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La era de la obesidad

Antonio Sánchez González
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07 de Diciembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Así como se culpa a las personas desempleadas por el desempleo estructural, y se culpa a las personas endeudadas por los costos de vivienda imposibles, a las personas gordas se les culpa por un problema social.
Imagen / Así como se culpa a las personas desempleadas por el desempleo estructural, y se culpa a las personas endeudadas por los costos de vivienda imposibles, a las personas gordas se les culpa por un problema social.

Cuando vi la fotografía apenas podía creerlo. Una imagen de la plaza de mi pueblo en 1970, presentada en la prensa local parecía mostrar una raza alienígena. Casi todos eran delgados. ¿Cómo engordamos tanto, tan rápido? Puede parecer sorpresivo, pero casi todas las explicaciones propuestas por la ciencia explican mal este fenómeno.

Desafortunadamente, no hay datos consistentes sobre la obesidad en México antes de 1990, momento en el que la incidencia ya estaba aumentando de manera considerable. Pero en Estados Unidos las cifras se remontan más allá. Muestran que, casualmente, el punto de inflexión fue más o menos en 1976. De repente, cuando se tomó aquella fotografía, la gente comenzó a engordar en el mundo, y la tendencia continúa desde entonces.

La explicación obvia es que estamos comiendo más. Puede pensarse que los alimentos en general eran asquerosos en los años setenta. También era más caro. Había menos establecimientos de comida rápida y las tiendas cerraban antes. Aquí está la primera gran sorpresa: según cifras que pueden encontrarse en la prensa médica de entonces, comíamos más en 1976.

Razonablemente puede pensarse que la causa es una disminución en el trabajo físico. Nuevamente, esto parece tener sentido, pero los datos demográficos no soportan ese argumento. Un documento publicado el año pasado en el International Journal of Surgery dice que “los adultos que trabajan en profesiones manuales no calificadas tienen cuatro veces más probabilidades de ser obesos en comparación con los que tienen empleo profesional”.

¿Qué hay del ejercicio voluntario? Puede pensarse que, mientras conducimos en lugar de caminar o andar en bicicleta, o estamos pegados a nuestras pantallas, hacemos mucho menos ejercicio que antes. Parece tener sentido, pero según un estudio inglés, la actividad física de los niños es la misma que hace 50 años y otro artículo del International Journal of Epidemiology encuentra que no hay diferencia entre la cantidad de calorías quemadas por las personas en los países ricos y las de los pobres, donde la agricultura de subsistencia sigue siendo la norma. Es así que, muchos otros estudios sugieren que el ejercicio, si bien es crucial para otros aspectos de la salud, es mucho menos importante que la dieta para regular nuestro peso. Algunos sugieren que no desempeña ningún papel, ya que cuanto más nos ejercitamos, más hambre tenemos.

Entonces, ¿qué pasó? Hay que ver las características de la nutrición con más detalle. Sí, comíamos más en 1976, pero de manera diferente. Hoy, compramos la mitad de leche fresca por persona, pero cinco veces más yogurt, tres veces más helado y 39 veces más postres lácteos. Compramos la mitad de los huevos que en 1976, pero un tercio más de cereales para desayunar y el doble de bocadillos; la mitad de papas, pero el triple de las fritas. Si bien nuestras compras directas de azúcar han disminuido drásticamente, es probable que el azúcar que consumimos en bebidas y pastelitos se disparó. En otras palabras, cargamos nuestra comida con azúcar. Como algunos expertos han propuesto, este parece ser el problema.

No es accidental. Las compañías de alimentos han invertido mucho en el diseño de productos que utilizan azúcar para evitar nuestros mecanismos naturales de control del apetito, en el empaquetado y promoción de estos productos y destruyeron nuestras defensas emocionales a través del uso de aromas subliminales. Emplean a un ejército de psicólogos y científicos en alimentos para engañarnos provocando que comamos más de lo que necesitamos al mismo tiempo que promueven campañas culpando a los pacientes de su sobrepeso.

Así como se culpa a las personas desempleadas por el desempleo estructural, y se culpa a las personas endeudadas por los costos de vivienda imposibles, a las personas gordas se les culpa por un problema social. Pero visto así, la fuerza de voluntad debe ser ejercida por los gobiernos. Y sí, el control debe ejercerse, sobre aquellos que han descubierto nuestras debilidades y las explotan despiadadamente.