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El Día del Señor

Jesucristo quiere de nosotros un corazón que dé frutos buenos

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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03 de Marzo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Fernando Mario Chávez Ruvalcaba invita a los lectores a ser sujetos de bien y bondad.
Cortesía / Fernando Mario Chávez Ruvalcaba invita a los lectores a ser sujetos de bien y bondad.

El evangelio de hoy, según San Lucas, pone en labios de Jesús, una serie de proverbios o refranes como una parábola de tipo sapiencial: ciegos que juntos pueden caer en el hoyo, si uno conduce al otro, el maestro y el discípulo, viga y paja en los ojos, árbol bueno que da frutos buenos y árbol malo que da frutos malos. 

Cada árbol se conoce por sus frutos y Cristo aclara su mensaje, sobreabundando en sabiduría y doctrina:

“No se recogen higos de la zarza, ni se cortan uvas de los espinos. El hombre bueno dice cosas buenas, porque el bien está en su corazón, y el hombre dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está lleno el corazón”.

Cristo siempre luchó, según los evangelios que nos narran su vida y obras de salvación, contra los escribas y fariseos que ponían el acento de su doctrina y actitudes, en las exterioridades conforme a la interpretación de las leyes humanas y religiosas, en la letra que mata y dejando de lado el verdadero espíritu de la ley, que consta en la sinceridad, en el acuerdo, del espíritu y la letra y todo esto con el fuego del amor auténtico, que alimenta la bondad y la coherencia, de toda norma o ley.

Jesús nos enseña, en cambio, que la plenitud de la ley y su cumplimiento, se basa en el amor a Dios, a nosotros mismos de manera ordenada y recta y con relación a nuestros prójimos y semejantes, por eso también expresa que “la plenitud de la ley es el amor a Dios y a los hermanos”.

Con estos presupuestos, decimos que lo que llevamos dentro es lo que transparentamos o manifestamos. Por una parte, cosas buenas, pero por otra cosas no tan buenas.

Del corazón enfermo por el orgullo y la soberbia brotan los asuntos y actuaciones que tanto encogen la mente y el corazón, por esto el ambiente del mundo, se manifiesta en: el afán del dinero, que es muy necesario, pero muchos viven muy preocupados por esto, hasta en demasía provocando robos, secuestros, pago de piso, etc. 

Se habla de pensiones, del desempleo, y tantas ambiciones que destierran la calma y la tranquilidad del espíritu; además se crean muchas necesidades ficticias por el ritmo de ambicionar tantas cosas del consumismo que impera en tantos y tantos. 

Todo esto destierra los valores superiores, humanos y espirituales.

Del corazón bueno y sólidamente religioso brotan los buenos deseos, como la práctica de las bienaventuranzas, el amor a los enemigos que ha sido el tema de recientes reflexiones en los domingos pasados; el dar sin pedir ni esperar nada a cambio; el no juzgar ni condenar a los demás; los buenos modales y desde luego las obras de misericordia espirituales y corporales; estar siempre dispuestos a servir, socorrer al prójimo es sus necesidades espirituales y corporales, saber y querer perdonar a quienes nos tratan mal y nos rechazan. 

Ser buen ejemplo para los demás con pensamientos, juicios favorables y la práctica constante de obras conforme a la verdad y el bien de acuerdo a las exigencias del evangelio y vivir para uno mismo y para con los demás, en y con el amor que es la máxima norma del buen cristiano: en el hogar, en el mundo del trabajo, en las recreaciones y el descanso, en las escuelas y universidades, en el ejercicio fecundo y honesto de las profesiones, etc.

Realizar todo lo que llevamos dicho con el silencio y la oración

Es muy necesario y conveniente, lograr un trabajo de verdadera interiorización, practicando constantemente el silencio exterior e interior.