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Memoria viva

Remedios de Gregorio López para curar la influenza

Manuel González Ramírez
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06 de Febrero del 2019 04:00 hrs
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Gregorio López, Litografía, 1845. Colección Crónica de Zacatecas.
Cortesía / Gregorio López, Litografía, 1845. Colección Crónica de Zacatecas.

Gregorio López nació en Madrid, el 4 de julio de 1542, día en que se celebraba la fiesta de san Gregorio Taumaturgo (el que hacía curaciones milagrosas). Quizá por esa razón, sus padres le pusieron el nombre del santo.

A la edad de 20 años se embarcó a la Nueva España y estuvo en varios lugares, entre ellos, Zacatecas y el sitio de Atemajaque (muy cerca de la antiguo hacienda de La Encarnación, perteneciente al actual municipio de Villanueva). 

Escribió algunas obras, entre ellas, Tesoro de la medicina, cuyo original (según nos reporta don José Antonio Álvarez) “se guarda con gran estima en el Real Convento de la Encarnación de Madrid, por dádiva del Marqués de Salinas, virrey de México y presidente del Consejo de Indias, a quien se lo dio el padre Loza”. 

El libro se ha publicado varias veces; hoy le compartiré una serie de remedios para curar los diversos problemas que provoca la influenza, sin embargo, antes le informaré el motivo por el cual Gregorio López escribió dicha obra.

Según el doctor Matías de Salcedo Mariaca, quien prologó una de las ediciones de la vida y obra de Gregorio López en 1727, expresa:

“Y por continuar el acto de caridad, después de varias peregrinaciones, asistiendo en el Hospital de Huastepec, que está a cargo de los Caritativos Hermanos de San Hipólito, en que ejercitan con sumo cuidado la forma de su instituto en curar a los pobres de este puesto, considerando sin duda la inopia de médicos y medicinas en aquel tiempo en todo este reino, para socorro de las urgentes necesidades: compuso en su silencioso retiro este Tratado”.

Gregorio López en su obra (publicada en 1727) no menciona la influenza como tal porque quizá resultaba un término desconocido para él. La palabra surgió del latín vulgar como “influentia” y así aparece en varios tratados médicos del siglo 14, periodo en el cual comenzó a generalizarse el término, sobre todo, al momento de referirse al contagio de una enfermedad, como una influencia que una persona enferma ejercía sobre otra. 

Más tarde, a la influenza se le asociaría con los típicos síntomas y molestias de la gripe (dolor de cabeza, fiebre, catarro, dolores en las articulaciones, etc.). 

Gregorio López aborda por separado cada una de las molestias y para cada una de ellas ofrece un abanico de remedios naturales.

Para el dolor de cabeza sugiere el uso de rosas secas que deben cocerse en vino, para luego exprimirse; con el cocimiento se mojan vendas que se aplican en la frente. 

Para el mismo problema puede servir un sahumerio de aluceno, romero y unas gotas de bálsamo; o hierbabuena colocada en la frente. 

En cuanto a las altas temperaturas del cuerpo o calenturas, las clasifica en tres tipos: la común, la ética y la continua. Para la primera se recomienda comer tamarindos o beber cocimiento de hojas de violetas con azúcar, o bien, jugo de limón, siempreviva, verdolagas o de granadas agrias. 

Para la calentura ética habrá qué tomar almidón de trigo, y en un caso extremo, tomar tres pollitos de dos o tres días de nacidos; se pelan, luego se abren para rellenarlos con cebada. Cuando ya están listos se cuecen y el “caldito” tendrá que beberse por las tardes y por las mañanas. 

Otra opción: tomar leche de cabra varias veces pero... mucha atención, no será de cualquier caprino, pues tendrá que ser de una cabra prieta, si no, no funciona. 

Para la calentura continua se propone un bebedizo de manzanilla cocida. 

También pueden servir las pencas de sábila asadas, abiertas y puestas sobre el “espinazo” del paciente. Y si no hay a la mano sábila ni manzanilla, entonces habrá que buscar y capturar una rana de las llamadas “Alguacil de moscas” para atarla viva al “molledo” del brazo izquierdo... y san se acabó el problema.

El taumaturgo López explica que el catarro es: “humedad que cae del cerebro al pecho” para contrarrestarlo basta con aplicar un sahumerio de romero o realizar la ingesta de avellanas tostadas con pimienta.

Pero si de garganta inflamada y con dolor se trata, hay que beber cocimiento de malvas con miel, agua de violetas con azúcar o leche hervida... pero mucho ojo, mientras esté hirviendo la leche deberá arrojarse una braza ardiendo al interior del recipiente. 

Si el dolor prevalece en la garganta entonces debe colocarse ahí un poco de canela molida mezclada con miel o, en su defecto, una piedra bezahar.

Y para aquellas personas a quienes sólo la tos les queda, se les receta un sahumerio de romero o la toma del cocimiento de orégano acompañado con miel. 

De hecho, para Gregorio López, la tos es: “movimiento de la virtud natural repulsiva para lanzar las cosas dañosas por la caña del pulmón”. 

Y termino por ahora con la caracterización de problemas vinculados con la gripe o influenza y algunos remedios que proponía Gregorio López en su Tesoro de la medicina.