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Ser educador

Huberto Meléndez Martínez
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14 de Mayo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Al maestro Pedro González Escamilla y Juventino Gallegos García por dedicar una vida docente, en la construcción de equipos de trabajo.

En la historia de la educación de nuestro país, hay grandes obras, personalidades, proyectos, propuestas, iniciativas y hallazgos, dignos de ser conservados como testimonio de éxito para la posteridad en el desempeño de actores con vocación educativa.

A mediados del siglo pasado, asistir a la escuela era un gran privilegio, por tener la oportunidad de acercarse a la institución depositaria del saber. La adquisición de herramientas elementales como aprender a leer y a escribir, abría la posibilidad de poder formar parte de la civilización, que por ese sólo hecho, le colocaba en posición de mayor ventaja respecto a sus contemporáneos.

Personas quizá con evidentes carencias en su formación profesional, pero con actitud loable de aprender, dedicación, respeto, de búsqueda de herramientas para realizar un trabajo decoroso. El apoyo esporádico de las autoridades en la actualización y la oportunidad para asistir a cursos de capacitación en temporada vacacional, era recibido con avidez y beneplácito. Los desafíos eran la motivación principal para buscar la pericia.

En las décadas de los setentas y ochentas se expandió la formación tecnológica en las escuelas secundarias y el experimento volvió a repetirse. Eran insuficientes los graduados en los perfiles, tecnología y pedagogía, por lo que se tuvo que contratar personal técnico que incursionó posteriormente en la Nivelación Pedagógica, hubo una etapa de crisis, de confrontación y ajuste entre ellos y docentes con formación didáctica, pero pasada una forzosa etapa de armonización, se lograron algunos resultados excelentes, en la combinación de esfuerzos.

Siempre faltan maestras y maestros con entrega, ahínco, pasión y con herramientas actuales que permitan experiencias de aprendizaje a sus estudiantes, pues ya no es posible disponer de la erudición enciclopedista, sino saber acceder con eficiencia a las fuentes e instancias de resguardo del saber sabio.

La cantidad de conocimiento se ha multiplicado, pues mientras en el año 1900 había, según los especialistas, unas 20 unidades de conocimiento, en 1987 esa cantidad llegó a 600 y en la actualidad se estima que rondan las mil unidades.

Gracias al desarrollo tecnológico, productora de rapidez en los rubros de la comunicación y el resguardo de la información en medios electrónicos, la cantidad de conocimiento generado por el ser humano, crece (según los matemáticos), de manera exponencial. Por ello es imposible que una sola persona sepa todo.

Un buen docente deja huella positiva en la formación de sus estudiantes. Deja un recuerdo de honorabilidad, cultura, honradez, aprendizaje, vocación de servicio, entre otros.

Quizá debiera desearse trascender las barreras del profesorado para aspirar a ser educador, pues aquél circunscribe su actuar al ámbito escolar en la educación formal, pero ser educador va mucho más allá que llegar a ser profesor, pues su quehacer trasciende al ámbito social, a los tiempos y a las generaciones.

Por extensión, todo mayor de edad debe tener la gran responsabilidad de educar a las generaciones siguientes, pues los menores aprenden del ejemplo de los adultos.

*Director de Educación Básica Federalizada
huberto311@hotmail.com