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Perspectivas

El oscuro mundo de las calificadoras

Luis Enrique Mercado
~
04 de Febrero del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Las calificadoras no son imparciales, ni objetivas, ni desinteresadas; pero mueven el dinero en el mundo.
Imagen / Las calificadoras no son imparciales, ni objetivas, ni desinteresadas; pero mueven el dinero en el mundo.

Un día, hace algunos años, Fidel Herrera, entonces gobernador de Veracruz, me dijo que estaba muy enojado porque alguna calificadora le había bajado la calificación de la deuda de su Estado; le recomendé que contratara él a otra calificadora.

Un tiempo después lo volví a ver y me dio un abrazo. “Gracias por el consejo; el problema se resolvió”.

La historia refleja el mundo de las calificadoras de deuda, esas empresas que con una nota ahuyentan las inversiones de un país, desploman el valor de unos bonos o siembran duda sobre el futuro de una empresa, como le acaba de pasar a Pemex. Y no decimos que la paraestatal sea una joya financiera.

Aunque hay más de 80 firmas calificadoras en de mundo, las Tres Grandes dominan de mercado de la calificación de valores, empresas y países. 

Standard & Poor´s, la más grande y Moody´s, la segunda, califican cada una el 40% de la deuda mundial y Fitch, la tercera, cerca del 15%.

De sus calificaciones depende que un país o una empresa, pública o privada, reciba inversiones y créditos y que su deuda se emita y se mantenga a tasas de interés más bajas.

Están documentados los errores y las barbaridades que estas tres calificadoras han hecho en la historia reciente del mundo. Por ejemplo, hace apenas unos meses una baja en la calificación ahuyentó a los capitales de Brasil y antes lo habían hecho con Rusia.

Meses antes del estallido de la crisis de 2008 las Tres Grandes calificaron con triple A, la máxima nota, a las grandes instituciones financieras que tenían activos tóxicos. 

Semanas después de esas calificaciones, el mundo entero entró en la más profunda crisis económica de la historia reciente, debido a esos activos tóxicos que las calificadoras habían avalado.

En 2007, Moody´s bajó a la mitad las calificaciones de casi todas las hipotecas que apenas doce meses antes había calificado con la máxima nota, Triple A y en ese mismo año, difundió un documento titulado “Falsos los temores de los inversionistas sobre la crisis de la deuda griega”.
A los seis meses exactos, Grecia se declaró en insolvencia.

El problema es que las calificadoras tienen conflictos de interés que les impiden su objetividad y buena parte de esos conflictos de interés surgen de la propiedad misma de las firmas.

Por ejemplo, el mayor accionista de Moody´s es el grupo Berkshire Hathaway, de Warren Buffet, el hombre más rico del mundo; le siguen The Capital Group, de la familia Rockefeller y Bill Gates, el dueño de Microsoft.

Standard & Poor´s pertenece al grupo editorial McGraw Hill y también participan en su capital, The Capital Group, de los Rockefeller y algunos otros accionistas que también son accionistas de Moody´s. Es decir, las dos calificadoras más grandes comparten accionistas.

Fitch es del grupo francés Fimalac y de la Corporación Hearst el emporio de medios de comunicación.

Es decir, no son imparciales, ni objetivas, ni desinteresadas; pero mueven el dinero en el mundo y, hasta ahora, los capitales les hacen caso.

Hasta el próximo lunes y mientras, no deje de seguirme en mi página de FB, Perspectivas de Luis Enrique Mercado y en mi Twitter, @jerezano52.