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El Día del Señor

Cristo ungido por el Espíritu Santo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
03 de Febrero del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Cristo es la representación del óleo sagrado y del Espíritu.
Cortesía / Cristo es la representación del óleo sagrado y del Espíritu.

El texto evangélico de San Lucas es continuación y desenlace de la presencia de Jesucristo en la sinagoga de Nazaret.

Cuando el Señor anuncia que en él se cumple la profecía de Isaías para llevar a cabo la obra de salvación querida por su Padre durante el año de gracia en la plenitud de los tiempos, los asistentes en la sinagoga, le dieron su aprobación y con gozo. 

Pero luego, cuando les dice que el favor divino de la salvación, no era únicamente para el pueblo judío, ya que este pueblo no había cumplido con fidelidad la voluntad divina, haciéndoles ver, que en tiempos del profeta Elías, éste había sido enviado por Dios, a socorrer a una mujer viuda y pobre y a su hijito, quienes estaban a punto de morir por hambre y desamparo, debido a la gran sequía que se abatió en la región de Sarepta de Sidón por tres años y cuando Dios curó de la lepra a Naaman, jefe del ejército sirio con la acción del profeta El seo de que se lavara en las aguas del Jordán, siendo en ambos casos personas extranjeras, entonces la actitud de los presentes en la sinagoga, llenos de odio, intentaron matar a Jesús, despeñándolo por el precipicio de la montaña en la cual estaba construida la ciudad.

Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí sin sufrir daño alguno. Aún no “había llegado su hora” como punto central de su manifestación mesiánica. 

En el texto que nos ocupa, se desprenden dos ideas mayores, a saber: 1ª Jesús se declara como el Ungido por el Espíritu Santo. 2ª.

Con el fin de liberar a los hombres de sus pecados y de la muerte eterna. 
En nuestra presente homilía, quiero hacer hincapié en el hecho de que el Espíritu
Santo ha ungido a Jesucristo (consagrado) para llevar a efecto el plan de salvación del Padre eterno.

Realiza su obra de salvación querida por el padre eterno

El título de esta parte de mi homilía, lo desarrollaré de la siguiente manera: “El Padre eterno creó el mundo universo por un libérrimo y misterioso designio de su sabiduría y su bondad, decretó elevar a los hombres a la participación de la vida divina y, caídos por el pecado de Adán, no los abandonó, dispensándoles siempre su ayuda en atención a Cristo Redentor, que es la imagen de Dios invisible y primogénito de toda creatura” (L. G. n.2). 

“Vino pues el Hijo, enviado por el Padre, quien nos eligió en Él antes de la creación del mundo, y nos predestinó a la adopción de hijos, porque en Él se complugo restaurar todas las cosas. 
Cristo, pues, en cumplimiento de la voluntad del Padre inauguró en la tierra el Reino de los Cielos, nos reveló su misterio y efectuó la redención con su obediencia” (L.G. n. 3).

“Consumada, pues, la obra, que el Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que continuamente santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Espíritu. 

El es el Espíritu de la vida o la fuente del agua que salta hasta la vida eterna, por quien vivifica el Padre a todos los hombres muertos por el pecado, hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales” ( L. G. n. 4). 

El Espíritu Santo siempre regala sus gracias, dones y carismas a todos los miembros de la Iglesia. Cristo en la sinagoga de Nazaret, reveló que este Espíritu lo ha ungido para consagrarlo plena y totalmente a la obra y servicio de la salvación temporal y eterna. 

Cristo nos revela que ha sido ungido para sanar a los enfermos en sus almas y cuerpos y que con el bautismo y demás sacramentos, especialmente la Eucaristía, presencia real, verdadera y substancial de su ser de Hijo de Dios hecho hombre, da a los hombres, hijos adoptivos del Padre, la vida sobrenatural borrando nuestros pecados y que ha de alcanzar su plenitud en el cielo.

De todo esto que voy comunicando, sin agotar estas enseñanzas, podemos captar y entender el texto famoso de la profecía de Isaías que Jesús en la sinagoga de Nazaret, afirmó que se lo aplicaba como cumplimiento dentro de la historia de la salvación; recordemos de nuevo esas palabras de vida eterna en los labios de Cristo Redentor: 

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buen nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor”.

Por participación Cristo nos da la vida del Espíritu Santo para ser hijos adoptivos del Padre, hermanos suyos y morada santa de este mismo Espíritu.

Si Cristo bajo la acción fecundante del Espíritu Santo realiza su obra de salvación...