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El Día del Señor

Jesús resucitado se aparece por tercera vez a sus discípulos

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba
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05 de Mayo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




La resurrección de Cristo es un mensaje de fe y amor para el mundo.
Cortesía / La resurrección de Cristo es un mensaje de fe y amor para el mundo.

El evangelio de este domingo nos refiere una nueva aparición de Jesucristo resucitado, fue la tercera vez; con nuestra homilía queremos contemplar y asimilar espiritualmente las enseñanzas que la palabra de Dios nos ofrece, para reforzar nuestra fe y testimonio que debemos dar al mundo acerca de la resurrección de Cristo.

Él vive siempre entre nosotros, su pueblo escogido y siempre despierta con su gracia, nuestro compromiso misionero para proclamar al mundo el plan de salvación, que el Padre por Cristo hecho hombre, revela a todas las naciones.

Adentrémonos pues en el contenido doctrinal que el evangelio de hoy nos presenta.

Elementos que doctrinalmente
nos ofrece el evangelio de San Juan

En la narración de este evangelio, advertimos dos escenas independientes en cuya acción es protagonista el apóstol Pedro, pero en segundo lugar con respecto a Cristo: 1.- Aparición de Jesús a sus discípulos. 2.- Conversación de Jesús con Pedro. La aparición de Cristo a sus discípulos, contiene dos secciones: la pesca y la comida. También la conversación con Pedro tiene dos momentos: 1.- Rehabilitación del Apóstol quien recibe de Cristo una misión pastoral que destaca; 2.- El anuncio que Cristo le hace a Pedro sobre el martirio que habría de sufrir al final de su vida y sellado por su fidelidad hasta la muerte.

Después de la resurrección de Cristo, sus discípulos vuelven a su vida ordinaria. Retoman el trabajo de pescadores que ya eran. Habían tratado de pescar toda la noche y no habían pescado nada.

Jesús, al amanecer se hace presente a la orilla del mar; sus discípulos no lo reconocieron. Jesús inicia el diálogo, diciéndoles: “Muchachos, ¿han pescado algo? Ellos contestaron: ¡No! Entonces él les dijo: Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces.

Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados”.

El primero que reconoció a Jesús, fue el discípulo (Juan) a quien amaba el Señor, quien luego dijo a Pedro: “Es el Señor”.

Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.

Nos dice el evangelio, que tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes.

Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió  la red. Luego les dijo Jesús:

Vengan a almorzar. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Quién eres?, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó tomó el pan y se los dio y también el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Toda esta narrativa pascual que Juan nos proporciona, nos hace vivir con el Señor y sus discípulos en aquella hermosa mañana a orillas del mar y al amanecer. Así nosotros, también discípulos de Jesús en el amanecer de su gloriosa resurrección, estamos reconociéndolo con su palabra, con el pan y el vino de la Eucaristía, presencia de Jesucristo, ahora con nuestra visión de fe, y para el futuro con nuestra contemplación directa del Señor en la gloria del cielo y en el amanecer esplendente de luz y vida eterna.