×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Día del Señor

Un amor de por vida

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
07 de Octubre del 2018 05:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




El matrimonio es la base y el principio de una comunión de amor.
Cortesía / El matrimonio es la base y el principio de una comunión de amor.

En este domingo las lecturas bíblicas nos presentan el tema del amor conyugal, base y principio del matrimonio como comunión de amor, servicio, fraternidad y compañía.

El plan de Dios referente a la vida de los hombres y mujeres, establece el modo de ser de los humanos, que no pueden vivir solos, en una vida puramente individual.

Los seres humanos que Dios concibe, no somos solitarios, estamos hechos para vivir “acompañados y acompañando”. Cuando Dios creó a Adán en el paraíso, le presentó los seres inferiores a él: es decir, las diversas especies hasta llegar a los mamíferos más elevados, pero Adán no encontró a algún ser o criatura que se asemejase a él y ninguno que lo ayudara.

Ayuda ¿Para qué?: para no estar solo, para alcanzar la plenitud, para vivir la experiencia de la donación personal, la entrega generosa y el gozo de la compañía compartida con dicha y verdadera felicidad, que deben prolongarse en la procreación de los hijos formando la familia como ambiente necesario para la venida a este mundo y desarrollar el alma y el cuerpo con la formación y empeño que los esposos pueden y deben dar a sus hijos.

El libro del Génesis, nos describe cómo Dios hizo que Adán cayese en un profundo sueño durante el cual, con su infinito poder y sabiduría, de la costilla de Adán, formó a Eva y se la entregó al hombre para vivir en comunión de amor y vida compartida y trasmitida a sus hijos.

Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre

Cristo en la plenitud de los tiempos, aclaró certeramente que si bien Moisés, el legislador de la antigua alianza, permitió a los hombres el divorcio por motivos muy humanos de falta de comunión, amor y dureza del corazón, propiciando con ello la ruptura y el divorcio, dice que desde el principio en el plan de Dios no fue así, entonces él estableció con toda claridad la indisolubilidad y la unión matrimonial, que con su gracia, sería posible para todos los días de los cónyuges y como base sólida en el amor, para traer hijos a este mundo y para conocer a Dios, guardar sus preceptos y luego ir al cielo al término de la vida terrestre y para toda la eternidad. 

Todavía más, Cristo fundamenta también el amor en el matrimonio, como participación del amor que tiene a su Iglesia, su esposa, y del amor de su Iglesia para con él.

De esta manera se instituye la Iglesia doméstica, en el misterio de amor esponsalicio de él y su Iglesia. Amor único, sin división y ruptura.

Y modelo perfecto para todos los esposos y padres de familia quienes, por el sacramento del matrimonio y ministros de él, fundan su comunión familiar en el amor de Cristo para el tiempo presente y para la vida eterna.

Dios al crear al hombre y a la mujer establece también la unión conyugal: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Presento tres sugerencias para asimilar espiritualmente y poner en práctica las enseñanzas de nuestra homilía:

1.- La base humana de los esposos: es indispensable como sólida vida matrimonial y familiar. Los jóvenes novios y demás personas que quieren establecer entre ellos la alianza santa del sacramento matrimonial, necesitan madurez personal.

Amar es más difícil de lo que parece, porque es dar y compartir más que recibir y disfrutar.

El amor sincero y maduro humanamente, requiere responsabilidad y continuo sacrificio en la salud, la enfermedad y ante desilusiones que, si no son superadas, pueden hacer que la comunión esponsalicia se resquebraje y se rompa.

2.- La educación continua en el amor es algo obligado para novios y esposos y para hacer frente con el paso de los años y al ritmo de las dificultades y de los éxitos, la carga de los hijos que crecen y requieren constante asistencia educativa y formativa, aprendiendo siempre cómo asumir las penas y alegrías compartidas.

Todo esto es asunto de responsabilidad de cada día que pasa en la vida matrimonial y familiar.

3.- La espiritualidad cristiana que brota de una fe auténtica en todo tiempo y lugar.

Obispo emérito de Zacatecas