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El Día del Señor

Dios es misericordioso, ama y perdona a sus hijos pecadores

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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31 de Marzo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Dios no quiere la muerte de los pecadores, sino que se arrepientan de sus pecados.
Cortesía / Dios no quiere la muerte de los pecadores, sino que se arrepientan de sus pecados.

ZACATECAS.- Hoy celebramos el cuarto domingo de Cuaresma y ya estamos más cerca de la
Pascua de Resurrección, a la cual este tiempo de reflexión, arrepentimiento y cambio de vida, nos está preparando.

Las lecturas bíblicas de este domingo, nos centran en el tema de la misericordia, con la cual Dios nos perdona y nos restablece en su amistad, para recomenzar una vida cristiana renovada y fiel a la voluntad divina.

Efectivamente, Dios, nuestro Padre, no quiere de ninguna manera la muerte de los pecadores; desea definitivamente, que se arrepientan de sus pecados, que nos alejan de él y vuelvan a su presencia amorosa para recibir el abrazo amplio de su perdón y su infinita misericordia.

Fijaremos nuestra atención sobre todo en el evangelio que nos describe detalladamente la parábola del “hijo pródigo”, quien peca gravemente contra el cielo y contra el Padre bueno y fiel quien acoge amorosamente y perdona a ese hijo pecador y verdaderamente arrepentido, quien vuelve a su lado en la casa paterna. Pasemos pues al corazón doctrinal de nuestra homilía.

La parábola del “hijo pródigo”, según San Lucas y que hoy se proclama como evangelio, es un resumen de la historia de la salvación y una síntesis de la historia personal de cada creyente. Es una página sublime de la literatura bíblica, auténtica radiografía del corazón de Dios. 

Los destinatarios primeros de esta parábola del amor del Padre en la boca de Jesús, fueron los fariseos y los letrados que lo criticaban por tratar con gente de mala fama, como eran los publicanos y otro tipo de gente pecadora. Cabe decir que la finalidad, por tanto, es la autojustificación de Jesús en su conducta, Él nos viene a decir: Yo hago lo mismo que hace Dios, quien ama a los pecadores arrepentidos, por muy despreciables que sean.

Así pues, la misericordia de Dios es el mensaje central de la parábola que nos ocupa, cuyo desarrollo tiene dos partes bien diferenciadas, correspondiente la primera al hijo menor, “el pródigo”, que se emancipa de la casa paterna, fracasa al dilapidar la herencia que exigió a su padre que se la diera al irse a tierras lejanas portándose pecaminosamente; la segunda se refiere al hijo mayor, que estando siempre con su padre en la casa familiar y que se queja del comportamiento de su padre y de su hermano. 

El padre completa el trío de protagonistas con sus hijos: el menor y el mayor, manifestándose rico en piedad y misericordia. 

De esta manera es el personaje central de esta parábola, porque actúa por un amor paterno limpio, generoso y sin acepción de personas. Ama entrañablemente al hijo menor pecador y que se arrepiente de su mala vida, acogiéndolo con abrazo efusivo y cubriéndole de besos; hace fiesta por haberlo recuperado, había vuelto a la vida, después que lo creía muerto.

La segunda parte de la parábola, con la intervención desafortunada del hermano mayor, podría parecer superflua, porque la primera tiene sentido completo y termina la acción narrada.

Obispo emérito de Zacatecas*