×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

El Día del Señor

Vocación al seguimiento de Cristo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
10 de Febrero del 2019 04:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




La vocación en cristo permite a más hombres y mujeres divulgar la palabra de Dios.
Cortesía / La vocación en cristo permite a más hombres y mujeres divulgar la palabra de Dios.

Hermanos: Hoy es el domingo que podemos llamar “de la vocación”, ya que el tema que brota, por así decirlo, de la Palabra de Dios que la Iglesia nos presenta en esta primera parte de la Eucaristía, es la llamada de Dios, efectivamente: en la primera lectura se nos da a conocer la vocación del profeta Isaías; luego la de Pablo apóstol en la segunda y en la tercera el llamado de Cristo a sus primeros discípulos y luego apóstoles, junto al lago de Genesaret.

Esta llamada al profetismo, al seguimiento y al apostolado se continúa en la vocación cristiana de todo discípulo de Jesucristo. 

La vocación de cada cristiano y por consiguiente la nuestra, nace con nuestro bautismo que nos incorpora a la vida del Cuerpo Místico del Señor Jesús, que es la Iglesia, como convocación de todos y cada uno de sus miembros para la mutua edificación de nuestras vidas aunadas a la de Jesús y realizar de este modo, el plan salvador de Dios Padre por su Hijo hecho hombre, con los dones y carismas del Espíritu Santo.

Con esta Introducción, es ya el momento de abordar la parte doctrinal y luego, en último término, pasar a la parte práctica que cierra mi predicación homilética de hoy.

Comenzamos diciendo, que el evangelio de este día tiene tres apartados o secciones, a saber:
1ª Predicación de Jesús a la gente. 

La figura de Cristo aparece en solitario sobre el trasfondo de una multitud de gentes ávidas de escuchar su palabra y puesto de frente desde una barca a orillas del mar de Galilea o Genesaret.

2ª La pesca milagrosa. Simón Pedro experimentado pescador le dice a Jesús que en toda la noche no han podido pescar. El Maestro le dice que él y sus compañeros echen las redes y entonces tuvieron una pesca tan abundante que en dos barcas apenas podían flotar y las redes ya casi se rompían.

3ª Vocación de los primeros cuatro discípulos. La pesca milagrosa llenó de estupor y asombro a cuatro pesca dores, eran dos parejas: Simón y su hermano Andrés y Santiago y Juan, también hermanos. 

Todos ellos eran compañeros de Simón Pedro y ellos recibieron el llamado de Jesús en una dimensión nueva e insospechada. Jesús les dice en la persona de Pedro: “Desde ahora serás pescador de hombres”. 

Y ellos al instante dejaron a sus padres, barcas y redes y se fueron en pos de Jesús, tal fue la experiencia arrobadora que tuvieron por la gracia de su vocación que de esta manera había comenzado.

Hermanos, en los tres casos que narran las lecturas bíblicas de este domingo: Isaías, Pablo y los apóstoles, encontramos el esquema habitual bíblico de toda vocación con tres momentos que la constituyen: 1º.  Estremecimiento, asombro y temor reverencial por parte del hombre llamado al entrar en contacto íntimo con Dios. 2º. Misión concreta, confiada por Dios al hombre, quien tiene siempre la iniciativa como don magnífico y totalizante. 3º. Respuesta incondicional con la entrega de toda la vida de parte de los vocacionados, quienes reciben la vocación de Dios al profetismo, la santificación y la conducción pastoral.

Nuetra respuesta al llamado de Dios en nuestra existencia

A la luz de la razón y de la fe en Cristo, todos y cada uno estamos llamados por Dios. 
Primeramente somos llamados a estar y vivir en este mundo que nos ve nacer y desarrollarnos de acuerdo a nuestro ADN, único e irrepetible. 

En particular los hombres y mujeres en el concierto de la vida en todas sus formas y manifestaciones, en esta tierra tan sorprendente y maravillosa, somos creados a imagen y semejanza de Dios, dotados de alma espiritual inteligente y libre y con un cuerpo muy admirable por su estructura y acción correspondiente; dotados de dones que determinan el modo de ser de cada uno, con dimensión personal y comunitaria. 

Pero sobre todo, Dios por medio de nuestro bautismo y demás sacramentos, con su Palabra hecha hombre: Jesucristo y con los dones y carismas del Espíritu Santo, estamos llamados a vivir identificados con el plan y revelación divinos para ser hijos adoptivos del Padre; hermanos de Cristo, el Primogénito y morada o templo del Espíritu Santo. 

De todo esto que acabo de manifestar, nuestra vocación es natural y entonces elevados y llamados a la vida sobrenatural de la gracia divina para el tiempo y la eternidad.

Hoy y siempre, la Iglesia nos enseña y pide, ser conscientes de estas vocaciones que cada quien tiene ¿dónde?: en la familia bien constituida; vocaciones de padres e hijos; en el ejercicio de las capacidades espirituales y corporales de cada quien en el desarrollo de las profesiones y camino de ser y actuar; en los centros de formación: escuelas y universidades; oficios y artes, en las culturas y en todos los ambientes y lugares que nos ha tocado vivir, para ser hermanos y copartícipes del designio vocacional que Dios, Uno y Trino, nos revela y nos capacita, para ser alabanza, acción de gracias y adoración en el tiempo y para conseguir y realizar nuestra vocación humana en la casa de Dios para siempre.

¡Pidamos al Señor que nos llama siempre para realizar su designio de salvación en las diferentes vocaciones que él nos da gratuitamente, que nos haga verdaderamente receptivos de sus dones y carismas con agradecimiento y fidelidad gozosa y perdurable, mientras dure nuestra vida en la tierra y que luego será esplendor y luz en el cielo, hacia donde estamos llamados definitivamente!

Obispo emérito de Zacatecas*