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El Día del Señor

Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
~
14 de Abril del 2019 10:53 hrs
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Con este gran Domingo de la Pasión del Señor, estamos ya comenzando la Semana Santa de este año 2019. 

El tiempo de la Cuaresma se ha terminado y la Iglesia al ofrecernos con Cristo, el perdón de los pecados y nuestra renovación con la gracia abundante de la Pascua, nos hace crecer espiritual y corporalmente, tanto en lo individual como comunitariamente. 

La celebración litúrgica de la Pascua de Resurrección, nos abre definitivamente la puerta de nuestra salvación para el tiempo y la eternidad. 

Como cristianos, peregrinos por esta vida y este mundo, hemos llevado a cabo la procesión con la cual celebramos solemnemente, la entrada de Jesucristo en la ciudad de Jerusalén, como rey humilde en camino hacia su pasión y muerte en la cruz y después resucitar lleno de esplendor y vida plena, para reinar sentado a la derecha del
Padre para toda la eternidad. 

De esta manera, Cristo nos invita a estar unidos a él, como vida y resurrección nuestras, superando las pruebas y dificultades que nuestra existencia terrena nos hace experimentar, incorporados también a la pasión y muerte suyas, a partir de nuestro bautismo y demás sacramentos e iluminados con sus palabras de vida eterna.

Significado de la pasión del Señor
Tomando en cuenta las primeras lecturas de este domingo, podremos entonces profundizar más, el sentido y el significado de la Pasión del Señor, que hoy nos relata San Lucas, como camino que lleva por su cruz y muerte a la gloria esplendorosa de su resurrección de entre los muertos.

Cristo Mesías, entra en Jerusalén con una actitud humilde y sencilla y así recibe las aclamaciones de la multitud.
En efecto, Cristo se manifiesta como el siervo doliente y paciente de Dios, según la primera lectura de Isaías (1ª. Lectura) y también a pesar de su condición divina, se abajó haciéndose siervo de Dios y de los hombres y cumpliendo la voluntad de su Padre y alentado con fortaleza por la acción poderosa del Espíritu Santo, siendo obediente hasta la muerte y muerte de cruz (2ª. Lectura). 

Cristo se humilló para salvar a los hombres del pecado y la muerte eterna, por eso “a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de siervo y esclavo, pasando por uno de tantos. Y así actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte ignominiosa de cruz”. Por esto que acabamos de decir “Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre sobre todo nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.

“Por nosotros y por nuestra salvación”, decimos en el Credo, Cristo se hizo hombre, padeció, murió voluntariamente y resucitó. 

Él muere no porque así lo quieren sus enemigos, sino que Él mismo, con amor humano y divino, sin límites, libremente se inmoló, por esto lleno de luz y sabiduría, afirmó: “nadie me quita la vida, sino que yo la entrego libremente”. 
Esto lo dijo para reforzar y aclarar que es el Buen Pastor que por amor, da su vida por las ovejas de su rebaño.

Ante la pasión y muerte del Señor, no permanezcamos insensibles e indiferentes
La lectura de la Pasión del Señor nos habla elocuentemente por sí misma, que se impone el silencio para meditarla y hacerla vida por la fe revigorizada con el amor y la pasión de nuestro buen Jesús. 

Estemos pues, dispuestos para participar comprometidamente en las celebraciones de hoy y la Semana Santa, dándole la importancia que sea conveniente para nuestra vida espiritual cristiana. 

Y que la Resurrección de Jesucristo, corona inmortal de su pasión y su muerte, nos impulse a vivir con esperanza firme para que nuestras acciones en esta vida transitoria, sean para vivir en la paz que Cristo nos da, en medio de las pruebas difíciles que ahora afrontamos; no dudemos en la eficacia de la ayuda divina como fruto de nuestra participación en la Iglesia y para el mundo, con todos sus retos positivos y negativos.

¡Compartamos ya desde estos días, nuestro caminar hacia la Pascua de Resurrección!