matías Ramos, el ayuntamiento saliente integrado por Juan Tiscareño como Presidente Municipal; Manuel Bañuelos, Síndico Municipal; Rafael M. Jiménez, Jesús M. Romo, Luis Rucobo, Mariano Mendiola y Alejandro Cabral V. como regidores, hicieron acto de presencia y participar en la ceremonia en la cual se llevaría al cabo la transmisión de poderes municipales. 
 
El ayuntamiento entrante era conformado a su vez por: Juan L. Posada, en calidad de Síndico Primero; Pedro M. García, Manuel Domínguez, Miguel Sánchez G., Roberto Chaires B., Juan Robles,  Pablo Domínguez y Manuel Ortega como regidores. Enseguida Juan Tiscareño, alcalde saliente,  toma la protesta de rigor al Ayuntamiento entrante. 
 
Solo cinco minutos duró el ceremonial, se clausura la sesión de Cabildo y se retiran los actores. En seguida se da paso a la siguiente, esta de inmediato se instala en el mismo recinto. 
 
La preside Juan L. Posada como síndico municipal, solicita a quienes conforman el nuevo ayuntamiento que emitan su voto secreto para “elegir al nuevo presidente municipal”, cargo que debe recaer en uno de los concejales. 
 
Seis votos a favor del regidor Pedro M. García. Por mayoría se le designa como titular del ejecutivo municipal para el ejercicio correspondiente al año de 1936. Un voto fue a favor de Roberto Chaires.
 
El síndico toma la protesta al presidente electo por su propio ayuntamiento, quien de inmediato toma asiento en el sillón destinado para el mandatario.
 
 Se cierra el ceremonial que comprendió dos eventos y que duraron una hora, luego se convoca a la siguiente sesión de cabildo programada para el día 3 de enero de ese año.
 
Es posible que en ese tiempo lo anterior fuera costumbre, sin embargo, encontramos otros  elementos que nos permiten elaborar nuestra propia versión. 
 
Resulta que lo que aquí narramos de breve manera ocurrió en tiempos en los cuales imperaba el nefasto cacicazgo de Guillermo C. Aguilera. 
 
Todos los personajes involucrados en la trama son sus esbirros, fieles seguidores del amo del poder político y de vidas en este mineral. Algunos de ellos aparecieron luego como presidentes municipales interinos durante el mandato aguilerita. Otros más siempre se desempeñaban en cargos públicos.
 
Con relación a la Casa del Campesino (templo de la Concepción, que data de 1590 era parte de la hospitalidad de la Purísima Concepción, el hospital real administrado por el clero para atender a los trabajadores de minas). 
 
La historia local y los bienes nacionales en este caso, sufrieron uno de los atentados más lastimosos que se tenga memoria. El cacique y sus esbirros se adueñaron de todo lo que ahí había y lo utilizaron de acuerdo a sus conveniencias.  
 
La conversión del ex templo y el apropiamiento del espacio contiguo (hospital y escuela) en Casa del Campesino ocurrieron en 1935, en contubernio con Matías Ramos, Gobernador del estado,  de Emilio Portes Gil, así como del ayuntamiento presidido por Juan Tiscareño. Una escritura así lo manifiesta. De esa manera el poder por el poder se manifestaba con esplendorosa impunidad.
 
 En años recientes la transmisión de poderes nos lleva obligadamente a la reflexión y análisis. Y aunque no falta quien agrega sus gustos o preferencias, el escéptico pueblo ni se inmuta.