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Aprender mediante el teatro

Huberto Meléndez Martínez
~
04 de Diciembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Los resultados fueron inmediatos y tangibles acuñando generaciones de egresados llamados a ganar liderazgo en sus centros de trabajo y comunidades académicas.
Imagen / Los resultados fueron inmediatos y tangibles acuñando generaciones de egresados llamados a ganar liderazgo en sus centros de trabajo y comunidades académicas.

A Ignacio, Cruz, Francisco, Delfina, Israel,  Mabia, Rosa Elva, Jesús, Orozco, en la insipiencia de la actuación.

Prácticamente todos los días se presentaban novedades en la dinámica de aquella escuela formadora de profesores rurales. El proyecto estaba en sus inicios, por lo que en esas fechas tomarían gran relevancia las acciones que se implementaran, pues definirían la identidad del plantel, con la correspondiente proyección a futuro.

Con el entusiasmo desbordado por involucrarse a plenitud en las diferentes experiencias de aprendizaje, los normalistas se registraban para participar en diversas representaciones teatrales como comedias, monólogos, sainetes, diálogos, entremeses, escénicas, entre otros.

El colegio de catedráticos tenía perfectamente claras las pretensiones sobre cómo conducir a sus estudiantes en los aspectos formativos curriculares y extra curriculares.

Personalidades introvertidas pronto adquirieron dominio de sí mismos, durante los ensayos que se realizaban después de sus responsabilidades académicas (por las tardes, por la noche o en días inhábiles). Respetar los horarios de clases ordinarios era un principio acatado de origen en la política institucional. Era requisito indispensable para formar parte de este distinguido grupo.

Mediante las prácticas obtuvieron sensibilidad para expresarse en las reuniones, ante las asambleas generales, frente contingentes de espectadores, en las academias y reuniones de trabajo, en suma, lograron dominio sobre el pánico escénico.

La capacidad memorística se puso en juego, resultado en un notable desempeño académico; la creatividad para caracterizar los personajes generó competencia y despertó el ingenio; la modulación, entonación, volumen, gesticulación, énfasis y matices en la voz, tan útil en el ejercicio docente; la capacidad para la improvisación, se vieron privilegiados en cada oportunidad de comunicación con los demás.

El análisis de textos, el fomento a la lectura de comprensión, reconocimiento de los contextos, y la caracterización de los personajes también abonó en el desarrollo de habilidades que todo buen maestro debe aprender para persuadir, argumentar, ejemplificar, al momento de compartir conocimientos con sus escolares.

Una cantidad de jóvenes partícipes en esta dinámica quedaron marcados irónicamente con sobrenombres y varios de ellos los lucieron con orgullo durante décadas; Sobrino, Pachita, Tranquilino, María Agrícola, Quetzalcóatl, Pantaleona, Robustiana, Chintololo, Ingeniero, Tío…

Desde el principio se denominó Teatro al aire libre, las representaciones debían hacerse a la intemperie en canchas, patios, plazas y generalmente sin uso de micrófono, para forzar expresividad y manejo del volumen natural de la voz.

Su público era la comunidad estudiantil, el medio urbano, los vecinos de las comunidades donde realizaban prácticas pedagógicas o servicio social. 

En las asesorías sus maestros debían predicar con el ejemplo. Al hacerlo les permitió  disponer de gran solvencia profesional ante el estudiantado.

En un futuro próximo su desempeño laboral sería en el medio rural. Una de sus misiones era abatir el ausentismo del profesorado en el semidesierto mexicano y debían portar herramientas para motivar el arraigo.

Existen varias propuestas pedagógicas que proponen la enseñanza a través del teatro.

Los resultados fueron inmediatos y tangibles acuñando generaciones de egresados llamados a ganar liderazgo en sus centros de trabajo y comunidades académicas.