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El Recreo

Tiempos de definirse

J. Luis Medina Lizalde
~
10 de Diciembre del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




No hay manera de quedar bien con Dios y  el diablo, apoyamos la opulencia en la Suprema Corte o la dignidad salarial del magisterio.
Imagen / No hay manera de quedar bien con Dios y el diablo, apoyamos la opulencia en la Suprema Corte o la dignidad salarial del magisterio.

Brota  la crudeza de la enorme desigualdad  salarial en que se debaten los empleados públicos, los ministros de la Suprema Corte de Justicia reclaman seguir ganando más que sus colegas de los Estados Unidos (203 mil dólares al año los gringos, 360 mil dólares al año los de México sin incluir prestaciones) y en el otro extremo, los profesores no federalizados   (en Zacatecas se agrupan en la sección 58),  por enésima ocasión son amagados con el no pago de sus aguinaldos. 

Arrancó la segunda temporada  del Pacto “Por México” mediante la interposición de una acción de constitucionalidad  en contra de la reducción del salario de la élite,  los Ministros de la Suprema Corte de inmediato dictan la suspensión provisional de la reducción salarial  a los sobre pagados empleados públicos que ganan por encima del Presidente de la República. 

A escasos días de la discusión y aprobación del Presupuesto de la Federación y la cascada de aprobaciones de los “paquetes económicos” en cada estado, el debate de ambas realidades  se intensifica entre la clase política de una manera muy distinta a como se discute entre la ciudadanía. 

Pareciera que entre los  políticos los sueldos de la alta burocracia y los  de los modestos profesores no tienen relación entre sí. 

Los simples mortales, en cambio, tienen claro que los altos sueldos y los bajos sueldos son cara de una misma moneda, que los unos existen como causa y efecto  de que existen los otros.

La realidad no se mira igual desde arriba, que de abajo
Una economía injusta para la mayoría y exageradamente generosa para una pequeña minoría sobrevive con  políticos  codiciosos al frente,  dominados por el afán de permanecer   en el tren de la opulencia. 

Los altísimos salarios en política han sido  incentivo perverso que facilita  el saqueo, el endeudamiento, la entrega de recursos naturales a extranjeros, la mundialmente famosa corrupción de la justicia mexicana, la impunidad de  pillos con poder económico y político, etcétera. 

La incapacidad de generar empleo hizo de los tres niveles de gobierno el refugio desesperado de muchos que se soñaban en otro ámbito profesional y laboral y la única manera de darles cabida es pagándoles poco. 

En esta primera semana quedaron definidos los campos de la batalla política por venir: Los partidarios de que se mantengan los privilegios invocarán   “estado de derecho”, “los necesarios contra pesos”,  “Independencia de  poderes” para defender lo indefendible.  

Los convencidos de eliminar privilegios, conscientes de la  relación entre  sueldos exagerados     salarios  miserables  razonan  de otra manera: para que la cobija alcance los que ganan muchísimo deben bajarle dos rayitas y que los que  roban dinero público deben de ir a  la cárcel y devolver lo robado para que otros no caigan en  tentación. 

Estamos ante dos visiones que chocaran con inusitada energía hasta que una se imponga a la otra. En los años inmediatos los mexicanos optaremos entre  concretar el cambio comprometido o  la restauración del viejo régimen, como en Argentina y Brasil.  La gran prensa  toma partido por  la restauración,  los partidos derrotados  se asocian para enfrentar al que los venció  cometiendo el descomunal error de  revivir el pacto que los privó de identidad y los llevó a su  más profunda crisis. 

O cambiamos o nos cambian
¿Qué hará Zacatecas para insertarse en los cambios nacionales? Lo sabremos pronto. La clase gobernante local tiene que conducirnos a la transición del actual esquema de gasto improductivo a uno que detone el desarrollo, entendido como el crecimiento económico con justicia social, requerimos  de acceso a las grandes bolsas del presupuesto federal más allá del gasto corriente,  implica  elevar la calidad de la planeación técnica  de los grandes proyectos de infraestructura seleccionados como idóneos y legitimación de los mismos, pero no lograremos atención del gobierno federal si seguimos como ejemplo de cómo no gastar el dinero público. 

Los pronunciamientos respecto a la falta de 750 millones para el aguinaldo de  maestros estatales se quedan en demandar recursos extraordinarios para tapar el hoyo heredado, sin buscar la fórmula definitiva que solo tiene dos caminos: la federalización total de la nómina magisterial o la asignación de recursos en el presupuesto local metiendo tijera a los bonos de productividad y subsidios socialmente improcedentes. 

Las recetas ordinarias no funcionan en tiempos extraordinarios,  es desalentador que la clase política ofrezca el penoso espectáculo de “cerrar filas” con el Gobernador al que involuntariamente retratan como débil y carente de alternativas ante una situación que tiene años de presentarse. 

¿En Zacatecas no hay sueldos privilegiados, gastos prescindibles, recursos que resarcir?

No hay manera de quedar bien con Dios y  el diablo, apoyamos la opulencia en la Suprema Corte o la dignidad salarial del magisterio.