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Memoria viva

¿La Navidad es una fachada?

Manuel González Ramírez
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19 de Diciembre del 2018 05:00 hrs
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El convento de Guadalupe es uno de los monumentos históricos más emblemáticos del Estado de Zacatecas.
Cortesía / El convento de Guadalupe es uno de los monumentos históricos más emblemáticos del Estado de Zacatecas.

El Estado de Zacatecas conserva una gran cantidad de tesoros artísticos legados por nuestros antepasados. 

Cada una de las generaciones que nos antecedió contribuyó a enriquecer el valioso patrimonio que nos pertenece a todos, por lo tanto nos corresponde disfrutarlo, preservarlo y enriquecerlo. 

Para poder lograr estos cometidos es necesario conocer nuestro tesoro, ya que no podemos apreciar o amar lo que no conocemos.

En cada una de nuestras cabeceras municipales, comunidades, viejos cascos de hacienda y sitios arqueológicos, podemos encontrar vestigios maravillosos y descubrir interesantes detalles en sus construcciones, mismos que han estado siempre allí pero que casi siempre pasan desapercibidos, tal es el caso de un elemento en la fachada de uno de los templos del municipio de Guadalupe, Zacatecas que llamó por primera vez mi atención.

Un día fui a visitar el museo de Guadalupe y después de recorrer los claustros me detuve en la fachada de la iglesia para admirar cada uno de los detalles que alberga y, puesto que las fachadas son verdaderos libros abiertos que pueden ser leídos por cualquier persona y, que como ocurre en toda obra literaria, cada lector tendrá su propia interpretación, vi en ella diversas alegorías talladas en cantera rosa, entre las cuales dos que están vinculadas a festividades decembrinas que celebramos aquí y en todo México: las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe y el nacimiento de Jesús, el Redentor del género humano. 

Les comentaré dónde pueden localizadas.

Amables lectores, si dirigen su mirada a la parte superior de la puerta podrán observar una alegoría de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, festejadas principalmente el día 12 de diciembre; se puede ver en primer plano al Padre Eterno, quien sostiene una paleta y un pincel en actitud de estar pintando sobre un lienzo a la Virgen de Guadalupe; en un segundo plano se aprecia la advocación mariana que parece estar posando para tan insigne artista. 

El mensaje del conjunto de imágenes, no es otro que el de testimoniar que el retrato de la Virgen Morena quedó plasmado en un ayate por intercesión divina, tras una serie de milagrosas apariciones por parte de ella.

Algunas personas sostienen que quien está pintando a la virgen es en realidad San Lucas, pues a este santo y evangelista se le atribuye un retrato, de la Madre del Redentor que aún se conservan en una iglesia italiana, y que aparentemente fue el primero en su tipo (esto en el siglo 1). 

Pero hay dudas acerca de que el personaje que aparece en la escena del templo de Guadalupe sea San Lucas, ya que esa imagen es la misma que podemos observar en una obra pictórica de la época virreinal donde el autor plasmó a: “Dios Padre pintando a la Virgen de Guadalupe”. 

Es una obra anónima que custodia el Museo de la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México; es posible que de ella se haya tomado la idea de plasmar la imagen en la fachada del antiguo templo del Colegio de Propaganda Fide de Guadalupe, Zacatecas.

Más arriba, coronando la fachada, se puede observar una forma muy singular de representar a la Santísima Trinidad, ya que no es común verla de esa manera, al menos no en Zacatecas: en medio de un escenario nebuloso sobresale, en la parte superior, el Padre Eterno en actitud reflexiva, rodeado por los principales coros angélicos: serafines, querubines y tronos; debajo del Padre se observa al Espíritu Santo representado con una paloma que viene en pleno vuelo; junto a su ala izquierda se puede apreciar al Hijo bajo la apariencia de un niño que viene descendiendo, de cabeza hacia la Tierra, con una cruz pequeña sobre su hombro derecho.

Esta alegoría representa el advenimiento del Salvador y futuro mártir del Calvario, que mucho tiempo atrás había prometido el Creador a los primeros pecadores de la Tierra: Adán y Eva, este es el momento en que se cumple con esa promesa y, de esta forma, Jesús nace entre los hombres para redimir los pecados del mundo.