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Perspectivas

Ya hay certeza; no vamos por buen camino

Luis Enrique Mercado
~
07 de Enero del 2019 05:00 hrs
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Si esos supuestos no se dan, en algún momento del año habrá que recortar el presupuesto para adaptarlo a la realidad.
Imagen / Si esos supuestos no se dan, en algún momento del año habrá que recortar el presupuesto para adaptarlo a la realidad.

La incertidumbre que dominó en el periodo de transición terminó, y ahora los mercados y los inversionistas tienen la certidumbre de que el camino emprendido por México en este nuevo gobierno no es el adecuado.

Por principio de cuentas, tenemos un presupuesto elaborado sobre datos macroeconómicos que no se cumplirán.

La inflación no será de 3.4%, sino cuando menos de 4.5%; el crecimiento económico no será de 2% sino cuando menos medio punto porcentual abajo; el tipo de cambio no se quedará en 20 pesos por dólar sino un poco más arriba y el precio de petróleo no se ve en 55 dólares por barril.

Si esos supuestos no se dan, en algún momento del año habrá que recortar el presupuesto para adaptarlo a la realidad.

También hay certidumbre de que México no será polo de atracción para la inversión extranjera y que muchos proyectos de inversión local se están repensado o ya se cancelaron.

El hecho de que proyectos de inversión se decidan no con base en análisis y elementos técnicos, sino en caprichos personales ahuyenta a los inversionistas. Casos como la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el lanzamiento del tren Maya y de la refinería son tres ejemplos claros de cómo se deciden las grandes inversiones de país.

Y cuando los inversionistas se dan cuenta de que las reglas han cambiado y que en realidad no existen reglas, preferirán otras latitudes donde les den más certeza.

Lo que en todo este ambiente más sufrirá será el crecimiento económico. De por sí, la economía mexicana padece de un raquitismo que la tiene anclada en un 2% promedio anual que no ha sido capaz de romper ninguno de los últimos cinco sexenios.

Y ahora, la amenaza es una profunda reorganización del gobierno, enviando a los estados la mayor parte de las secretarías, lo que provocará una paralización del sector público que sin duda impactará negativamente en el crecimiento económico.

Enviar Turismo a Chetumal, Educación a Puebla y Agricultura a Chihuahua, también sin estudio técnico alguno sino con “latidas,” hará que en lo que se instalan las dependencias, todos los trámites se dejen para mejor ocasión y que el país entero tenga un período, que nadie sabe cuánto durará, de parálisis casi total.

Si a eso agregamos los tijeretazos de personal en los organismos autónomos tenemos el cuadro perfecto de una nación donde el gobierno estará en pausa mientras se organiza.

Además, las iniciativas que están en el horno del Congreso, como la de las comisiones bancarias o la que quiere reformar la Ley del Banco de México, confirman que el rumbo que el país ha emprendido no es el adecuado para estimular el crecimiento, y sin crecimiento el gobierno no tiene suficientes ingresos y la población se quedará sin oportunidades de empleo y progreso.

Se tiene ya un rumbo claro en el que la decisión de un solo hombre y no los análisis técnicos y en algunos casos, ni siquiera la razón, dominan el quehacer del gobierno. Y por ese camino el único final es el abismo.

Hasta el próximo lunes y mientras no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado.