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El Día del Señor

Jesucristo resucitado, vive para siempre en medio de su pueblo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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28 de Abril del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




El pueblo representa la Iglesia instituida por Cristo.
Cortesía / El pueblo representa la Iglesia instituida por Cristo.

Teniendo en cuenta las lecturas bíblicas de este domingo se concluye una realidad básica: la comunidad cristiana desde sus inicios históricos, debe aparecer como signo vivo de Jesucristo resucitado, quien vivió y vive para siempre en medio de su pueblo. 

Este pueblo, rescatado de la muerte por la sangre derramada por Jesús en el ara de la cruz y luego con su resurrección de entre los muertos, es la Iglesia instituida por Cristo, que surge precisamente de la fuente de su gloriosa resurrección y nace del bautismo en el Espíritu Santo; es la comunidad de los creyentes en el resucitado, que vive intensamente en el amor y testimonia la victoria de la fe sobre el mal del mundo. 

Explicaré en mi homilía, cuatro aspectos fundamentales, de una comunidad verdadero signo de Jesucristo resucitado y continuamente animada por el Espíritu Santo.

Cuatro rasgos de una comunidad, signo de Cristo resucitado

Comunidad de fe: congregada y constituida como asamblea por la palabra que anuncia a Cristo y su evangelio, ya que la fe nace del mensaje de la evangelización que es el anuncio de Cristo mismo. 

Además, la fe se vive en comunidad como don que todos los creyente en Dios Padre y en su Hijo Jesucristo con la efusión del Espíritu, recibimos en el bautismo, que nos libra del pecado y nos congrega para vivir imitando la vida de Jesús y es lo que mantiene a la comunidad cristiana en todo el mundo universalmente y en cohesión interna presidida por los pastores: es la fe de Cristo resucitado que vive ayer, ahora y siempre, en medio del mundo y particularmente en medio de su pueblo como congregación en el amor que se irradia testimonialmente con pensamientos, palabras y obras de misericordia.

Comunidad de vida y amor: Los creyentes de las primeras comunidades cristianas, tenían un solo corazón y una sola alma, vivían tan unidos en donación y amor fraternos que lo que poseían lo ponían en común para que a nadie le faltase lo necesario y conveniente para vivir dignamente y de acuerdo a las necesidades de cada uno y contando con sus familias.

Comunidad eucarística y de oración: Los primeros cristianos eran constantes en la fracción del pan y en las oraciones. La eucaristía ya era desde entonces, la cumbre de la vida comunitaria y cultual; por eso desde el principio, según el deseo y el mandato de Jesucristo, la cena del Señor se celebró en todas las comunidades de la cristiandad primera. Por esta razón, la Iglesia de todos los tiempos hasta el nuestro, entiende y vive que sin eucaristía viva y eficaz, no puede haber ninguna asamblea propiamente cristiana. 

La fe en la eucaristía como presencia real, verdadera y substancial de Cristo, es venero de donde brota y culmina la oración que por otra parte, ha de ser el clima de toda la vida de la comunidad y de cada uno de sus miembros.

Comunidad misionera: Cristo presente en su Iglesia con los rasgos que hemos explicado arriba, envió a sus apóstoles a predicar por todo el mundo la buena nueva del Reino de Dios y a dar con su vida testimonio de la fe en él. 

La misión o envío de Cristo es inherente a todos y cada uno de los que creemos en él a partir de nuestro bautismo y demás sacramentos, llevando la pala- bra de Dios a todos los rincones de la tierra. El que crea se salvará y el que no crea se condenará, nos ha dicho Jesús.

Obispo emérito de Zacatecas*