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El Día del Señor

El amor cristiano sin límites y fronteras

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
24 de Febrero del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




“El amor debe manifestarse como perdón y bien querer, en vez de odio y venganza”
Cortesía / “El amor debe manifestarse como perdón y bien querer, en vez de odio y venganza”

ZACATECAS.- En este domingo el tema que nos proponen las lecturas bíblicas y con las cuales, la Iglesia nos enseña y nos pide apoyados en la gracia divina, que reflexionemos y aprovechemos de manera verdaderamente constructiva, es: El Amor Cristiano sin Límites y Fronteras. 

En efecto Jesucristo nos propone la sublime vocación para llevar a cabo, lo que es esencial en nuestro cristianismo: El amor que debe ser y manifestarse, como perdón y bien querer, en vez de venganza y odio; nos pide amar perdonando siempre, incluso a quienes nos tratan mal, devolviendo bien, sin rencores y sin revanchas. 

Jesús nos da una norma de conducta que rebasa las exigencias de nuestra condición humana inclinada al desquite, la venganza, el egoísmo y la dureza del corazón, hacia quienes no se comportan de acuerdo a nuestras ideas y maneras de vivir e interpretar, la vida de manera recta, justa y equilibrada, ante el hecho de la maldad en todas sus formas y manifestaciones de cada día. 
Entremos pues, al cuerpo doctrinal de nuestra presente homilía.

La gran norma de conducta del amor cristiano 

Esta norma tiene dos secciones, referida la primera al amor de los enemigos.

Idea doctrinal, que se desarrolla a base de ejemplos concretos: poner la otra mejilla, ceder el manto, dar al que pide y prestar sin que devuelvan. Y la segunda, comprensión que evita el juicio condenatorio de los demás. 

Esta segunda sección es más breve. La abre Jesús recurriendo al ejemplo de Dios: “Sed compasivos como vuestro Padre celestial es compasivo” y “La medida que uséis la usarán con vosotros”.

La consigna de Cristo: “Amen a sus enemigos” encierra el común denominador de “enemigos” entre los diversos grados de enemistad, por ejemplo en gradación ascendente: desde la antipatía natural e incompatibilidad de caracteres, la secreta o manifiesta rivalidad, la grosería y la altanería inaguantables, la astucia y la doblez repugnantes, la mala voluntad y la traición, hasta la hostilidad y el odio irrefrenable, incluso la persecución y la muerte.

Tengamos muy en cuenta, que la motivación del amor a nuestros enemigos, radica como Cristo nos enseña, en la imitación del amor gratuito de Dios hacia todos los hombres, sin acepción de personas, teniendo como norma evangélica:

“Sean perfectos como mi Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Aquí tenemos pues, hermanos, los criterios que deben fundamentar nuestra conducta para con nuestros prójimos, en especial, con nuestros enemigos, poniendo en práctica: la bondad, la compasión y la santidad de Dios, Uno y Trino. 

De otra manera nunca será posible realizar estas exigencias de la vida en Cristo, que Dios y su Espíritu nos piden para ser buenos, generosos y auténticos cristianos en la plenitud del amor divino – humano, hasta la total entrega de nuestras personas a ejemplo de Jesucristo en el ara de la cruz y con toda su fuerza para resucitar.

Confiando en el poder divino 

Jesús a título personal y el de su Padre, nos dice y nos inculca claramente: si amas solamente a los que te aman y te caen bien ¿qué mérito tenemos? Eso lo hace todo el mundo; también los malos y los descreídos. Jesucristo pide a sus discípulos, un amor anchuroso. 
Obispo emérito de Zacatecas*