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El Recreo

El arranque

J. Luis Medina Lizalde
~
03 de Diciembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Hoy, como en todo inicio de los grandes cambios, lo nuevo y lo viejo aparecen mezclados.
Imagen / Hoy, como en todo inicio de los grandes cambios, lo nuevo y lo viejo aparecen mezclados.

López Obrador ya tomó el gobierno, como Madero, falta que tome el poder, como Lázaro Cárdenas, la Cuarta Transformación está en la etapa en la que “ni son todos los que están ni están todos los que son”.

La historia abunda en fracaso de intenciones, en claudicaciones, en “fíjense que no se pudo”, de los que acceden a un cargo con un proyecto colectivo bajo el brazo, a Peña Nieto le consta como a todos nos consta que Fox hablaba de desalojar de Los Pinos a “tepocatas” y “víboras  prietas” para terminar sumándose a los que así descalificaba.

 ¿De  quién o de qué depende que López Obrador no falle? De que mantenga firme su conexión con la formidable y plural base popular que lo cobija y la mística del cambio sea tan poderosa que llegue escaños, curules y escritorios de servidores públicos  en más alta proporción que ahora 

 López Obrador tuvo que pactar con políticos y sectores de perfil contradictorio, no hay otro modo de que llegue  un desafiante del orden establecido ni para un candidato de la continuidad, un examen realista  de la lista de elegidos y nombrados bajo sus auspicios encontrará trayectorias honorables y personalidades de saberes y experiencias acreditadas mezcladas con personajes de reputación negativa o de ineptitudes obvias, agreguémosle a eso la pérdida de pudor político que produjo la alternancia partidista y la infravaloración de los principios en muchos que hace que muchos profesionales del oportunismo sean “recogidos” por actores menores, todo eso nos hace esperar un ejército de servidores públicas sin la mística del líder, si a lo anterior le agregamos la permanencia en la burocracia de cientos de miles que nunca se identificaron con el proyecto de la Cuarta Transformación entenderemos que el  éxito del cambio no descansa en los que tienen un cargo público gracias a la victoria electoral de AMLO  cuyas acciones ya  contradicen lo comprometido por López Obrador ni en los que en su condición de ciudadanos libres no comparten el proyecto de Nación que triunfó en las elecciones. 

El peso de la inercia 
Tendremos que cuidarnos de la combinación de  la ignorancia y el ego en las filas de todo ejército triunfador,  anotemos  como  el Gobernador de Morelos  cancela  la exhibición de la exitosa película “Roma” invocando el argumento de que lo recaudado sería para migrantes, como si eso fuera algo malo y no el noble gesto de Alfonso Cuaron. 

López Obrador inicia su discurso de toma de posesión enalteciendo el gesto de Peña Nieto por ser el primero que no intervino en el proceso electoral, de sus palabras se desprende que como Presidente tampoco lo hará  ya que como  lo dijo  en la misma ocasión, se propone acabar con la tradición de fraudes electorales, sin embargo, a lo largo y ancho del país no faltan los que se auto promoverán  diciendo “Lo quiere Andrés” “ya me dijo” y algunos hasta se atreverán a decir “me lo pidió”, pintando al Presidente como alguien que dará dedazos al estilo del PRI, cuando eso no es así

La cancelación de privilegios encuentra resistencia pasiva las más de las veces y ocasionalmente explícita  en congresos federal y locales y presidencias municipales abanderadas por la coalición “Juntos Hacemos Historia), no lo dicen abiertamente, se escudan en “las otras fracciones”  “necesitamos sus votos” “necesito recursos para ayudar a mi gente”

 Las grandes causas implican derivaciones contradictorias, de repente un aguerrido opositor a la independencia se convierte en héroe (Agustín De Iturbide) pero su incapacidad para sumarse a la construcción del nuevo orden lo condujo al paredón de fusilamiento. En sentido opuesto,  Felipe Ángeles pasó  de  favorito del ejército porfirista a destacadísimo revolucionario, pero las causas no solo engendran conversos en ambas direcciones, también engendran traidores como Victoriano Huerta y excesivamente confiados como Francisco I Madero. 

El cambio abajo prenderá arriba
La transformación narrada en el mensaje a la Nación este primero de diciembre tiene su principal soporte en los que sin buscar recompensa individual se han convertido en comunicadores de cada idea y de cada decisión de López Obrador.

Para fortuna de la Cuarta Transformación  hay legiones de convencidos  que nutridos por las redes,  dan la réplica a las campañas mediáticas hostiles al nuevo régimen en hogares, en reuniones de amigos, en asambleas formales.

La mística del cambio, más temprano que tarde, llegará a curules, escaños y escritorios de altos servidores públicos merced a la eliminación del dinero como incentivo pervertidor de la política.

Hoy, como en todo inicio de los grandes cambios, lo nuevo y lo viejo aparecen mezclados. 

Así son las grandes transformaciones en sus comienzos