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Le regresan la sonrisa a Meñito

Redacción
~
06 de Noviembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Le regalaron un pastel
Cortesía / Le regalaron un pastel
Le regalaron un pastel
Cortesía / Le regalaron un pastel

LUIS MOYA.- Después de varios días de estar triste, el pequeño José Manuel Guerrero de 7 años volvió a sonreír gracias un pastel que le regalaron sus terapistas y la presidenta honorífica del DIF.

El niño es vecino de la comunidad El Coecillo y padece la enfermedad Legg Calvé Perhes, que es un trastorno de la niñez que afecta la cadera, justo en la zona donde se unen el fémur y la pelvis.

El padecimiento se presenta cuando se interrumpe de manera temporal la irrigación sanguínea en la cabeza del fémur y por la falta de irrigación el hueso comienza a morir, por lo que se fractura fácilmente y no se cura bien.

Afectado por los síntomas de su malestar, como son: cojera, dolor, rigidez en la cadera, ingle, muslo y rodilla, así como la limitación en sus movimientos, el pequeño acude a la Unidad Básica de Rehabilitación de Luis Moya.

El niño es tierno y dócil, por lo que se ha ganado el cariño de sus compañeros y de los que laboran en la UBR, sobre todo de la presidenta honorífica del DIF Lupita de la Riva; de su terapeuta Karina y de Lucy, la encargada de limpieza.

A pesar de su corta edad, las terapistas lo veían triste, por lo que le preguntaron qué le pasaba y él respondió que su papá no tenía trabajo y eso le preocupaba.

Derivado de ello, el menor tiene dos meses sin ir a rehabilitación a Aguascalientes, a donde iba una vez por mes.

Las mujeres se quedaron conmovidas, puesto que aunque es de una familia de bajos recursos, el pequeño nunca falta a sus terapias de rehabilitación en Luis Moya, que son tres días por semana y la familia es muy responsable con sus cuidados.  

El niño se mostraba cabisbajo, pues además de estar débil y delicado por su padecimiento le ponía triste saber que cumpliría años y nadie lo festejaría.

Y es que, dejó de ir a la escuela por un mes debido a complicaciones en su salud; pero eso no lo detuvo para seguir aprendiendo, pues el maestro le mandaba la tarea a su casa para que no se quedara atrás.

Para motivarlo y mostrarle el cariño que le tienen, Lupita, Karina y Lucy decidieron sorprenderlo con un pastel al final de la terapia.

La carita de Miguel lo decía todo, pues sus ojos reflejaban agradecimiento y amor, por esas mujeres que además de ayudarlo se preocuparon por él.

El día de rehabilitación terminó con una gran fiesta en las instalaciones  para el pequeño José que le demostró cuánto lo valoran sus terapistas y que a pesar de las adversidades por las que atraviesa siempre habrá ángeles en el camino dispuestos a verlo sonreír.