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El Día del Señor

Jesucristo ofrece el perdón que regenera

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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07 de Abril del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Para el perdón de Jesucristo no existen excepciones, todos los arrepentidos lo tienen.
Cortesía / Para el perdón de Jesucristo no existen excepciones, todos los arrepentidos lo tienen.

ZACATECAS.- Estamos ya en la recta final de la Cuaresma, celebrando el quinto Domingo de este tiempo. 

El tema de este domingo es el perdón que Jesús ofrece a todos los pecadores, sin acepción de personas, siempre y cuando se conviertan de su vida pecaminosa y puedan entonces vivir la vida regenerada por la gracia y la misericordia del Señor, quien siempre está dispuesto a consolar, animar y llenar de paz a los que se arrepienten leal y sinceramente. 

Ya desde el domingo pasado constatábamos de qué manera tan generosa y llena de amor misericordioso, Dios Padre perdona al “hijo pródigo” asimilando la hermosa parábola que nos narra con detalles conmovedores el evangelio de San Lucas.

Y ahora, en este domingo, el evangelista San Juan, nos ofrece vivamente la narración acerca de la pobre mujer, descubierta en flagrante (evidente y que no necesita pruebas) adulterio, acusada por escribas y fariseos ante Jesús, para ponerlo a prueba y poderlo desprestigiar en su misión evangelizadora de amor, misericordia y perdón. 

Los invito pues, a que abordemos el tema de nuestra presente homilía, descubriendo con nueva fe iluminada, el perdón que Jesús ofrece para regenerar y dignificar a los pecadores que tanto necesitan de comprensión, paz y gozo que brotan del corazón del Señor, con infinita apertura de amor hacia los pobres pecadores.

Nuestro Señor ofrece siempre el perdón

La escena evangélica que nos presenta San Juan, es introducida por los escribas y fariseos que le traen a Jesús a una mujer sorprendida en evidente adulterio, merecedora de pena de muerte a pedradas según la ley de Moisés, el gran legislador del pueblo de Dios en el antiguo testamento y que los escribas y fariseos, se consideraban auténticos intérpretes y ejecutores de esa ley. Así, los que acusaban a la mujer adúltera, intentaban poner a prueba a Cristo. 

Su intención, además de capciosa, era claramente discriminatoria: ¿Porqué hacer caer sobre la mujer todo el rigor de una ley, que según el Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia del Antiguo Testamento) era igual para los dos cómplices: hombre y mujer adúlteros?

Mientras le acosan sus interlocutores, Jesús, Dios y hombre verdadero, se tomó con calma sorprendente un tiempo de ventaja escribiendo en el suelo. 

¿Qué era lo que escribía Jesús inclinado sobre el suelo? Quizá escribiera la frase que, incorporándose, lanza a sus enemigos, tratando de destruir la trampa que le tienden los hipócritas celadores de la ley: “El que esté sin pecado que le tire la primera piedra”. 

Al oír esta sentencia de Jesús, los acusadores de la mujer adúltera, se fueron retirando comenzando por los más viejos, hasta quedar Él solo con la mujer. 

Entonces Jesús le preguntó: mujer, ¿dónde están los que te acusaban?, ¿ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más.

Obispo emérito de Zacatecas*