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Historias de Lobos

Mi delito... sentir diferente

Ivonne Nava García
~
17 de Marzo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / "Un día cuando yo tenía 11 años se llevó mi inocencia."

ZACATECAS.- En las parejas y en las relaciones formadas por dos hombres o dos mujeres se dan situaciones reales de violencia, tanto física como psicológica.

Las parejas homosexuales no sólo experimentan las presiones normales de una relación, sino que también tienen que enfrentarse a la sociedad en general.

Esta historia es la de un joven que durante su vida ha sufrido diversas formas de violencia.

Oportunamente encontró la asesoría necesaria para librarse de una relación dependiente que lo pudo llevar a perder la vida. 

Su historia muy personal

Crecí en un ambiente familiar muy hostil, de grandes carencias de todo, pero de todo. La mayor carencia fue tener un papá, padrastros hubo varios, tres para ser exactos; de cada padrastro hubo hermanos. Yo creo que nomás usaban a mi mamá para vivir un rato con ella y luego en cuanto nacían los chamacos se fueron, no sin antes destrozarme la vida.

Mi papá se murió cuando yo tenía 2 años según me dijo mi mamá, dijo que trabajaba en el ejército y que lo mataron, yo nunca he podido encontrar su tumba. Mi mamá jovencita, bonita y con un hijo, era blanco fácil para los depredadores que prometían todo y solo se llevaban algo. 

A este hombre yo lo vi como mi papá lo quería y en él encontraba protección. Las cosas iban bien pero no sé qué problemas tuvo y cuando mi mamá estaba embarazada de mi segundo hermano lo metieron en la cárcel de Baja California, lo andaban buscando y le dieron 25 años. 

El segundo “papá” que mi mamá nos consiguió, era un hombre alcohólico y estoy seguro drogadicto.

Golpeaba a mi mamá y a nosotros por todo. A mi mamá la mandó un día al hospital y perdió al bebé que esperaba. Un día simplemente se fue y resultó un alivio para nosotros. Mis tías le decían a mi mamá que ya le parara que no anduviera metiendo hombres a la casa, porque un día iba a pasar algo muy grave. 
 
Ese día llegó 

Mi mamá había encontrado trabajo en un restaurante y ahí conoció a ese hombre, al principio la trataba muy bien, nos compraba muchas cosas y nos llevaba de paseo. Estábamos muy contentos porque creíamos que ahora si todo iba a cambiar y que ya éramos felices. Ya tenía una familia feliz, compró muebles nuevos y nos llevaba a la escuela a todos.

Todo cambió 

Yo creía que era su consentido, porque me trataba mejor que a todos. Siempre me llevaba con él y yo me sentía muy feliz. A mí me daban ganas de abrazarlo, pero algo me detenía. Un día que fuimos a recoger a mi mamá al trabajo, me iba diciendo que él me quería mucho y que por mó hacía todo eso, me acuerdo muy bien que me dijo que yo tenía que ser bueno con él. Yo le decía que sí, yo lo quería y quería que estuviera contento. Solo tenía 10 años. Me decía que yo era un niño muy “bonito” y yo le decía que era guapo, que las niñas eran bonitas.

Un día me dijo que lo acompañara a su casa que tenía sola. Que íbamos para checar que todo estuviera bien. Fuimos, cuando estábamos ahí él me acariciaba la cara y me decía que le diera un beso. Yo se lo di en el cachete y él me dijo que no, que así no y me besó en los labios. Fue una sensación muy rara, porque yo sabía que estaba mal, pero yo lo quería mucho. 

Yo no le dije nada a mi mamá, yo no quería que él se fuera a ir, que nos fuera a abandonar. Me siguió llevando a esa casa y me acariciaba y me decía que él me quería mucho y que no fuera a decir nada porque era nuestro secreto.

Un día cuando yo tenía 11 años se llevó mi inocencia. Fue muy feo y muy confuso, porque yo me sentía sucio y sentía que estaba traicionando a mi mamá, pero por otro lado yo no quería que ese hombre nos fuera a dejar porque él nos trataba bien. Fueron 2 años de esa situación. Mi mamá no sospechaba nada y yo cada vez le agarraba como coraje porque no se daba cuenta. En la escuela yo sabía que les decían “jotos” y “maricas” a los chavos que les gustaban los hombres o que parecían mujeres. 

Yo no les decía nada para que no me fueran a agarrar de su burla. Pero de repente me decían que parecía muñequita. 

Lo enfrenté 

Yo ya tenía 13 años y un día enfrenté a ese señor. Le dije que ya no quería que me hiciera eso porque ya era un hombre y él se burló de mí. Me dijo que siempre sería una mujercita. Él sigue viviendo con mi mamá, yo me fui a vivir con mi abuela, pero nunca pude estar con una mujer. Les tenía como coraje porque mi mamá no se dio cuenta de lo que pasaba conmigo.

Su vida de adulto 

Fue muy difícil aceptar que yo ya era gay. Aceptar que no me gustaban las mujeres, salía con las chavas, pero no me gustaban, me divertía mucho con sus pláticas y cuando andaba con los chavos me gustaban. Una vez cuando estaba en la prepa se las canté a uno y me partieron la madre.

De joto no me bajaban y dejaron de juntarse conmigo. Una vez trataron de violarme y me fui relegando. Dejé de ir a la escuela por lo mismo y me puse a trabajar en una estética. 

Ahí conocí a mi pareja, me enamoré desde la primera vez que lo vi. Él también se enamoró de mí, pero tiene doble vida. Nadie de su gente sabe y yo no lo quiero perjudicar. Nos fuimos a vivir juntos, como “amigos” ante la sociedad. Pero en realidad era su amante, porque él está casado. Me decía que me amaba y yo era muy feliz. 

Lo malo era cuando llegaba borracho. Se transformaba y me insultaba muy feo, me decía cosas horribles, me decía que le daba asco, que ya me había puesto gordo y feo, me decía que por mi culpa su vida se había arruinado y me pegaba a puño limpio. Yo no podía hacer nada. Estaba muy lastimado, porque yo sí lo amaba. 

Cuando se le pasaba su coraje, llegaba a la casa y me pedía perdón, salíamos y la pasábamos bien, íbamos a fiestas y todos decían que nos tenían envidia porque nos veíamos muy enamorados. Así duraba un ratillo, pero yo creo que la esposa lo hacía enojar y la desquitaba conmigo. 

Todo empeoró 

Un día casi me mata con una plancha, me golpeó en la sien y perdí el conocimiento. Fue cuando traté de buscar ayuda, pero me decían en el Ministerio Público que no podían ayudarme, porque yo no quería que se supiera que éramos pareja y como no tenía lesiones me decían que mejor me alejara de esa amistad. Tampoco lo quería meter a la cárcel. 

Como si fuera tan fácil. Cuando uno se enamora se enamora y no vale nada de lo que le digan a uno. Uno en esta situación tiene que tolerar muchas cosas humillantes, porque no lo aceptan a uno. Y uno no tienen la culpa de ser así; de ser gay, simplemente se siente y ya. Tampoco es sencillo encontrar una pareja y estar bien, por eso hay tanta promiscuidad porque no puede uno establecerse con una pareja y ser bien visto por la sociedad. 

En el Ministerio Público sí me hicieron un bien, porque me enviaron a terapia. Yo ya comprendí de donde viene todo mi problema. Yo no puedo permitir que me pisoteen por cariño. Y tampoco puedo permitir que me golpeen ni que me humillen. Aunque tenga preferencias diferentes, no significa que no soy humano y que no siento. Nos tachan de lo peor y a veces tienen razón, pero no todos somos malos.

Sé que debería denunciar a la pareja de mi mamá por haberse aprovechado de mí, pero ya pasó, yo ya lo perdoné. Me gustaría tanto que no nos juzgaran tan feo, de verdad que se sufre mucho por no ser “normal”.
 
Violencia intragenero 

Esta violencia, llamada intragénero, permanece en el anonimato lejos de estadísticas y números, en la mayoría de los casos, porque las propias personas que la sufren no lo manifiestan ni la dan a conocer, y en otros porque a la propia sociedad, y en concreto a los agentes sociales les cuesta creer que exista violencia de género en las relaciones lésbicas y homosexuales.

En las relaciones entre personas del mismo sexo un hecho adicional susceptible de ser utilizado para controlar al otro/a es su homosexualidad o lesbianismo bajo chantaje de hacer pública su orientación sexual.

En una sociedad en la que todavía hoy hay muchas personas homosexuales y con otras preferencias que no se atreven a reconocer públicamente su orientación, esta cuestión se puede convertir en un elemento más para ejercer el control, en este caso el temor constante de la víctima a verse “descubierto/a” en su entorno más cercano se convierte en una amenaza que le paraliza totalmente.

La invisibilidad que rodea estas situaciones de violencia puede ser debida a varias razones:

  • a) Las propias víctimas y/o agresores/as no se identifican como tales.
  • b) El miedo a denunciar y revelar la orientación sexual.
  • c) La homofobia social que, en muchos casos, dificulta a los agentes sociales la intervención y la protección de la persona homosexual agredida.