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Historias de Lobos

Mi delito... drogarme

Ivonne Nava García
~
10 de Marzo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Esta historia es de una joven mujer que poco a poco fue destruyendo su vida.
Imagen / Esta historia es de una joven mujer que poco a poco fue destruyendo su vida.

ZACATECAS.- Las razones por las cuales algunas mujeres caen en el abuso de drogas es multifactorial pero, generalmente, tiene que ver con un pobre desarrollo afectivo o con alguna disfunción familiar. Esta historia es de una joven mujer que poco a poco fue destruyendo su vida y marcando negativamente el rumbo de la vida de sus hijas. Ella mantiene una seria dependencia hacia las drogas y alcohol. Ella perdió hasta la dignidad por no reconocer su enfermedad.

¿Quién es ella?

Es una mujer joven de escasos 21 años de edad. Bajita de estatura, apenas alcanzara el metro con cincuenta. De complexión delgada, Cabello negro lacio, morena, nariz chata. Usa generalmente sombreros y boinas y su vestimenta es de tipo militar o negra al unicolor. Madre de 2 hijas de 5 y 6 años. Las cuales ya no viven con ella. Trabajó durante algún tiempo como dependiente de una tienda de autoservicio. Sin embargo, en estos tiempos no cuenta con trabajo estable. La familia de su ex esposo refiere que ella se prostituye a cambio de drogas y alcohol.

Su relato

Yo no conocí a mi padre. Soy hija natural y eso me ha marcado. Los vecinos y los parientes siempre han dicho que mi mamá era muy loca. A mí me han hecho menos, me han tratado como si no valiera nada.

Mis primos me decían que no tenía padre que había nacido de la tierra. 

Cuando era niña me la pasaba solilla porque mi mamá dormía todo el día y se iba a trabajar en las noches. Ella trabajaba como mesera en las láminas. 

En las mañanas la cuidaba porque ella se enfermaba mucho. Le daba vómito y le dolía la cabeza.

Yo no fui a la escuela porque no había dinero. Y me daba miedo dejarla sola en las mañanas.

Llegaba acompañada

Había noches que mi mamá llegaba acompañada de hombres. A veces se le olvidaba sacarme a la calle. La mayoría de las veces ahí me dejaba dormida en el cuarto. Nunca se me va olvidar lo que escuchaba. Al principio me daba mucho miedo porque pensaba que la estaban lastimando esos hombres, pero luego me fui dando cuenta de que no.

Niña embriagada

Tenía 10 años la primera vez que tomé. Esa vez uno de los hombres de mi mamá había dejado una botella en la casa. Yo me levanté y le tomé. Nunca había dormido tan bien. Por primera vez no me di cuenta de lo que pasaba con mi mamá y eso me gustó.

Escondí la botella y a la noche siguiente hice lo mismo, volví a dormir muy profundamente.

Muchas noches hice lo mismo. Después le robaba dinero a mi mamá y compraba anforitas o de plano me esperaba a que mi mamá se durmiera para robarles vino de las botellas que casi siempre llevaba.

Drogas

Al barrio de por mi casa llegaron unos chavalos nuevos y nos hicimos amiguillos. Ellos me enseñaron a meterle al chemo.

Yo les platicaba todo lo que pasaba con mi mamá y ellos también tenían sus broncas con su familia y con eso se les hacía leve.

Le empecé a poner al chemo y me sentía mareada y se me olvidaban las cosas de con mi mamá.

No era muy seguido. A veces cada viernes o sábado. Mi mamá no se daba cuenta porque casi no la veía. Se me resecaban mucho los labios y el sabor a resistol no se me quitaba. Había veces que mi  cara quedaba llena de resistol.

Me cuidaba

Conocí al padre de mis hijos cuando tenía como 13 años. Él me cuidaba, me daba consejos y me decía que ya no me juntara con los chemos. Si le empecé a hacer caso.

La mamá de él puso una tiendita ahí en el barrio y me iba a ayudarlos. Me daban dinero y su mamá me motivó a meterme a la escuela. Acabé la primaria y me metí a la secundaria abierta. Yo me sentía muy a gusto ayudándoles en la tiendita y sentía que ellos me querían. 

Me fui enamorando de él. Supongo que él también de mí porque un día me dijo que ya no me fuera, que me quedara con él.

Conflictos

Mi mamá dijo que mejor me casara con él.  Yo estoy segura de que su familia no quería.

A mí me veían como muy fea para él. Él me quería mucho, tanto que nos casamos hasta por la iglesia. Yo estaba muy morrilla, de a tiro 15 años. Cuando me di cuenta ya estaba embarazada.

Empezamos a tener muchos problemas porque él se desbalagaba mucho. No llegaba en veces hasta la mañana. Yo hablaba con su mamá para que le dijera que no estaba bien, que ya era un hombre casado y que tenía que estar en la casa. 

Su mamá me tiraba de loca y me decía que así eran los hombres, que me tenía que acostumbrar. Discutíamos mucho eran problemas y problemas. 

Durábamos 3 días bien y los demás de pleitos. En la tiendita vendían cervezas. Regresé a tomar para olvidar. Como él se salía yo empecé a hacer lo mismo y buscaba a los chemillos. Cuando llegaba él iba a buscarme y me llevaba borracha a la casa.

Drogas otra vez

Entre esos problemas resulté embarazada otra vez. Cada vez teníamos más problemas y todos eran por celos. Yo tenía mucho miedo de que me dejara por otra, porque yo me sentía muy fea y él está muy guapo. Como él tenía muchas amigas luego se iba con ellas o había unas que les valía e iban a la casa a buscarlo y él se salía con ellas.

Yo me empecé a meter mota porque eso me hacía sentir relajada. Empezaba a sentir muchos nervios, me daban ganas de tomar y luego sentía las ganas de meterme mota. 

Empezaba a pistear en la tardecilla a veces desde la mañana y ya para la noche estaba bien perdidota. Me llevaba a los niños porque mi suegra ya me había dicho que me las llevara. Se le figuraba que si me llevaba a las niñas me iba a contener.

Los perdí 

Las cosas empezaron a ir muy mal porque un día de mis borracheras perdí a las niñas.

Me fui con los camaradas del barrio y estábamos pisteando en la casa de uno de ellos. Yo no supe de mí y lo último que me acordaba es que la hermana de uno de ellos se las había llevado. Pero al día siguiente no las encontraba. La gente de mi marido nos ayudó a buscarlas, pero como le avisaron a la preventiva me echaron a los del DIF. 

Encontramos a las niñas, las habían llevado a la casa de mi mamá. Pero de ahí me pidieron el divorcio porque los del DIF nos recogieron a las niñas mientras se hacían las investigaciones.

Perdí todo

Yo he vivido en mucho dolor. Cuando yo tenía a las niñas, estaban flacas y maltratadas.
Yo no les tenía nada de paciencia. Y sé que no puedo ser una buena mamá para ellas porque las pongo en mucho peligro. Les pegaba por todo y no me levantaba a atenderlas.

Mi suegra era la que las andaba procurando. Cada vez que yo me iba a poner borracha y a drogarme las abandonaba. Me las llevaba y las dejaba o con mi mamá o con alguna vecina. Una vez duré tres días perdida y las niñas también estuvieron perdidas.

Entregué a mis hijos

Yo no quería divorciarme y tampoco quería ser una mala mujer. El dolor y la soledad me llevaron a meterme en las drogas, alcohol y malas compañías. Sé que por un churro de mota me prostituí y eso me costó mi matrimonio. De nada vale arrepentirse, ya hice mucho daño.

Cuando entregué a mis hijas a su papá, sentí que entregaba la vida misma. Me dieron la oportunidad de rehabilitarme y dejar de tomar y drogarme.

Busqué un trabajo, pero este vicio ha sido más fuerte que yo. Solo puedo ver un día a la semana a mis hijas y a veces ni las veo porque no tengo dinero ni para el camión o de plano amanezco todavía borracha.

Estoy yendo al psiquiatra y a rehabilitación para curarme y estar bien con mis hijas. Quisiera recuperar a mi marido y a mis hijas y tener otra vez mi familia.

Grandes pérdidas 

Cuando una mujer adulta es adicta, sus conductas de transgresión se manifiestan no sólo dentro del hogar, en las mujeres es mucho más cuestionado el hecho de ser adicta ya que la sanción social a la que se exponen es muy severa. Por ello, son frecuentes los sentimientos de culpa y de vergüenza que la obliga a ocultar su condición y sus redes de apoyo van desapareciendo.