×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Día del Señor

La epifanía de Jesús, luz del mundo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
06 de Enero del 2019 05:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




Cada año nuevo es una bendición de vida.
Cortesía / Cada año nuevo es una bendición de vida.

Hoy celebramos con gran alegría la Solemnidad de la Epifanía. 

Esta palabra significa revelación y manifestación en la plenitud de los tiempos.

Brilla para todos los hombres de las generaciones que se suceden, hasta la nuestra, la luz de Jesucristo, quien al revelarnos el designio de salvación del Padre eterno, inunda el cosmos y en él, la tierra en donde los hombres han vivido, viven y vivirán, hasta la manifestación esplendente, llena de majestad y esplendor infinito de la Palabra que se hizo hombre para que al ser iluminados con su luz divina nos llenemos de gozo, paz, consuelo y grandísima dicha, mientras caminamos como peregrinos llenos de esperanza, hasta alcanzar la luz eterna de la gloria inmortal del cielo.

Pongamos atención a las palabras luminosas del profeta Isaías, en la primera lectura de este día, quien ya anunciaba la Epifanía de Jesucristo: “Levántate y resplandece, Jerusalén, porque ha llegado tu luz y la gloria del Señor alborea sobre ti. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria.

Caminarán los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora” (Is. 60, 1 y ss.).

Con esta introducción de nuestra homilía, entremos ya al cuerpo doctrinal y práctico de la misma y asimilemos los contenidos de paz, gozo y luz de la Epifanía del Señor Jesús en el mundo transitorio en que vivimos con sus luces y sombras.

Situación de espesa niebla que cubre al mundo y a los hombres

Cuando Dios creó el mundo lo hizo sin mancha de pecado, pero en la vida de nuestros primeros padres se rompió su integridad e inocencia con las cuales Dios los creó, llegando las tinieblas y obscuridad del pecado como rebelión libre en contra de la voluntad divina: fue el pecado orig nal originante que dio comienzo a la obscuridad y tinieblas en el mundo en el cual los hombres habían sido creados en estado de justicia y santidad. 

Desde esos albores de la vida humana, junto al bien que es luz, surgió el mal y el hecho doloroso y difícil del pecado de los hombres, débiles y sin posibilidad humana de redención y liberación de todos los dolores y deficiencias que se han abatido sobre la tierra y la humanidad, incluyendo la muerte.

El profeta Isaís nos descubre todo esto que digo con las palabras que cité arriba: “Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos”… El profeta se refiere a la situación de pecados y obscuridad física y espiritual que producen, desgraciadamente.

Pero también el profeta nos descubre la esperanza de la luz de Cristo, que disipa la muerte, el pecado y sus terribles consecuencias, anunciando la firme esperanza de luz, salvación y redención que Jesús nos ha traído a este mundo con su misericordia y perdón.

Las guerras, los odios, los crímenes terribles, las desigualdades sociales, materiales y culturales se presentan en la convivencia de las naciones en donde las familias sufren, lloran y experimentan la muerte de tantas maneras sumiendo en la tristeza y el abatimiento a tantos hombres y mujeres con sus familias, muchas veces desgarradas por el pecado, el egoísmo, el orgullo y la soberbia. 

He aquí un cuadro sintético de la situación de “tinieblas que cubren la tierra y espesa niebla que envuelve a los pueblos”, de las cuales tan atinadamente y por inspiración divina, nos habla el profeta Isaías.

La esperanza de redención y salvación de la luz universal

El evangelista San Mateo nos narra con grande esperanza y luz benéfica para todos los pueblos, el nacimiento de Cristo Niño en Belén de Judá y a quien se llegaron los tres Magos del oriente para conocerlo, alabarlo y adorarlo como Dios, presentándole sus ofrendas: oro como rey, incienso como sacerdote y mirra como hombre mortal. Guiados por una estrella brillante y misteriosa en Belén de Judá, hasta el humilde pesebre donde estaba el Niño recostado y en compañía de María y José, sus padres, quienes quedaron admirados del reconocimiento que esos Magos tuvieron con Jesús.

Según la enseñanza y la tradición viva de la Iglesia de todos los tiempos, la luz de Cristo y su evangelio en su total realización es para todas las gentes, pueblos y naciones de una humanidad inmersa en sombras y tinieblas como ya explicábamos arriba, pero inundada de paz, gozo y la luz admirable de Jesucristo que brilla con su verdad, bien y gracia salvadores para todo el que nace en este mundo para conocerlo, alabarlo y adorarlo con la entrega fiel y sorprendente de los Reyes Magos que son representantes de fe, amor y esperanza para que los pueblos de la tierra se beneficien con la redención universal operada por Jesucristo en la plenitud de los tiempos de la historia de salvación. 

Por todo esto, el profeta Isaías, a quien ahora podemos entender mejor, se pronuncia diciendo: “Levántate y resplandece Jerusalén. Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria. 

Caminaran los pueblos a tu luz y los reyes, al resplandor de tu aurora”. Ojalá que estas palabras de la revelación divina, se cumplan en todos y cada uno de nosotros que creemos en Cristo entregándole nuestras vidas para ser luz muy suya ahora y para siempre, en nuestro peregrinar hacia la vida eterna en el cielo, prometido por Dios a los que lo acepten y cumplan su voluntad. ¡Que así sea ahora y hasta “el más allá”!

*Obispo emérito de Zacatecas.