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Primeros pasos en la docencia

Huberto Meléndez Martínez
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02 de Octubre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




A la Dra. Juana María Flores García, por su ejemplar desempeño en el magisterio.

Por haber entrado a un medio geográfico y climatológico nuevo en su existencia, apenas una semana antes, se enfermó de dengue, debido a los piquetes de mosquitos portadores del nefasto virus, malestar que la mantuvo en cama durante 15 largos y desesperantes días.

Qué forma más ridícula de iniciar una profesión que tantas expectativas había generado durante los 4 años cursados en la escuela Normal.

La debilidad y pesadumbre, aunada al intenso dolor de huesos y a la pesadez en los párpados, la somnolencia siempre estaba acompañada de pesadillas. En medio de la enfermedad múltiples pensamientos la sobresaltaban porque apenas estaba conociendo a sus primeros alumnos y a sus tutores.

De haber sabido que le esperaba algo así, podía haber aguantado la pena de pedir prestado con anticipación el velo blanco que cubría ahora su camastro y la protegía de los zancudos.

Doña Chayita y su familia, apoyados por los demás vecinos de la comunidad la cuidaron suministrándole tés de hierbas medicinales.

En su delirio se reprochaba su debilidad física, sin saber que son comunes las enfermedades de los docentes rurales durante la etapa de adaptación. 

Recordaba  sus inquietudes, al recibir la asignación de esa escuela unitaria. ¿Cómo sería su comunidad?, ¿cómo llegaría hasta allá?, ¿quiénes serían sus primeros alumnos?, ¿cómo les enseñaría los contenidos del programa de estudios?, ¿cómo debía conducirse con las autoridades ejidales?

El Presidente escolar había ido a recibirla en el crucero de la carretera. Se sorprendió al ver al jinete, ella jamás había montado un caballo. La determinación de ejercer la docencia, la formación profesional adquirida, aunada a la ilusión, convicciones y la necesidad de trabajar vencieron cansancio, temores y titubeos. 

Tiempo después le parecía mínimo el esfuerzo al  serpentear las veredas por los cañaverales a lomo de corcel, para entrar o salir a entregar informes o documentos a la supervisión escolar, asistir a la pagaduría o visitar a su familia en vacaciones.

Sus 18 años tampoco fueron impedimento para asumir los compromisos inherentes al profesorado, alternando las actividades por las tardes con la participación de sus 30 alumnos, como conocer nuevas costumbres, organizar actividades de proyección cultural con presentación de bailes folclóricos, escenas de teatro, canto y juegos infantiles; involucrarse en la detección de conflictos entre los pobladores, gestionar ante los dueños del Ingenio azucarero la construcción de otro salón de clases, implementar talleres de tejido, pláticas y conferencias de interés social con las madres de familia.

Cuando tuvo alivio siguieron atendiéndole con la alimentación, en calidad de hija adoptiva,  porque su primer sueldo llegó después de medio ciclo escolar.

Aún recuerda el hermoso paisaje primerizo: ver su escuelita construida al pie de la pendiente del cerro, enmarcada por una vegetación de un verde brillante, acentuada por la luz del intenso sol filtrada entre las nubes. El ejido Cabezas, del municipio de Tamasopo, San Luis Potosí dejó una huella profunda de aprendizajes académicos y adquisición de experiencia. 

*Director de Educación Básica Federalizada
huberto311@hotmail.com