×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



X

Feria de Jerez 2019

El botín charro, una vocación para los Navarrete

Evodio Cabral
~
20 de Abril del 2019 00:00 hrs
×


Compartir



Liga Corta




La elaboración es completamente artesanal.
Evodio Cabral / La elaboración es completamente artesanal.
Arturo Navarrete combina la docencia con el oficio familiar que le fue enseñado por su padre.
Evodio Cabral / Arturo Navarrete combina la docencia con el oficio familiar que le fue enseñado por su padre.

JEREZ.- Décadas atrás, Jerez producía más del 90% del botín charro que los jerezanos utilizaban no sólo para las festividades de feria, sino durante todo el año; la existencia de al menos una decena de talleres, daba cobertura en la demanda local, pero además surtía a zapaterías de otros lugares.

No obstante, el botín charro que es hoy por hoy un producto de identidad para el Pueblo Mágico,  contribuyó durante la segunda mitad del siglo XX, al sostenimiento de la economía, generadora de muchos empleos.

La empresa de la familia Navarrete es una de las que cobraron mayor fuerza sobre todo por su capacidad de atender los pedidos especiales.

Manuel Navarrete Arellano llegó con su familia en 1970, proveniente de Mezquitic y echó a andar los conocimientos que adquirió en su propio lugar de origen y en Guadalajara.

Ingresó a trabajar en el conocido taller de José del Río, ubicado cerca de la calle del Santuario.

En 1976, abrió su propia empresa en la colonia Guadalupe, sus hermanos Pedro y Miguel también ejercieron el oficio.

Hace tres años, a la muerte de don Manuel, el fundador y líder  de la empresa familiar y años atrás de su hermano Miguel, su hijo menor Arturo Navarrete Trujillo  decidió tomar la estafeta.

Los botines que se elaboran en el taller son completamente artesanales: con la utilización de pinzas de montar y tachuela para restirar la piel sobre la horma; la única maquinaria que se utiliza es la cortadora de tacones y suelas y la de coser cortes.

En las épocas de mayor demanda que fueron los últimos 24 años del siglo pasado, los Navarrete llegaron a tener hasta diez trabajadores para dar atención a las solicitudes de la clientela durante todo el año.

En los archivos de la zapatería, permanecen intactos los cuadernos en los que se anotaban los nombres y medidas de quien mandaba hacer algún par de botines: expresidentes municipales, sacerdotes, maestros, naturalmente que charros y muchos más se encuentran anotados en esas hojas, con la medida del pie en centímetros, en algunos casos el empeine, la anchura de los dedos e incluso si tiene algún cayo, debe ubicarse con exactitud y resolverlo de origen, para evitar que el uso del botín le moleste, por eso son medidas especiales.

En el taller existe una variedad  en color y tipo de piel, así como  en la forma y estilo; el botín charro es único, pero puede pedirse como es el original de esta tierra, con la tira de refuerzo al frente y atrás o liso; con cerquillo o sin cerquillo e incluso peticiones especiales como tacón cubano u otros.

El material

Todo es piel, salvo la tapa y la suela que son de hule, además, conserva la estructura auténtica, planta de baqueta al igual que el contrafuertes, además de casquillos reforzados; entre la suela y la planta llevan el refuerzo de una costilla de acero y se concluye con finos acabados

Posiblemente sea la única de los cuatro talleres que sobreviven en Jerez que todavía realiza trabajos sobre medida, aunque la demanda es menor en muy alto porcentaje, con respecto a los grandes años de bonanza.

Para la cabalgata del Sábado de Gloria, existen  los pedidos especiales, pero regularmente los cliente que conservan de muchos años, optan por lo que se les ofrece en el aparador.

Arturo Navarrete Trujillo heredero de una importante tradición, está dispuesto a no dejarla morir, mientras su capacidad física le permita, pues por ahora combina la actividad docente, con el oficio familiar que ama y conoce.