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Historias de Lobos

Mi delito... ir a comprar cervezas

Ivonne Nava García
~
19 de Mayo del 2019 04:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / "El coraje me cegó y le eché la camioneta encima".

De un momento a otro las vidas de las personas cambian drásticamente. Una simple provocación puede terminar en tragedia. El consumo de alcohol, el machismo, el orgullo mal entendido, las costumbres, etc, confluyen y en un instante un estado de emoción violento suscita reacciones inimaginables.

En esta historia, un hombre en estado etílico, insulta a la esposa de otro hombre. Aquel siente que ha sido ofendido gravemente y su reacción tiene consecuencias fatales.

Su vida 

Me detuvieron en Sonora, hasta allá fueron por mí, estaba en mi casa, dormido. Solamente llegaron los ministeriales y dijeron que traían una orden de aprehensión en contra mía, por el delito de homicidio. Desde que ocurrió eso no viví tranquilo, hubiera querido que nunca pasara eso. Me fui huyendo, dejé mis tierras, mi casa, a mi familia. Tuve que trabajar para otros, haciendo cosas que ni sabía. Del campo me fui a trabajar en la obra. Mucho tiempo no vi a mi familia, ni a mis hijos. Ni esperanza de regresar. Me regresaron detenido, sufrí mucho. 

Ese día 

Salí de mi casa y me encontré a un amigo, me pidió rait y yo le dije: "píchame unas cervezas". Él me dijo que sí y nos dirigimos a una tienda. Ahí estábamos y me acuerdo que me tomé dos o tres cervezas. Ahí en la tienda estaba el otro fulano, sí lo conocía porque estaba casado con una prima. 

También era del rancho. Lo conocíamos de agresivo, él era así, ya le habían metido balazos y siempre se sabía que tenía problemas. También yo sabía que siempre cargaba navaja o cuchillo y la verdad sí le tenía miedo. En eso estábamos cuando salió de la tienda, mi amigo estaba dentro de la tienda, entonces comenzó a jalonear la puerta de la camioneta. Me molesté y le dije: ¿qué traes, o qué?, él se veía tomado. Me contestó, algo, no me acuerdo bien. Como unas groserías, me dijo no me la pelan, se creen muy fregones. Yo no le hice caso, pero siguió fregando. Empezó a decir cosas de mi mujer.

En contra de mi esposa

Dijo, es más, te voy a quitar a tu vieja. Me decía muy feo cosas muy corrientes que no puedo decir por respeto. Me decía te la voy a quitar y la voy a hacer mía, necesita a un hombre de verdad. No voy a descansar hasta hacerla mía y otras cosas. Se hizo muy grande la alegata. Nos hicimos de palabras, yo me quería bajar para calmarlo a golpes, pero mejor pensaba en irme de ahí. En eso se subió mi compañero y me dijo, vámonos. Le di a la troca hacia un terreno baldío que está cerca de la tiendita.

Cegado de coraje

Me sentía como que ni miraba del coraje que me provocó. Me eché muchas vueltas en la troca. Le decíamos que unas vueltas policiacas, fueron muchas. Me cegaba el coraje que me provocó. Mi amigo me dijo párese y bájame. Cuando acabé de esas vueltas volteé hacia donde había dejado al fulano o sea para la tienda y miré que ya estaba en el terreno baldío venía caminando con unas cervezas en la mano. Fue cuando le eché la troca encima. Yo no lo pensé simplemente lo hice, estaba como cegado de todo. Lo pasé una vez y luego otra vez para atrás. De ahí me fui, solo me fui. Mi amigo me decía, qué hizo, qué hizo, es de todo lo que me acuerdo.

Un testigo  

Mi amigo me dio un rait, me subí a la camioneta para lo cual solo íbamos él y yo. Llegamos a una tienda porque me invitó un agua. Ahí adentro estaba un fulano que se sabía en el rancho era muy peleonero. 

Me di cuenta de que discutieron como 20 minutos. Le dije a mi amigo vámonos y fue cuando le prendió a la camioneta y se fue a un baldío. Ahí empezó a dar vueltas, por lo que ahí dio muchas vueltas, sin saber cuántas vueltas dio, ya que se agarró como loco. Le dije, bájame y no me hizo caso. Por lo que en ese momento el fulano del pleito ya había llegado al terreno y venía para la camioneta. Llevaba dos cervezas en la mano y se le veía el cuchillo fajado en la cintura. 

Mi amigo le dio para atrás a la camioneta y luego aceleró. Yo le decía que vas a hacer y trataba de apagarle la camioneta, lo que me fue imposible. Le quería apagar la camioneta, pero fue en ese momento cuando se la echó encima. Lo cruzó y le dio vuelta y lo volvió a cruzar y le volvió a dar vuelta y lo volvió a cruzar. Yo le decía que qué estaba haciendo que ya lo dejara, que ya lo había matado. No me decía nada, estaba como ido; no me decía nada.

Solo irse

Me fui de ahí, se bajó mi amigo, y me fui a otro lado. Abandoné la troca y empecé a caminar y caminar perdido, como ido. Iba entre las milpas, estaba muy asustado, no sabía lo que había hecho.

Caminé toda la noche, yo creo, llegué con un hermano y de ahí me fui a Jalisco y luego a Hermosillo. No sabía qué había hecho. Todo este tiempo me he sentido muy mal. Todo el tiempo pensando en que había echado a perder mi vida.

Deseaba que no se hubiera muerto, tenía la esperanza de que no se hubiera muerto para que pudiera tener un remedio.

No quería hacerlo

Me daba mucha tristeza yo no deseaba eso, yo sentía que no era culpa mía y que no estaba planeado, en ese momento sucedió todo. Él es más culpable que yo, él me provocó. Nunca me he recuperado. Sentí que ya no fui feliz, hasta con mi esposa ya no era feliz. Por lo que él me dijo de ella, sentía como que la rechazaba: sentía como de repente odiarla. 

Me la imaginaba con ese fulano, me imaginaba que le hacía todo lo que me dijo. Pero sentía que la quería y no le decía nada. Sabía que ella es buena. Me martirizaba porque todo lo perdí. Nunca pensé en hacerle un mal. Diario soñaba con mis hijos, cuando me los llevé sentí paz. 

Yo quería volver, había dejado mi tierra y mi tractorcito. Teniendo mi tierra tuve que empezar de cero, trabajando en cosas que no me gustaban, ganando poco, trabajando para otros.