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El Día del Señor

El bautismo de Jesús

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
13 de Enero del 2019 05:00 hrs
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Liga Corta




Jesús fue bautizado en el Río Jordán.
Cortesía / Jesús fue bautizado en el Río Jordán.

La fiesta del Bautismo de Jesús, cierra el ciclo litúrgico de la Navidad y a la vez nos presenta una nueva manifestación del Señor como un eco de la manifestación de la Epifanía que hemos celebrado en el domingo anterior. 

Si bien Jesús con su Epifanía se revelaba y se manifestaba a todas las naciones representadas por los Magos del oriente que adoraron al Niño Dios, presentándole sus ofrendas de oro, incienso y mirra, ahora en su bautismo por San Juan Bautista, en las orillas del Río Jordán, revela el inicio de su vida apostólica para salvar a los hombres y es proclamado en público como Hijo de Dios en su carne mortal, hecho a imagen y semejanza nuestra, menos en el pecado del cual nos ha liberado y nos hace hermanos suyos e hijos adoptivos del Padre eterno con el sello y la gracia del Espíritu Santo.

Con esta Introducción que acabo de hacer, accedamos a los contenidos doctrinales de nuestra homilía en esta Fiesta tan hermosa y reconfortante del Bautismo del Señor Jesús.

El bautismo de San Juan Bautista

Sabemos por revelación divina que Juan el Bautista, primo del Señor, fue elegido por Dios para anunciar y preparar proféticamente el advenimiento de Cristo Salvador en la plenitud de los tiempos. 

Predicaba en el desierto llevando una vida sacrificada y sobria como pobre, pero con riquezas de su espíritu que Dios le dio para ser heraldo de la venida del Mesías, Cristo el Señor, exhortando a la penitencia y al arrepentimiento para que, al recibir su bautismo de agua, los corazones de los hombres dejaran la vida pecaminosa y se dispusieran a recibir al Mesías en su llegada ya inminente.

Muchas gentes que acudían a recibir el bautismo de agua del Bautista, creían que posiblemente era ya el Mesías prometido y que muchas gentes esperaban.

Pero Juan desde la profundidad de su alma y ante la presencia de Dios, sacó de dudas y falsa expectativa del Mesías afirmando lo siguiente:

“Es cierto que yo bautizo con agua, pero ya viene otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y con fuego”.

Y de esta manera, cuando Juan vio venir a Jesús, lo señaló como el verdadero Mesías y como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

El bautismo de Jesús

Quiso Jesús por voluntad de su Padre eterno, recibir el bautismo en el río Jordán, de manos de Juan Bautista. 

Él se resistió a bautizar a Jesús, pero éste le dijo que tenían que cumplir el designio de Dios, haciéndose solidario con los  pecadores que Juan bautizaba. 

Solidaridad que de ninguna manera fue porque el Mesías no tuvo ningún pecado de lo cual venía a salvar a todos los hombres siendo él fuente de pureza y santidad.

El bautismo de Jesús ha tenido un valor nuevo y trascendente, superando todas las expectativas en el orden sobrenatural de la gracia y la redención. Su bautismo es fuente de santidad y vida; bautismo con la acción perfectísima del Espíritu Santo y con fuego divino para borrar los pecados de todos los hombres arrepentidos y que creyesen en Él como liberador y redentor.

El bautismo de Jesús tiene tres características maravillosas: Primero, Es bautismo que abre el cielo para todos los salvados por él, es don absoluto bajado del cielo. 

Segundo, En él se escuchó la voz del Padre celeste cuando dejó oír su palabra infinita en el amor para redimir a todos los pecadores y mientras Jesús era bautizado y puesto en profunda reverencia y oración, éstas fueron sus palabras:

“Tú eres mi Hijo, el predilecto, en ti me complazco” y tercero “Se abrió el cielo y el Espíritu Santo bajó sobre Jesús en forma visible como una paloma”.

Así se realizó la epifanía o manifestación de Dios Uno: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Bautismo trinitario como fuente para todos los que creen en Jesús y son sellados en la vida trinitaria de Dios uno y Trino.

Nuestro bautismo y sus características propias

Primero: Nos hace hijos adoptivos de Dios.

Segundo: Hermanos de Cristo el primogénito y Tercero Morada santa del Espíritu Santo quien con un sello indeleble (el carácter sacramental) para el tiempo y la eternidad, nos hace merecer la vida cristiana en la historia de nuestra travesía terrestre y conquistar la vida del cielo eternamente.

Nuestro bautismo borra todos los pecados cometidos antes de su recepción: en primer lugar, el pecado original derivado de la desobediencia de nuestros padres Adán y Eva en el paraíso y todos los pecados personales mortales y veniales. Infunde en nosotros la gracia santificante para actuar dando testimonio de la vida cristiana que Dios infunde en el ser de los bautizados; nos hace miembros de la Iglesia como pueblo sacerdotal, profético, santificador y pastor.

Concluyo nuestra homilía, pidiendo a Dios nos haga verdaderos cristianos por el testimonio que brota de nuestro bautismo. Testimonio de santidad y vida perfecta que por la oración incesante nos dignifique y nos haga misioneros desde el bautismo de Jesús, que es fuente inagotable de fe, esperanza y amor a Dios y a nuestros prójimos, en la Iglesia a la cual nos incorpora y testigos auténticos con nuestras palabras, pensamientos y obras ante el mundo a quien, Cristo y su Iglesia quieren salvar y dignificar con el amor inagotable de Dios santo y eterno.

Obispo emérito de Zacatecas*