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Historia documental de Zacatecas

Tener un yerno así no tiene precio

María Auxilio Maldonado Romero
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20 de Noviembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Mientras que las hijas únicas debían servir a sus padres cuando envejecieran.
Cortesía / Mientras que las hijas únicas debían servir a sus padres cuando envejecieran.
En el siglo XVI los hijos únicos tenían que velar por el futuro de sus padres adultos.
Cortesía / En el siglo XVI los hijos únicos tenían que velar por el futuro de sus padres adultos.
En la época de la colonia los hombres y las mujeres tenían roles y actividades muy definidas.
Cortesía / En la época de la colonia los hombres y las mujeres tenían roles y actividades muy definidas.
No siempre se presenta un caso como el que a continuación describiré, mismo que sucedió en una familia tradicional de la Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas en el año de 1746. 
 
Al quedar viuda Doña Antonia de la Torre y solo haber procreado un hijo varón que mantuviera la familia, éste quedaría impedido a realizar su sueño de ser sacerdote, pues las obligaciones propias de su género se lo impedían.
 
Sin embargo la generosidad del yerno para con su suegra, al tomar la responsabilidad de la manutención de la familia que le correspondía a su cuñado, le permiten a éste último tomar los hábitos religiosos.
 
“En la Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de los Zacatecas, a veinte y seis días del mes de enero de mil setecientos cuarenta y seis años. 
 
Ante mí el escribano y testigos, don Pedro Martínez Rodero, vecino de esta ciudad, que doy fe conozco. Dijo que por cuanto para mejor servir a Dios nuestro señor y salvar su alma, tiene deliberado don José Vicente de Salas, hijo legítimo, de legítimo matrimonio de don Diego de Salas, difunto y de doña Antonia de la Torre, vecina de esta dicha ciudad, en entrarse en religión y pedir el hábito de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, como lo ha pretendido y suplicado al muy reverendo padre provincial Fray Antonio Risso, y habiéndose puesto por su reverendísima el impedimento de la viudez de dicha su madre, y quedar en el siglo sin el consuelo de otro hijo, que pueda trabajar para sus alimentos, como es obligado, atendiendo el otorgante a que no por este motivo se frustre la intención y deliberación del dicho don José Vicente de Salas, como a estar casado y velado infancie eclesie con la hermana de dicho pretendiente y tener el lugar de madre a la mencionada doña Antonia de la Torre, como por tal se constituye, en la mejor forma que por derecho lugar haya, otorga que durante los días de su vida, contribuirá con su trabajo personal y demás agencias, según sus fuerzas alcanzaren, a alimentar y socorrer a la expresada doña Antonia y sus hijas, en el interín estas tomaren estado, sin que por estas causas deje de faltar a la diaria manutención y demás necesarios de su esposa, por tener mediante Dios, posibilidad con que poderlo hacer. Y porque así lo cumplirá y conste así a dicho reverendo padre provincial, como a la dicha doña Antonia, se obliga con su persona y bienes muebles y raíces, presentes y futuros, y con ellos se somete al fuero y jurisdicción de los señores jueces y justicias de su majestad, y en especial a los de esta dicha ciudad, corte y real audiencia de este reino, renuncia el suyo propio domicilio y vecindad, ley Siconvenerit las demás de su favor, con la general del derecho, para que le compelan, y apremien como por sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada. 
Y así lo otorgó y firmó en este registro, siendo testigos don Pedro de Veitia, don Julián del Corral y Juan José Santos Muro, presentes y vecinos.
 
Pedro Onofre Martínez Rodero. 
 
Ante mí, Juan García Picón, escribano de su majestad.”