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El Recreo

Buscando respuestas

J. Luis Medina Lizalde
~
04 de Abril del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




ZACATECAS.- El suicidio del escritor y músico Armando Vega Gil, fundador del grupo de rock Botellita de Jerez conmociona al movimiento mundial de denuncia del acoso sexual a la mujer, el popular intelectual no toleró ser acusado por alguien que no dio la cara cuando su nombre padeció el linchamiento mediático instantáneo que sufre quien es señalado de incurrir en agresión sexual. 

Se conocen muchos casos de individuos que han sido despedidos de su trabajo o que han llegado al final de su carrera pública, como artistas o políticos, amargados por el alud de desprestigio originado en acusaciones de índole sexual, el caso más reciente de una personalidad internacional sumido en la deshonra es el de Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz.

La denuncia pública del acoso es consecuencia de la incapacidad de las autoridades para castigar conductas punibles de índole sexual, pero creo que el famoso #MeToo ya recorre un sendero contrario a sus fines originales al no tomar medidas que impidan la utilización del movimiento por personas inescrupulosas. 

Muchos medios de comunicación carecen de filtros para verificar la identidad de los denunciantes y suelen publicar falsedades sin remordimiento alguno e inclusive, una vez demostrada la falsedad, son incapaces de una rectificación pública.

En los Estados Unidos es frecuente la estrategia de interponer denuncias judiciales contra políticos poderosos en situación de perder su futuro si no acuerdan “con mis abogados”, como las relaciones sexuales hetero - bi-  u homosexuales se acostumbran sin testigos, el escenario que se impone es el de “mi palabra contra tu palabra” en dónde una parte no tiene nada que perder y la otra todo.

También se presenta el cuadro contrario, connotados acosadores suelen defenderse señalando a su víctima de pretender extorsionar cuando se trata de una denuncia plenamente veraz.  

Llegar a la verdad reclama arduas investigaciones, mientras tanto, nadie debería dar su veredicto de culpabilidad o inocencia, mucho menos los que desde la tarea del periodismo tienen una elevada responsabilidad moral, la presunción de inocencia tiene un sentido de justicia que a todos nos debiera resguardar, pero pocas, muy pocas esperanzas tenemos cuando quien acusa sin más sustento que su propio dicho permanece en el anonimato hasta para el propio medio de comunicación. 

¿Qué es lo que falla?

Las feministas mexicanas bien harían en reflexionar sobre lo poco efectivo que ha resultado haber sacado el discurso feminista de los estrechos círculos universitarios de los años 70 del siglo 20, para instalarlo (el discurso) en el aparato mediático de masas y a que el propio presidente Vicente Fox atendió el lenguaje de “los y las”, no obstante la postura en contrario de la Real Academia Española, santuario del conservadurismo hispano-americano, más allá de eso, la violencia contra la mujer es imparable y cada vez más cruel, violaciones, acoso, ácido en el rostro, feminicidios  en número récord, discriminación salarial y un largo etcétera. 

Los mexicanos somos tan machos o más que cuando la inmensa mayoría no sabía ni leer ni escribir ¿Cómo explicar tan contundente derrota cultural del feminismo? ¿Por qué no arraiga en la mayoría de las mujeres la agenda feminista?      

Es mi convicción que los contenidos ideológicos de cine y televisión siguen siendo muy contrarios a la igualdad de género, que la cultura machista no tiene un verdadero cuestionamiento en medios de comunicación, en las aulas y las iglesias, que el estado mexicano ha sido omiso ante la dramática opresión de género, que el acoso está normalizado, que las mujeres pobres, las campesinas y las indígenas viven situaciones más adversas aún y que los partidos políticos han sido reproductores de la cultura dominante, por eso es urgente asumir que  #MeToo debe depurar su desempeño para que perdure, que como toda iniciativa social siempre correrá el riesgo de utilización inescrupulosa.  

El estado mexicano se ha desentendido del tema, prueba de ello son las constantes barreras que las mujeres víctimas encuentran en el laberíntico aparato de justicia, barreras que las victimizan doblemente, la burocracia creada para atender la situación de la mujer frecuentemente se concentra en actos académicos y rutinas auto-celebratorias alejadas del drama de las mujeres de carne y hueso que son acosadas, maltratadas o discriminadas. 

Amachado machismo

La creciente participación de la mujer en cargos públicos dará sus frutos si quienes acceden a la función pública no se dejan contaminar de los vicios dominantes en la política mexicana históricamente a cargo de los hombres, que aporten su sensibilidad e inteligencia para revisar crítica y autocríticamente una visión feminista que sigue sin calar hondo en una sociedad trágicamente machista. 

No nos equivoquemos, no es cuestión de mujeres, sino de todos pues como dijera Marx: “quién  oprime a la mujer se oprime así mismo”. 

Nos encontramos el lunes en El Recreo.