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Historias de Lobos

Mi delito... ser inmadura

Ivonne Nava García
~
12 de Mayo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




El embarazo en su adolescencia no es el único problema que le ocasiona este sujeto.
Cortesía / El embarazo en su adolescencia no es el único problema que le ocasiona este sujeto.

Un sujeto de 22 años, sin trabajo, buscador de la vida fácil, que solo pudo completar la primaria ya que lo corrían de las escuelas por su pésimo comportamiento, busca la manera de manipular y engañar a su víctima para aprovecharse de ella en todos los sentidos. Una jovencita de 15 años, con los problemas propios de su edad, cae en la manipulación de este sujeto. El embarazo en su adolescencia no es el único problema que le ocasiona este sujeto. Su vida se ve trastornada por haber creído en él.

La historia 

Conocí a este tipo cuando solo tenía 15 años, me dio su nombre, pero se cambió los apellidos, primero me dijo que tenía 18 años, luego 20 y a mi mamá le dijo que 21, en realidad nunca supe qué edad tenía, ni cómo se llamaba. 

Siempre me pareció prepotente y volado, desde que me conoció comenzó a decirme piropos, lo seguí tratando y ya no me caía tan mal. Recuerdo que para ese tiempo estaba deprimida y comencé a sentirme apoyada por él. Iba por mí a la escuela, todo iba de maravilla, yo sentía que me quería.

La enredó 

Un día, como al mes de conocerlo, yo estaba muy deprimida y nos contamos las cosas de nuestras vidas. Me dijo que fuéramos a su departamento por una cámara filmadora, ahí seguimos platicando y nos dimos cuenta de que nos necesitábamos. 

Yo tenía 15 años de edad y nunca antes había tenido relaciones sexuales, él me propuso estar con él y yo accedí voluntariamente. Me insistía mucho que quería tener un hijo y me decía que se iba a casar conmigo. La primera vez que salimos juntos me dio a probar cocaína pero después ya no, comenzamos a tener problemas porque no me dejaban salir de mi casa. Como a los 20 días él quería llevarme a un doctor para saber si estaba embarazada, me dijo que comprara una prueba de embarazo y la practiqué en mi casa y salió positiva, al día siguiente le hable para decirle y se puso muy contento, me dijo que iba a empezar a buscar trabajo para formar nuestra familia.

Se quería casar 

Mi mamá trato de evitar que me casara con él, me decía que estaba muy chica y que ellos, mis papas, se harían cargo de todo, yo no quería fallarle a él. No sabía cómo decirle que mis papás no permitirían que me casara con él. Cuando le dije que mejor me robara y me llevara a vivir a su casa, se puso muy nervioso. 

No sabía qué decir; me dijo que lo intentáramos que habláramos con sus papás, que si ellos querían él se iba a vivir a mi casa. Mi papá no estuvo nada de acuerdo, pero al final accedió. 
Vivimos 6 meses juntos, cuando tenía 8 meses de embarazo se descubrió su mentira.

Su juego

Me hacía muchos regalos de anillos y cadenas, yo no me explicaba de dónde sacaba el dinero. Mi papá ya estaba sospechando que le agarraba dinero. Lo que derramó la gota fue que en una ocasión hasta me golpeó de cachetadas cuando ya estaba embarazada.

Luego, luego me pidió perdón; cuando mi papá lo enfrentó por eso reclamándole que yo estaba embarazada él negaba y luego aceptaba. No sabía ni qué decir, ni qué hacer. Mi papá le llamó a una hermana de él para decirle lo que había pasado. Su hermana nos dijo que era un irresponsable y además nos dijo que él estaba casado. Ese día mi papá le dio unos golpes en un brazo, nada fuertes y a mí me dijo que tenía que demandarlo porque lo que él me había hecho era algo que no se podía permitir. Me engañó, porque él estaba casado y tenía un hijo, y lo peor es que no se hacía cargo de él ni de la mamá de ese niño y ahí es cuando yo me di cuenta de todo.

La denuncia 

No solo salió que estaba casado, también salió que tenía otra denuncia porque también había golpeado a su esposa. Y ahí también nos dijeron que él la había forzado a tener relaciones sexuales para tener un hijo. Como me dijo a mí. Mis papás sabían que ese tipo no era bueno. Yo no les hice caso. Como yo era menor de edad mis papás también querían decir que había abusado de mí, pero yo sí estuve de acuerdo y como ya tenía 15 años no pasó nada. 

Él se portó muy cobarde, negaba todo, y hasta se puso a llorar. Quería que le creyéramos que él si era bueno. Sentí muy feo y yo quería abrazarlo, pero mi papá no me dejó. Cuando leí sus declaraciones me dio mucho coraje.

La versión del tipo 

Relató haber contraído matrimonio a la edad de 18 años, con una mujer de la cual a su decir no recordaba el segundo apellido, con ella procreó una hija, que a la fecha contará con 6 años de edad aproximada:

“yo me case con ella porque estaba embarazada, pero yo sabía que ella estaba con otros chavos, yo dudaba que fuera mi hija, pero aun así me case con ella…”

Mencionó que ese matrimonio duró entre 5 o 6 meses y que terminó debido a que tenían muchos problemas. Nunca se hizo cargo de la manutención de su hija ni la buscaba. 

De mi relación con él dijo se fue a vivir conmigo porque estaba embarazada, pero que no sabía si era de él o de quién el bebé y que se ofreció a ayudarme, así como haciéndome el favor de estar conmigo. Dijo que yo tenía un novio y otro novio, y que todo el mundo sabía que yo era una piruja. 

Dijo que había tenido una pelea con mi papá y que me papá lo había golpeado muy feo. Dijo que él daba dinero a la casa y que pagaba mis consultas del doctor, cuando ni siquiera trabajaba. Se salía a buscar trabajo, y no regresaba hasta la noche y llegaba con regalos. 

A veces se veían las cosas de mujer usadas y hasta oliendo a perfume. Siempre tuve la sospecha de que las robaba a otras muchachas. Nunca las use. 

Embarazo adolescente 

Ser madre y padre adolescente suele desencadenar, sin distinciones socio–económicas, condiciones de vulnerabilidad para este sector, que suelen asociarse a: falta de preparación educativa en el tema de salud sexual y reproductiva, a la probable deserción escolar, características del desarrollo cognitivo, físico y psico–socioemocional en esa etapala adopción de papeles de género tradicionales, así como a la reducción de vivencias que se generan en la población en este periodo del desarrollo humano considerando su ámbito socio–cultural. 

Las madres adolescentes son frecuentemente estigmatizadas y sufren discriminación de género, desaprobación y rechazo familiar, social (en las escuelas, en sectores de salud, en las comunidades, en ámbitos religiosos, por ejemplo).

Un embarazo durante la adolescencia puede considerarse como dramático, tanto en lo personal como a nivel social, independientemente del estrato social del que procedan, porque:

 • Con frecuencia es no planeado y/o no deseado. 

• Si lo es, no se tienen muchas alternativas para cubrir de la mejor manera todas las necesidades que requerirá la madre durante el mismo, y del hijo/hija al nacer.  

• Llama la atención social, al observar que las y los adolescentes lo ven como una forma de destino de mujeres (y hombres) ante la falta de alternativas. 

• Desencadena eventos como uniones o matrimonios prematuros, en los que la pareja puede o no estar de acuerdo. 

• Puede reproducir el círculo de pobreza de madres y padres adolescentes, o iniciarlo cuando la economía doméstica no lo podrá proteger por falta de: empleo, redes sociales de apoyo, entre otros. 

• Se genera una mayor exposición a situaciones de inseguridad, desprotección y maltrato (las madres jóvenes embarazadas a veces no son aceptadas en la escuela –maltrato–; no son aceptadas en su casa, lo que las lleva a veces a buscar trabajos no adecuados –maltrato, inseguridad, desprotección–; son abandonadas por su pareja –maltrato, desprotección; por ejemplo).  

• Si se casan, tienen un mayor índice de riesgo de divorcio, con las consecuencias del asunto, ya que muchos padres se niegan a dar pensión alimentaria. Para contextualizar, se ha observado que el divorcio y/o la separación son cuatro veces más altos entre parejas casadas durante la adolescencia que entre los matrimonios consumados a edades más tardías. 

• Los embarazos de mujeres adolescentes se vinculan a la muerte materno-infantil, y al aborto.  • La inversión en el trayecto educativo de las niñas y niños adolescentes, tiene repercusiones como abandono escolar o baja calidad en sus estudios.