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Vetagrande, pueblo de tristeza y melancolía

Víctor Castillo
~
21 de Octubre del 2018 05:00 hrs
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En las desoladas calles aún viven las memorias de otras épocas.
Flor Castañeda / En las desoladas calles aún viven las memorias de otras épocas.

ZACATECAS.- La minería, uno de los principales sectores productivos de la entidad, ofrece a sus trabajadores estabilidad laboral y económica, con la posibilidad de que sus familias vivan de la mejor manera posible, casi erradicando las necesidades, pero el precio puede ser muy alto.

Vetagrande, un municipio con una alta ocupación de los hombres de la cabecera en las actividades mineras, como tradición milenaria, ha dejado a las mujeres del lugar viudas o huérfanas, situación que se puede observar a simple vista cuando se visita el lugar, en las calles es común ver a  las mujeres caminando rumbo a su trabajo.

Este es el caso de la señora Francisca Medina, quien hace 7 años perdió a su marido de nombre Pablo Sánchez quien trabajó en la mina, en busca de mejores condiciones de vida, después del retiro, para sus compañeros.

“Mi marido falleció hace siete años, tenía los pulmones muy afectados y una enfermera del Seguro Social afectó gravemente a mi señor”, agregó.

La señora Medina, recuerda, con lágrimas a punto de asomar en sus ojos, como eran las noches en su casa, con una cena a base de avena, su marido y ella frente a la televisión, con una cobija que les cubría las piernas mientras disfrutaban de la compañía mutua, por lo que la señora considera, que la minería la dejó incompleta, sin su esposo.

La habitante de Vetagrande explicó que se mantiene con una pensión mensual que le brinda la empresa en la que trabajó su marido, su apoyo bimensual del 75 y más, además, realiza joyería de bisutería, alquila un par de cuartos que tienen en su casa con comidas para los estudiantes que van por temporadas.

Francisca Medina puntualizó que vive una gran tristeza, además de haber perdido a su esposo, que sus hijos se dediquen a la misma actividad que afectó a su padre, lo que todos los días le hace pensar, en que momento sus hijos se despedirán, esperando que sea ella la que parta primero para reencontrarse con su fiel compañero de vida.

No solo sufren las esposas

Unas casas antes de la que habita la señora Francisca, se encuentra una fuerte construcción, la que es habitada por doña Chonita, quien se encarga de preparar gorditas de guisado para los habitantes del lugar y los visitantes.

La señora, mientras pone en un viejo comal las preparaciones para servirlas a sus clientes, relata que perdió a su padre y a varios familiares, hace muchos años, quienes se dedicaban a la minería y considera que todos los habitantes del lugar son afectados por tener altos niveles de plomo en la sangre.

“Es muy triste ver que muchas mujeres que vivimos aquí nos quedamos solas, los hombres se van para dedicarse a la minería y por esa actividad nos dejan, a unas, huérfanas, otras viudas, pero siempre es lo mismo perdemos a un ser querido, que trabaja de marmota para mantener a su familia”, puntualizó.

El fallido sueño americano

En Vetagrande la ausencia duele, y no es solo la de los mineros, también las de miles de habitantes que dejaron su casa para buscar cumplir el sueño americano.

“Muchos nunca regresaron, se fueron para traer dinero y sacarnos adelante pero la realidad fue distinta, de algunos sabemos que llegaron y olvidaron voltear para atrás y otros simplemente no pudieron llegar”, comenta María de 60 años quien quedó desde hace años al frente de la familia.

El vacío que dejó una generación de hombres trabajadores y valientes no ha podido ser llenado con nada, el recuerdo permanece y seguirá ahí durante mucho tiempo más, convirtiendo a Vetagrande en un lugar melancólico y donde el reloj parece haberse detenido.