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El Recreo

No hagamos cosas malas que parezcan peores

J. Luis Medina Lizalde
~
14 de Marzo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




ZACATECAS.- No es sano alegrarse del acelerado descrédito de la Delegación de Programas para el Desarrollo de Zacatecas y sus censadores (Servidores de la Nación).  Su misión es estratégica, no solamente operan la identificación de quién cumple  los requisitos para acceder a  beneficios de  distintos programas sociales sin el nefasto intermediarismo. Se busca eliminar causas de inseguridad  mediante la más ambiciosa reorientación del gasto público, a favor de los pobres, jamás emprendida en la historia de México.

Demoledor el impacto del audio que circula en redes llamando a formar comités de apoyo a favor de David Monreal indicando a servidores de la nación a que participen de bajo perfil. Eso daña  la credibilidad de la política social de López Obrador y se dan armas  a sus feroces detractores,  desmiente la separación tajante de las funciones gubernamentales y las del partido en el gobierno.

Actuar bajo la lógica del partido de Estado, es traicionar la histórica lucha por la democracia.

No se necesita ser un genio del análisis político para saber que Verónica Díaz  y  los delegados regionales saldrían políticamente minimizados de aquella reunión en un conocido hotel, encabezada por el senador Ricardo Monreal dónde los exhibió como peones electorales y soslayando su adscripción a la administración pública dependiente de un poder distinto al que pertenece el senador.

El tono electorero fue  tan intenso que Saúl, hermano menor, salió hecho una furia al escuchar la frase “destapando” a su hermano con aquello de “la tercera es la vencida”.   

La selección de la tropa censadora se hizo con  criterio de secta, todo sospechoso de simpatizar con  no alineados con la marca familiar fueron excluidos. 

La resistencia inicial de los gobernadores puso en la lupa conducta y capacidades  de los eufemísticamente llamados “súper delegados”. En Zacatecas, después de un período corto de luna de miel, vino el distanciamiento entre autoridades estatales y la “súper delegada”.

No me ayudes, compadre

López Obrador se echó encima a los afectados por sus decisiones encaminadas a suprimir privilegios y desterrar corrupción,  disponen de un ejército de plumas, cámaras y micrófonos que  a diario cuestionan al gobierno  y que desde ya, quieren  debilitar al presidente confiando en que con su perseverancia lograrán derrumbar su enorme popularidad.

Tal reacción era previsible, cualquiera sabía  que enfrentar la corrupción que se apoderó del país significa peligro, desafío, riesgo, por eso no cualquiera le entra.

La conciencia de esta realidad debería inspirar a los incorporados al gobierno, una conducta ejemplarmente honesta para no dar de qué hablar a los feroces detractores de López Obrador.

¿Acaso no saben que cada falla de algún empleado de rango modesto o elevado se magnifica no para dañarlo a él sino para pegarle al presidente? Por eso es inadmisible la instrumentación de estructuras públicas para promover candidaturas.

La lucha contra la descomunal corrupción es de todos los mexicanos hartos de la misma, para ello no existe otra fórmula que el apoyo crítico al nuevo régimen, la oposición, el periodismo ético y la ciudadanía sin partido tienen una responsabilidad clave en la vigilancia crítica del quehacer gubernamental, pero los propios partidarios del presidente no pueden cerrar los ojos ante lo que se haga mal si quieren que su lucha no termine en una gran decepción.

Hay diferencias de los servidores de la nación con los empleados que antes operaban programas sociales, antes repartían despensas, becas, pensiones ahora solo reparten tarjetas para que el beneficiario cobre directamente, antes podían borrar o incluir a su antojo, ahora no lo podrán hacer, sin embargo, la más importante diferencia es que antes el Presidente de la República ni en el mundo los hacía y ahora conocen día con día lo que espera de ellos, por eso la mayoría repudia  en forma pasiva o activa toda directriz ajena a la encomienda institucional de su líder, la sociedad vigila, los partidos políticos también, ahora la denuncia de malas conductas está al alcance del que le consta. 

Ya no es como antes

La  instrumentación electorera es contraproducente para quién la pretende, la línea institucional llega a la población como nunca antes, el censador y el censado saben lo que se vale y lo que no, lo desviado  debe castigarse con ejemplaridad.

Los activos de la Cuarta Transformación se ubican en dos campos, unos en el gobierno y otros fuera del mismo, ya sea en Morena o al margen del partido, marchan por el mismo rumbo, pero  cada quien en su banqueta, se puede estar en un campo u otro, cambiar de un campo a otro, lo que no se puede ni se debe, es estar al mismo tiempo en ambos campos.

La mayoría no confunde nación con facción.

Ni a partido con gobierno.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.